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Miércoles, 4 de mayo de 2011
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 MEDICINA E INVESTIGACIÓN  

Los antibióticos en la dieta de los animales que consumimos

 
RAFAEL H. PAGÁN SANTINI

 

Desde la década de los 50 la adición de antibióticos en pequeñas dosis al pienso de los animales de abasto ha venido siendo una práctica habitual para mejorar las producciones. Numerosas publicaciones científicas, de las cuales se han hecho eco los medios de comunicación, han destacado la posible relación entre el uso de antibióticos en animales y el incremento de resistencias a dichos compuestos en bacterias de importancia en patología humana y animal12.

La resistencia bacteriana es un fenómeno creciente, es un proceso por el cual un microorganismo deja de ser afectado por un antimicrobiano al que antes era sensible. El efecto al antibiótico es generado principalmente por el uso indiscriminado e irracional de estos y no sólo por la presión evolutiva que se ejerce en el uso terapéutico. El fenómeno biológico de la resistencia depende de la aparición y conservación de los genes de resistencia, como elementos génicos cromosómicos y extra–cromosómicos. En pocas palabras es la modificación en el genoma bacteriano lo que determina la aparición de dichos genes.

El uso indiscriminado de antibióticos en la industria ganadera, porcina y avícola está dejando trazos indiscutibles de consecuencias inimaginables. A finales del siglo pasado, se observó en diversos países europeos la diseminación de cepas de Enterococcus con resistencia de alto nivel a la vancomicina en muestras de alimentos, aguas residuales y heces de humanos y de animales sanos3–4. La Unión Europea, ante este hecho, tomó medidas contra esta situación. La comercialización y uso de los antibióticos en la alimentación animal quedó prohibida a partir enero del 2006. En la actualidad se estima que más de 70 por ciento en volumen de los antibióticos producidos en EU se usa en alimentación animal (pollos, cerdos y vacas) en ausencia de enfermedad. El uso de algunos antibióticos en la alimentación animal se ha asociado con la emergencia de cepas de bacterias resistentes a los antibióticos, incluyendo Salmonella, Campylobacter, Escherichia coli y Enterococcus, entre otros. Existen pruebas sólidas en EU y en la Unión Europea de que esas bacterias causan infecciones resistentes a los antibióticos en los seres humanos. La Asociación Estadounidense de Microbiología (ASM), la Asociación Estadounidense de Salud Pública (APHA) y la Asociación Médica Estadounidense (AMA) han solicitado restricciones en el uso de los antibióticos en la alimentación animal, incluyendo la supresión de todos los usos no terapéuticos.

Las industrias de alimentación animal y farmacéuticas han presionado duramente para evitar estas regulaciones. Por ejemplo, en 2000 la Administración de Alimentos y Medicamentos de EU (FDA) anunció su intención de revocar la autorización del uso de la fluoroquinolona en la producción avícola puesto que se había comprobado que causó la aparición de infecciones de Campylobacter resistentes a la fluoroquinolona en seres humanos. La decisión final de la prohibición del uso de las fluoroquinolonas en la producción avícola no se produjo hasta cinco años más tarde por los trucos legales de las industrias de alimentación animal y farmacéuticas5.

El mecanismo por el cual los antibióticos favorecen el crecimiento animal no se conoce con exactitud. Básicamente actúan modificando cuantitativa y cualitativamente la flora microbiana intestinal, provocando una disminución de los microorganismos causantes de enfermedades subclínicas. Además, actúan reduciendo la flora normal que compite con el huésped por los nutrientes. Todo ello conduce a una mejora en el crecimiento y en la productividad del animal, además de reducir la mortalidad entre ellos.

