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¿Saben de economía las autoridades monetarias del país?

Por: Arturo Huerta González

2013-04-16 03:29:25

El 10 de abril el gobernador del Banco de México, el señor Agustín Carstens compareció ante la Comisión de Hacienda del Senado de la República, donde presentó un análisis de la economía mexicana. En la sesión de preguntas, fue cuestionado sobre la apreciación del peso. El dijo que dicha fortaleza no es artificial, sino que es resultado de los fundamentos macroeconómicos del país, por lo que lo hace destino atractivo para los inversionistas extranjeros. Señaló que el país crece más que los Estados Unidos, y que tenemos fortaleza fiscal, y salud en el sistema financiero, por lo que es de esperar que se aprecie la moneda nacional. Al respecto cabe decir la apreciación de nuestra moneda es artificial, pues la economía muestra presiones permanentes sobre la balanza de comercio exterior. No tenemos condiciones endógenas (productivas y financieras) capaces de sustentar la “fortaleza” de peso. Si ello se ha dado, ha sido debido a la gran entrada de capitales de cartera, es decir, especulativos, derivados del diferencial de la tasa de interés interna, en relación a la predominante en los países desarrollados. En México la tasa de Cetes estuvo por varios años en 4.5 por ciento y ahora está en 4 por ciento, mientras en Estados Unidos está 0.17 por ciento, en Japón a cero por ciento; en Europa la tasa de interés de referencia está en 0.75 por ciento, por lo que el capital de dichos países sale de ello en búsqueda de mejores opciones de inversión, por lo que nuestro país pasa a ser uno de ellos. A ello se suma el hecho que el gobierno del país ha anunciado que abrirá la industria petrolera al capital externo, lo que avizora mayor entrada de capitales, lo que seguirá mandando señales de “fortaleza” del peso, es decir, que se alejan las expectativas devaluatorias, lo que da confianza a que el capital financiero siga viniendo al país.

Carstens comentó que la paridad cambiaria sigue por arriba de los niveles de 10 pesos por dólar que estaba antes de la crisis de 2009, tratando de decir, que más que apreciado el peso, está devaluado, pero no considera que el nivel del peso en relación al dólar en 2009 ya mostraba una apreciación en relación a 1996 (año en que creció la economía y tuvo un superávit de comercio exterior) de más de 20 por ciento, por lo que no puede tomar como referencia de la actual paridad peso–dólar, el año de 2009.

El gobernador del Banco de México señaló que la apreciación del tipo de cambio no representa ningún riesgo para la economía, sino que es un reflejo de su fortaleza. Cabe recordarle al señor Carstens, que cada crisis económica que el país ha tenido (1982, 1994–1995, y 2009) han sido precedidas de fuerte apreciación de la moneda nacional, que se traduce en pérdida de competitividad de la producción nacional, en déficit de comercio exterior, y en dependencia creciente de entrada de capitales para hacer frente a dicho déficit y para mantener la estabilidad cambiaria. Al dejar de fluir los capitales, se manifiesta la insustentabilidad interna de hacer frente al déficit externo, como para mantener la estabilidad cambiaria, por lo que desemboca ello en devaluación y en crisis. Lo mismo acontecerá nuevamente, pues dicha “fortaleza” se sustenta en entrada de capitales, por lo que cuando dejen de fluir, y salgan del país, se manifestará nuevamente una fuerte devaluación y una crisis, pues la economía nacional cuenta hoy con menos industria, menos sector agrícola, y no tiene manejo soberano de la política económica para hacer frente a los shock externos.

Carstens se mostró en contra de realizar un ajuste del tipo de cambio pues, según él, sería inflacionario. Resulta que muchos países están actuando para devaluar sus monedas (Japón y China entre otros, y Estados Unidos lo ha hecho en varios momentos) para mejorar competitividad y así favorecer su producción y el empleo, y en cambio las autoridades de nuestro país, prefieren una moneda apreciada que actúa a favor de lo financiero y en detrimento de la competitividad y del sector productivo y del empleo.

Confían en la apertura de la industria petrolera para seguir atrayendo capitales, para financiar nuestra inserción en el proceso de globalización y mantener la estabilidad cambiaria. El problema es que cada vez tenemos menos activos susceptibles de vender, para promover entrada de capitales, y la apertura de Pemex no será suficiente para contrarrestar los desequilibrios productivos y macroeconómicos que enfrenta la economía nacional, por lo que una crisis de proporciones, similar a la que enfrentan la mayoría de los países de la zona euro, nos espera. La economía no tiene condiciones endógenas capaces de estabilizar el tipo de cambio, y reducir la inflación, ni para propiciar crecimiento y empleo. Apostar a la entrada de capitales, es colocar a la economía en un contexto de alta vulnerabilidad externa.

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