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Jueves, 4 de noviembre de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

La voz de Jaramar cerró la última noche del festival La muerte es un sueño

 

Jaramar que es considerada como parte de las “mexican divas”, en su concierto en el zócalo de Puebla, el cual estuvo lleno de melodías gitanas, chilenas de la Costa Chica guerrerense / Foto Abraham Paredes
PAULA CARRIZOSA

“Frente a la violencia, el conformismo, la rutina y la falta de amor, están en el valor, el arrojo, replegarse el uno al otro y la música, esa pintura sonora”, expresó la intérprete mexicana Jaramar, tras concluir su concierto en Puebla, el cual estuvo lleno de melodías gitanas, chilenas de la Costa Chica guerrerense, y la voz de una de las cantantes que es considerada como parte de las “mexican divas”.

Ataviada con un vestido suelto de gasa negra y roja que la hacía ver como una gitana que de vez en cuando soltaba papelitos de colores de entre sus manos, Jaramar se presentó en la última noche del festival La muerte es un sueño, que fue organizado por el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla.

“Este será un concierto acompañado por las almas que regresan al camposanto, estas canciones serán un viaje lleno de eso que conocemos como el amor, la vida y la muerte”, comenzó a decir la intérprete.

Las canciones –algunas de su último disco Diluvio y otras más del anterior, titulado Que mis labios te nombren–, van entre los versos de Nezahualcóyotl que apelan a los cantos, la poesía y las flores, las melodías tradicionales de España, la picardía de las chilenas que se tocan en la Costa Chica de Guerrero, y las composiciones del oaxaqueño Andrés Henestrosa.

Del concierto, destacaron La lavandera, una canción gallega rescatada de la tradición oral; Nadie creerá el incendio, basada en un poema de Enriqueta Ochoa, La Petenera, una leyenda veracruzana que cuenta los amores entre hombres y sirenas, y Diluvio, Mar adentro y Río profundo, un trío de canciones compuestas por Jaramar.

Y a pesar de que pocos de los asistentes la conocían, unas 300 personas acomodadas en la sillería más los que andaban dispersos por el zócalo, la cantante llamó la atención con la fuerza de su voz y el virtuosismo de los músicos que la acompañaban: Luis Javier y Eli Prado en las guitarras, Roberto Sánchez en el contrabajo, Rodrigo Castro ejecutando la trompeta con un sonido de jazz y Darío Rojas en la batería.

Sobre su música, consideró que “está llena de colores –a veces de azul celeste, gris acero, rojo o negro–, porque la poesía anda por ahí, llena de imágenes, ya que la música es una pintura sonora, es luz y oscuridad”.

–¿Por qué incluir canciones de origen español en el repertorio? –se le preguntó en una entrevista posterior a su presentación.

–Yo tenía una necesidad de buscar mis orígenes, de aterrizar en algún lugar y de tener algún tipo de raíz, y la música es un lugar donde las fronteras se desdibujan y ayudan en la construcción de ese espacio que en México está roto y afectado por la violencia, el narcotráfico y la desigualdad.

–¿Qué tan importante es que la gente sienta arraigo por su tierra?

–Ese arraigo, esa es como un ancla, un hilo que sostiene con la cultura y con algunos momentos de la historia. En este mundo globalizado creo que el nexo está en algún sitio, y es necesario encontrarlo, pues puede estar hasta en el exilio o en el interior de las personas.

La intérprete consideró que una de las canciones que refieren a esa necesidad de pertenecer es Diluvio, “canción que habla de los recuerdos, de la vida que, frente al acecho de la muerte, se defiende”.

“Me dices que nos arrastrará el diluvio del amor al morir, que se pierde todo, y que muere el sol”, canta uno de los estribillos compuestos por Jaramar, que fue uno de sus primeros intentos por escribir además de interpretar.

Sobre  la reacción del público frente a canciones que pertenecen a otras culturas y a otras épocas, la cantante expresó que no hace concesiones ni se pregunta qué sentirán o qué pensarán, sino que cada presentación es una ventana abierta, “en la que algunos podrán acercarse a mirar y quedarse un rato”.

La noche, terminó cuando sus seguidores, uno a uno, desfilaron y se tomaron alguna fotografía o pidieron algún autógrafo. Mientras, algunos todavía cantaban La llorona o Flor de azalea, las dos canciones con la que cerró el concierto.

 
 
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