De acuerdo con los organismos mundiales de referencia, los residuos de fármacos en alimentos de origen animal son considerados como un factor de riesgo en la salud pública y como limitante en el desarrollo económico de cualquier país. En la Norma Oficial Mexicana NOM–061–ZOO–1999, Especificaciones zoosanitarias de los productos alimenticios para consumo animal, en el capítulo 4.11., dice lo siguiente: “queda prohibido el uso de los siguientes ingredientes activos y/o aditivos alimenticios en la formulación de productos alimenticios destinados para consumo por animales: (4.11.1.) Cloranfenicol en su modalidad de preventivo o terapéutico. (4.11.2.) Cristal violeta como fungicida en materias primas y producto terminado. (4.11.3.) Cumarina en saborizantes artificiales. (4.11.4.) Pigmentantes sintéticos del grupo de los sudanes. (4.11.5.) Clenbuterol, así como de todos aquellos ingredientes y/o aditivos alimenticios que comprobadamente puedan ser nocivos para la salud pública o representen riesgo zoosanitario, y que no cuenten con el soporte técnico correspondiente para su empleo en la nutrición de los animales.

Sin embargo, en el Manual de Buenas Prácticas de Producción en Granjas Porcícolas de la Sagarpa, en relación con el uso de antibióticos se señala en la página 21 que se debe… “Contar con un médico veterinario responsable del diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, quien debe contemplar las especificaciones encontradas en la NOM–064–ZOO–2000, referente a los lineamientos para la clasificación y prescripción de productos farmacéuticos veterinarios por el nivel de riesgo de sus ingredientes activos. Además de utilizarse en la prevención de enfermedades, los antibióticos se utilizan en la producción porcina como moduladores o promotores de crecimiento. La norma oficial hace recaer sobre el veterinario la responsabilidad del uso de antibióticos en la crianza de los animales y no sobre los productores. Además, la Norma Oficial Mexicana NOM–061–ZOO–1999 no es clara al señalar los moduladores o promotores del crecimiento. Estos se definen como aquellos productos de diversas características químicas, distinta acción biológica, con diversos grados de inocuidad y formas de uso.

El manual pareciera recomendar el uso de los moduladores de crecimiento al señalar que “estos compuestos no reemplazan los nutrimentos, únicamente dirigen más eficientemente los procesos metabólicos, facilitando el anabolismo y la mejor fijación de proteínas en el organismo. Si bien, el  manual reconoce que “el abuso de antibióticos como aditivo alimenticio puede provocar bacterias resistentes a estos medicamentos, poniendo en riesgo la salud animal, y la de los consumidores, no existe una prohibición sobre el uso de ellos como moduladores de crecimiento. Muchos de los antibióticos usados como la penicilina, tetraciclina y eritromicina son los mismos o parecidos a los prescritos para el tratamiento de un gran número de infecciones en los humanos. Las bacterias pueden desarrollar resistencia a uno o más antibióticos, lo que crea un serio problema de efectividad en el tratamiento médico de las personas infectadas. En el derecho positivo lo que no se prohíbe es permisivo.

 

1Piddock LJV. Does the use of antimicrobial agents in veterinary medicine and animal husbandry select antibiotic resistant bacteria that infect man and compromise antimicrobial chemotherapy? J Antimicrob Chemother 1996;38:13.

2Witte W. Medical consequences of antibiotics use in agriculture.Science 1998;279:9967.

3Aarestrup FM. Occurrence of glycopeptide resistance among Enterococcus faecium isolates from conventional and ecological farms. Microbial Drug Resistance 1995;1:2557.

4Torres C, Reguera JA, SanMartín, MJ, PérezDíaz JC, Baquero F. VanAmediated vancomycinresistant Enterococcus spp. in sewage. J Antimicrob Chemother 1994;33:55361.

5Nelson JM, Chiller TM, Powers JH, Angulo FJ (2007). « Fluoroquinoloneresistant Campylobacter species and the withdrawal of fluoroquinolones from use in poultry: A public health success story (http:/ / www. journals. uchicago. edu/ CID/ journal/ issues/ v44n7/41120/ 41120. html)». Clin Infect Dis 44: pp. 977–80.

 

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