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Miércoles, 4 de mayo de 2011
La Jornada de Oriente - Puebla - Secciones
 
 
MEDIEROS
 

Muerto Osama, ¿se acabó la rabia?

LEANDRO RODRIGUEZ MEDINA

 

El asesinato de Osama Bin Laden, líder del grupo Al–Qaeda, por parte de un comando estadounidense en las afueras de la capital de Pakistán, Islamabad, es la noticia de estas horas. Prácticamente no hay medio de comunicación que no lo haya hecho su principal titular y no haya intentado un análisis de las operaciones militares y las posibles consecuencias de este acto.

Si uno miró los canales de noticias internacionales el domingo, minutos después de que el presidente Obama anunciara el éxito de la operación en la que murió Bin Laden, le costaría apreciar las diferencias entre esta circunstancia política y un partido de futbol. En ambos hay analistas que tienen que llenar horas y espacio en papel con muy poca información. En ambos hay un intento de que los múltiples intereses que siempre están presentes en todo hecho social queden encubiertos detrás de “la noticia’. Y en ambos hay gente que festeja, se abraza, canta, libera emociones y entiende muy poco –si algo– de lo que está pasando.

Quizás podríamos estar sorprendidos que un hombre prácticamente desamparado en cuestión de armas, vagando por desiertos y aldeas asiáticas y perseguido por el ejército más poderoso de la tierra haya estado casi 10 años prófugo de la justicia estadounidense. O tal vez nos podría llamar la atención que Obama anuncia esto cuando, días atrás, tomó la decisión y comunicó a los Estados Unidos su interés en ir por la reelección. O podríamos asombrarnos por la aclaración de que “ningún soldado estadounidense murió en el operativo”, cuando van varios miles de muertos en las operaciones que día a día se realizan en Afganistán y Pakistán. La verdad, lo que más me asombra es, para decirlo académicamente, la falta de visión estructural… de casi todos.

Obama cree que por matar a Bin Laden el mundo es más seguro. La gente que salió a festejar en las afueras de la Casa Blanca cree que la muerte de Bin Laden hace justicia a los varios de miles que fallecieron en los atentados de septiembre de 2001. Pero lo increíble es que muchísimos periodistas, especialmente en las cadenas televisivas nacionales e internacionales creen que el terrorismo era Osama Bin Laden y sin él ya podremos preocuparnos menos. Obama, muchos ciudadanos y varios periodistas tienen la visión hollywoodense del terrorismo que implementó el ex presidente Bush: hay buenos (nosotros), hay malos (ellos, encabezados por Bin Laden) y si les matamos al líder se acaba el terror. A esa visión sólo le resta lo que sucedió ayer: el (nuevo) bueno, Obama, dando la noticia de que el malo murió y los espectadores gritando de alegría porque la historia siempre termina igual (la historia, sin embargo, hubiera tenido más impacto si el presidente hubiera sido blanco, joven, carismático, heterosexual, moderadamente religioso y pudiera haber mostrado su revólver antes las cámaras. Sí, sin duda hubiera sido mejor si Peña Nieto hubiese dado la noticia desde Toluca).

¿Alguien escuchó hablar de Al Zawahiri, el médico que secundó a Osama y a quien Estados Unidos le mató a su esposa y cuatro hijos? Los que festejaban ayer, ¿saben dónde queda Abottabad, la ciudad donde asesinaron al líder de Al–Qaeda? Los periodistas que opinaban, ¿han estudiado geopolítica y están aptos para realizar las conexiones sociales, políticas, económicas y culturales que el análisis de estos fenómenos requiere? Simplificar es una herramienta humana para comprender. Sobre–simplificar es una herramienta mediática para desinformar y manipular. Los medios audiovisuales, en su mayoría y en estas primeras horas, han decidido contar una historia tan sencilla que, como tantas veces, se puede resumir en una línea: ¡ganaron los buenos!

Y ahora el mundo es tan seguro, para parafrasear al presidente Obama, que el Departamento de Estado emitió una advertencia global a todas sus dependencias diplomáticas y a los ciudadanos estadounidenses que deben viajar fuera del país. Es tan seguro, que casi todos los expertos reconocen que habrá represalias por parte de las organizaciones terroristas. Es tan seguro que varios analistas reconocen que de ningún modo este “golpe” a Al–Qaeda podrá desarticularla porque es una organización descentralizada cuyas células regionales podrán seguir planeando e implementando acciones terroristas. En suma, es un mundo tan inseguro como el de ayer a la tarde, pero sin Bin Laden y con una imagen más positiva del presidente Obama entre sus potenciales votantes.

La enseñanza de todo esto es obvia: salgamos todos a buscar al Chapo Guzmán, lo matamos a pedradas y se terminó el problema del narcotráfico en México.

