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Martes, 7 de junio de 2011
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 CUITLATLÁN 

Presos con privilegios le festejaron cumpleaños al director del Cereso de San Miguel

 
FERMÍN ALEJANDRO GARCÍA

Dicen que el jueves de la semana pasada le celebraron su cumpleaños al político tamaulipeco Juan Roberto Montes Romero, y que para ello le ofrecieron una cálida fiesta, que incluyó la compra de varios kilos de carnitas, chicharrón, así como refrescos, salsas y tortillas. ¿Qué tiene de relevante esto? Que el festejo fue  en el patio principal del penal de San Miguel y que el agasajado fue el director del Centro de Readaptación Social (Cereso), quien lleva dos meses en el cargo.

Y lo más importante, que los organizadores y convocantes de la selectiva fiesta fueron los llamados “concesionarios”, que no son otra cosa que los internos más poderosos del Cereso de San Miguel por ser quienes controlan la venta ilegal de mercancías o servicios dentro de prisión; o son los que pagan para que su estancia la puedan desarrollar en áreas de privilegio, en donde no se revuelven con presos que son pobres, adictos, seropositivos o los más violentos.

Se dice que uno de los anfitriones del director del Cereso fue el polémico Edmundo Tiro Moranchel, el mismo que defraudó a docenas de familias pobres o de clase media baja con el engaño de que la empresa Sitma les multiplicaría el dinero que le depositaran, pero al final fue al revés; la compañía nunca les regresó los ahorros.

Quienes conocieron del festejo comentan: Tiro Moranchel podrá ser tildado como un delincuente, pero es una persona agradecida; por eso le hizo su fiesta a Juan Roberto Montes Romero, quien se ha portado bien con el empresario al permitirle que tenga su celda en el área de ingreso, que es donde privan los “lujos” y no hay riesgos de conflictos con otros internos.

Al convivio no faltaron los presos que venden las tarjetas para hablar por teléfono, los que rentan meses y sillas, los que controlan la zona de visita íntima y las celdas de privilegio; los que ofrecen servicios de lavandería; los que rentan aparatos electrodomésticos y herramientas; los que comercializan refrescos, comida, medicamentos y otros artículos. Dicen que también fueron los que, aunque parezca increíble, venden pulque en el patio del penal. Y obviamente los que también ofrecen otras mercancías prohibidas.

Es decir, estuvo presente la “clase empresarial del penal”.

¿Es grave que un grupo de internos le festejen su cumpleaños al director del penal? Por supuesto que no, de hecho siempre se busca que el directivo del Cereso conviva con la población penitenciaria. Lo cuestionable es que se reúne con los presos que cometen abusos y cometen actos ilegales, ya que la norma de los Centros de Readaptación Social es clara: todos los servicios que se ofrezcan dentro de las prisiones deben ser gratuitos.

Se supone que Juan Roberto Montes Romero tendría que estar combatiendo las prácticas ilegales de quienes lo invitaron a la fiesta, ya que convivir con ellos y no hacer nada en su contra constituye un acto de complicidad.

Y para nadie es un secreto que la actividad “económica” que desarrollan los llamados “concesionarios” son simples esfuerzos para hacerse de unos cuantos pesos, sino son parte de una cadena de corrupción que deja millonarias ganancias.

Por ejemplo, dicen que el preso que controla el área de Visita Íntima habría pagado unos 500 mil pesos para que lo dejen comercializar los servicios de esa zona.

 

Frivolidad y abusos en la Casa de la Niñez Poblana  

Otro lugar –aparte del penal– en donde las autoridades estatales deberían revisar lo que está pasando, es la Casa de la Niñez Poblana, la cual depende del DIF estatal y es un sitio destinado para niños abandonados o que sufrieron abusos, y cuyos  integrantes están sufriendo la frivolidad, falta de apego a las normas y constante ausentismo de la directora de dicho lugar.

Resulta que la directora de la Casa de la Niñez Poblana es Xóchitl Margarita Lobato Valle, cuya preparación académica y profesional no la hace apta para el cargo, ya que esta mujer es licenciada en Diseño Gráfico. Pero al parecer llegó a ese cargo por dos razones:

Una porque supuestamente a esta mujer le gustó el cargo, en el que consideró que no se tiene mucha responsabilidad. Y dos, que es la más importante, alguien de su familia colaboró en la pasada campaña electoral a favor de la coalición Compromiso por Puebla.

En esa casa actualmente se tiene a unos 140 infantes y muchos de los trabajadores están inconformes con Margarita Lobato debido a que la mayoría de los días hábiles se presenta a checar su ingreso y después se ausenta. Para ello, deja su vehículo privado enfrente del inmueble –que se ubica a un costado de la Granja Adolfo López Mateos, que es donde están los menores infractores– y con la camioneta de la institución se va. No son antes dejar la instrucción de que si la buscan, respondan que se encuentra: “En el área de cuneros”, que es una zona donde no puede atender llamadas telefónicas.

Otro hecho reprobable es que en algunas ocasiones se ha organizado festejos en el patio de la Casa de la Niñez Poblana, en las que ha habido carne asada y bebidas alcohólicas, cuando se supone que no puede haber ese tipo de actividades en un recinto oficial y mucho menos en donde se están tratando a menores de edad que están enfrentando problemas de violencia o de abandono.

No hace mucho, cuentan algunos trabajadores, un menor de entre seis y ocho años de edad se fugó de esa casa–hogar. El procedimiento ante una circunstancia de esa naturaleza es muy sencilla: antes que cualquier otra cosa, se debe dar parte a la Procuraduría General de Justicia (PGJ) para que intervenga de inmediato no solamente para localizar al niño, sino para determinar si la evasión fue resultado de una simple huida o fue consecuencia de un abuso de un mayor de edad.

Dicen que la directora le prohibió al personal avisar a la PGJ y a como el niño apareció escondido en un matorral, decidió que el problema se resolvía guardando silencio.

Y es que al parecer esta mujer no comprende la responsabilidad que tiene en sus hombres de cuidar y dar buen trato a docenas de niños en circunstancias difíciles.

Tal vez por eso no hace mucho a un trabajador, de apenas 25 años de edad, lo nombró jefe de tutores, que es una de las mayores responsabilidades y que se esperaría que recaiga en alguien que tenga la suficiente experiencia y madurez para ese cargo, y no solamente por ser del agrado de la directora.

 
 
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