¿Cómo es posible que un político al que hace unos años el gobierno pretendía meter a la cárcel, que durante las presidenciales fue sujeto de una millonaria campaña de difamación que manchó aquellas elecciones con la tinta indeleble de la ilegitimidad, aún permanece en el centro de la arena política nacional?
La asamblea del pasado domingo en el Zócalo capitalino, en la que se congregaron miles de simpatizantes de las 32 entidades, confirma que lejos de subestimar el movimiento que encabeza, representa una formidable base social que deberá fortalecer su organización y promover aún más adhesiones si es que quiere derrotar al régimen.
Como nunca en la historia reciente de nuestro país se han coaligado los poderes
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