 
 

Cuentos televisivos y noticiarios fantásticos

GABRIELA PINTO MÁRQUEZ

 

Osama ha muerto. O por lo menos esa es la versión a los medios. Y para darle una connotación poética, fue sepultado en el mar. Usted no está para saberlo, ni yo para contárselo, pero perdí un objeto de estudio: mi tesis de licenciatura abordó el tratamiento periodístico de los dos principales noticiarios transmitidos por canales de televisión abierta en nuestro país con respecto al 11 de septiembre de 2001. A través de un análisis de contenido, pude comparar la estructura de los noticiarios con la del cuento fantástico según Vladimir Propp. Él propuso que los cuentos tienen una morfología similar porque hay funciones que desempeñan sus personajes. Algunas son: el alejamiento, la transgresión, la persecución, la reacción del héroe, el combate, y al final, el castigo y el matrimonio. Lo curioso, es cómo los dos principales noticiarios de televisión abierta en México estructuraron las noticias de manera que las funciones que Propp había diseñado para los cuentos fantásticos calzaban muy bien. Recordemos que Osama Bin Laden fue entrenado por los propios estadounidenses (alejamiento), después efectuó un ataque contra las torres gemelas (transgresión); luego de una larga cacería (persecución) libran varias batallas contra él (combate) y finalmente lo encuentran y le dan muerte.

¿Qué nos espera cuando los medios tratan la información como cuentos fantásticos? La semana pasada estuvo plagada de notas que parecían ficción: la boda entre la plebeya y el príncipe; la lucha (y triunfo) del héroe contra el enemigo mundial número uno; y la beatificación de un hombre con un gran carisma, pero que pudo haber solapado muchas injusticias y crímenes cometidos durante su liderazgo.

El tratamiento de la información es importante porque provoca asociaciones en nuestros inconscientes que quedan arraigados y que forman parte fundamental de la cultura. Aunque el santo haya cubierto causas no tan santas y el enemigo haya surgido con el apoyo (voluntario/involuntario) del héroe, lo que sigue circulando es la imagen que fue formada en los medios hegemónicos y que ha servido para legitimar las acciones de ciertos grupos de poder. Una vez más es evidente la necesidad de la formación de las audiencias en un sentido crítico, de lo contrario lo que nos queda es ser lo que Lippman llamó rebaño desconcertado para dejar que una clase que sí sabe, nos lleve a donde ellos juzguen conveniente: a ese mundo que se vuelve más seguro después de matar a una persona.

 
 

El valor de la ciudadanía y las redes sociales

MARCO ANTONIO CASTILLO

 

En memoria de nuestros hijos muertos en la Guardería ABC

 

La semana que recién termina ha sido un laboratorio de movilización ciudadana, que desde muchos lugares y posiciones se han propuesto seguir impulsando procesos de cambio social, cuestionar el poder y buscar caminos distintos para construir dignidad de vida.

Esta movilización ha tenido un nuevo  actor,  padres/madres de familia que se han visto obligados a salir a la calle porque la desgracia les toco en la puerta de su casa, de la guardería dónde estaban sus hijos, o tuvieron la desgracia de atravesarse con algún narco. Jóvenes, mujeres y campesinos que han salido a gritar que este sistema  ya no va más, que no da empleo, que se acaba los recursos naturales, que asesina mujeres, levanta migrantes, borra comunidades para construir presas o mineras, o cualquier cosa que genere ganancia, a costa aún de los que viven ahí.

La ciudadanía volvió a salir, pero ahora con una nueva fuerza, un nuevo empuje inteligente... Ahora a través de las redes sociales logramos traspasar lo que antes la Policía y el Ejercito impedía, el diálogo con los que nos gobiernan, el que sepan lo que pensamos y sientan la fuerza de la sociedad civil.

El viernes santo llego a mi dirección de correo electrónico un mensaje que decía más o menos así... “disculpen que en días como  hoy tenga que escribir estas líneas,  pero este país lo requiere...”, era un correo de Ana Lidya Flores que nos llamaba a movilizarnos para parar la Ley de de Seguridad Nacional. A partir de ese momento los intercambios de correos, los tweets, las cartas se multiplicaron como hongos, por miles y los diputados la tuvieron que parar.

Pero ahí no para la cosa, el 29 de mayo después de más de un año y medio de lucha los adorables padres y madres del “Movimiento 5 de junio”, lograron la aprobación de la ley sobre guarderías, que busca asegurar que nunca se repita lo sucedido una vez más en la Guardería ABC, muchos de nosotros nos enteramos de su aprobación una vez más por las redes sociales. A las 19.23 al consumidor informaba “...hemos ganado, se aprobó la ley...” El valor de estos pequeños logros es fundamental. Primero porque son iniciativas que no salen desde el poder, nacen de los ciudadanos que se organizan, de ciudadanos que no son políticos, que no están vinculados a ningún partido o los mueva extraños interés no dichos, ciudadanos como Javier Sicilia que frente al dolor por la muerte de su hijo nos llama para gritar paren esta guerra, frenemos la irracionalidad.

No paremos sigamos con inteligencia, con amor, con pasión cambiando, salgamos este 8 de mayo a decir que acá estamos y queremos recuperar el país que nos quieren robar.

 
 

 
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