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¿Está listo México para ser una economía emergente, exitosa?

Por: Arturo Huerta González

2013-05-07 04:00:00

El 5 de mayo, el presidente del país afirmó en Puebla, que “se construye un México del siglo XXI que poco a poco se libera de obstáculos que hasta el día de hoy no le dejaban crecer”. Se refiere a las reformas estructurales que han sido aprobadas, tales como la reforma laboral, la reforma a la educación básica, como la reforma de telecomunicaciones, así como las reformas por venir, la del sector energético, y la reforma hacendaria. La reforma laboral está encaminada a reducir prestaciones laborales y el costo laboral para supuestamente mejorar competitividad, y así incrementar exportaciones, como hacer frente a importaciones para impulsar la producción y el empleo. La reforma educativa, para mejorar la calidad de la educación, para así contribuir a la competitividad. La reforma a telecomunicaciones para promover la competencia en el sector y actuar contra los monopolios existentes, y así bajar precios para contribuir al mismo propósito. Por su parte, la reforma energética, es para promover entrada de inversión extranjera en dicho sector, para que traiga tecnología para incrementar la producción, reducir costos, y aumentar exportaciones y los ingresos provenientes de dicho sector. La reforma hacendaria estará encaminada a diversificar los ingresos tributarios, haciéndolos recaer sobre todo en el impuesto al consumo (impuesto al valor agregado), y reducir los impuestos a las empresas para que impulsen su inversión, y así la dinámica económica y el empleo. Sin embargo, reformas estructurales van y vienen, y la economía tiene menos industria, menos agricultura, menos economía formal, más desempleo y subempleo, más miseria. Está mas extranjerizada, y con grandes desigualdades de riqueza e ingreso.

Lo que frena el crecimiento del país, no es que la economía no tenga mano de obra calificada. La tiene pero tiene que emigrar pues no encuentra trabajo aquí. La economía no crece porque tenga altos salarios y prestaciones laborales, y de ahí que tengan que reducirse para crecer. Los salarios del país han venido disminuyendo desde hace años, y ello no nos ha llevado a mayor competitividad, ni a mayor crecimiento, ni a mayor empleo. No se puede seguir apostando en crecer hacia fuera en un contexto de recesión económica que se generaliza. Seguir con dicha política será a costa de continuar contrayendo el mercado interno y el nivel de vida de la población, y por lo tanto el crecimiento económico, y el empleo. La reforma al sector de telecomunicaciones, solo llevará a que otras empresas oligopólicas nacionales y extranjeras entren al mercado a apropiarse de las altas ganancias que este ofrece, sin que se traduzca en menores precios, ni bienestar para la población, sino por el contrario, habrá reajuste de personal, lo que incrementará el desempleo. La reforma energética llevará a que la renta petrolera se la apropien las empresas transnacionales que operan ahí, tal como ha venido aconteciendo, y que aumente la sobreexplotación de los mantos petroleros, acabándose en poco tiempo la riqueza del país. La reforma hacendaria no mejorará los ingresos del gobierno, ni flexibilizará el gasto público en beneficio del crecimiento, y del bienestar social. El gobierno sigue insistiendo en el déficit fiscal cero, por lo que continuará con la restricción del gasto, y la privatización de sus empresas, y de los servicios públicos.

Peña Nieto dijo que el mundo reconoce que está surgiendo un “México nuevo que deja atrás obstáculos” con capacidad de triunfar en el orden internacional. Cabe recordar que lo mismo se dijo con Salinas de Gortari, cuando vendió la banca, Telmex, cuando le dio autonomía al banco central, y firmó el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, y sin embargo la economía terminó con la crisis de diciembre de 1994–1995. Efectivamente, el gobierno de EU está feliz, con las reformas estructurales de Peña Nieto, pues éstas le permiten incrementar su presencia y control sobre nuestros recursos naturales, estratégicos y sobre nuestra  economía.

Si en realidad se quiere liberar de las ataduras que le impiden crecer a México a su verdadero potencial, tendrían que replantear la autonomía del banco central que le quitó el control de la moneda al gobierno, lo que ha reducido su tamaño y participación en la economía, llevando a ésta a reducir su crecimiento y la satisfacción de las demandas nacionales. Habría que replantear la política de estabilidad cambiaria predominante que atenta sobre la competitividad de la producción nacional, así como los tratados de libre comercio que nos han llevado a tener menos esfera productiva y menos empleo, así como la disciplina fiscal, para poder flexibilizar el gasto público a favor del crecimiento del mercado interno, como para atender los rezagos productivos y generar empleos, y satisfacer las demandas de la población. No es profundizando las políticas de más mercado y menos Estado, lo que nos llevará a ser una economía exitosa. En eso hemos estado, y los resultados han sido más subdesarrollado, más miseria y más extranjerización. 

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