Búsquedas en el diario

Proporcionado por
       
 
Miércoles, 28 de julio de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 MEDICINA E INVESTIGACIÓN  

La física y la neurociencia

 

Resonancia magnética
RAFAEL H. PAGÁN SANTINI

 

La relación teórico–práctica que ha tenido la física con la biología ha permitido ampliar el conocimiento que se tiene de la fisiología celular. Tradicionalmente, la relación entre la química y la biología ha sido mucho más visible, sobre todo, debido a la precisión con que se explica el funcionamiento de la materia viva. Aunque los procesos físicos, mucho más complejos de entender, no se utilizan comúnmente para explicar la fisiología de la vida, su aplicación práctica, una entre tantas, ha servido para el desarrollo de lo que se conoce como imagenología. Esta disciplina puede considerarse como parte de la medicina, y emplea diferentes modalidades de visualización del cuerpo humano. Las imágenes se obtienen mediante un conjunto de equipos y métodos físicos que permiten llegar en forma rápida, segura, y en muchas ocasiones, de manera no invasiva, a la detección de muchas enfermedades.

La imagenología se ha convertido en una herramienta imprescindible para una atención adecuada. Es muy difícil imaginar una evaluación clínica completa sin contar con la información que la imagen brinda al clínico. En el caso de algunas disciplinas, como la neuropsicolgía y la neuropsiquiatría, la posibilidad de trabajar conjuntamente reside en poder compartir el mismo campo de conocimiento, pero desde una perspectiva diferente. Al tomarse en cuenta, no tan sólo los resultados de las pruebas que se aplican a las personas afectadas por afecciones neurológicas, sino los datos procedentes de las neuroimágenes, los clínicos pueden valorar ambas informaciones de acuerdo con el conocimiento fisiopatológico de una determinada condición.

Cuando ocurren disfunciones neurológicas focalizadas, como por ejemplo una afasia (es la pérdida de capacidad de producir o comprender el lenguaje) o una apraxia (pérdida de la capacidad de llevar a cabo movimientos de propósito, aprendidos y familiares, a pesar de tener la capacidad física y el deseo de realizarlos), se intenta localizar las lesiones macroscópicas que la generaron. En algunas ocasiones estas manifestaciones clínicas vienen acompañadas de disfunciones cognitivas como por ejemplo, dificultad para poner atención, disminución en la capacidad perceptiva, pérdida de la memoria, disfunción ejecutiva y alteración del lenguaje. El origen de estos trastornos es no es focalizado, las lesiones que las producen son difusas o de neurodegenerativas. Por esta razón, el diagnóstico clínico debe combinar las diferentes técnicas que se tienen a la mano para poder llegar a una evaluación completa de las expresiones conductuales de las disfunciones cerebrales.     

Esta exigencia obedece a que, si bien se pueden identificar zonas específicas del cerebro que se han lesionado, lo que nos pondría en una situación “localizacionista”, es claro que ninguna región cerebral sustenta una función cognitiva, ya que en cualquiera de éstas, por simple que sea, intervienen múltiples regiones cerebrales que forman parte de subprocesos y las conexiones entre estas regiones son fundamentales para un correcto resultado final. La correlación entre anatomía y función, en el caso de estructuras cerebrales dañadas y cambios cognitivos, es amplia.

Para la mayoría de nosotros, una neuroimagen es una “fotografía” de la estructura del cerebro; sin embargo, sus aplicaciones van mucho más allá. Estas imágenes permiten cuantificar de manera precisa el tamaño o los procesos fisiológicos que acontecen en las diferentes estructuras cerebrales. El uso de sofisticados programas de análisis permite estudiar alteraciones cerebrales sutiles, no observables en la exploración visual de las imágenes. Además, lo más revolucionario en este tipo de estudio es el poder observar in vivo y de manera mínimamente invasiva, la estructura, función y farmacología del cerebro.    

Aunque no podamos leer una radiografía, todos estamos familiarizados con esta técnica de imagen. Ante cualquier situación que nos induzca a pensar que alguna parte del cuerpo se ha fracturado o que está funcionando mal, intuimos que al tener una imagen de ella sabremos qué es lo que está ocurriendo. En principio, de eso trata la imagenología; sin embargo, estas técnicas combinan diferentes principios físicos para la obtención de las imágenes. Excluyendo la radiografía de cráneo basada en rayos X, las dos técnicas mayormente utilizadas para el diagnóstico de alguna lesión intracraneal son la tomografía computadorizada y la resonancia magnética. La primera, utiliza rayos x, lo que limita su uso, ya que expone a la persona a una fuerte carga ionizante. La segunda un poco más costosa ofrece una excelente resolución espacial y un buen contraste entre los diferentes tipos de tejidos utilizando procedimientos mínimamente invasivos. Esta técnica no utiliza radiación ionizante, para obtener una imagen de resonancia magnética se coloca al sujeto en el centro de una campo magnético intenso. 

Las dos técnicas antes mencionadas se utilizan principalmente para estudios estructurales del cerebro. Estas técnicas nos permiten identificar lesiones macroscópicas. Por ejemplo, el diagnóstico de un tumor o de un infarto cerebral no sería nunca definitivo hoy en día sin un estudio por tomografía computadorizada o por resonancia magnética. Hasta la aparición de la resonancia magnética funcional (RMf), a finales del siglo pasado, la información funcional sobre las áreas que se activan en el cerebro al realizar una tarea se obtenía mediante el registro de la actividad eléctrica cerebral (electroencefalografía), o mediante el uso de técnicas de neuroimagen nuclear (tomografía por emisión de positrones, PET).  

El valor de la técnica de la RMf se relaciona en el poder identificar las neuronas que se activan, lo que permite comparar las imágenes funcionales obtenidas en reposo con las que se obtienen cuando el sujeto está realizando una tarea. La RMf se ha utilizado ampliamente para demostrar hipo o hiperactividad en regiones cerebrales de pacientes psiquiátricos al realizar tareas relacionadas con su enfermedad (por ejemplo visualizar imágenes de un alto contenido emocional).

Hace poco más de un siglo que las técnicas utilizadas con rayos X permitieron, por primera vez, observar las estructuras óseas del cuerpo. El 8 de noviembre de 1895 Wilhem Conrad Rontgen descubrió los rayos X. El descubrimiento de los rayos X fue el producto de la investigación, experimentación y no por accidente como algunos autores afirman; W.C. Roentgen, hombre de ciencia, agudo observador, investigaba los detalles más mínimos, examinaba las consecuencias de un acto quizás casual, y por eso tuvo éxito donde los demás fracasaron. Sin este descubrimiento, hoy no tendríamos la imagenología.

 

Si desea más información sobre esta

columna puede escribir al correo electrónico

rhpmedicus@yahoo.com.mx

 
 
Copyright 1999-2010 Sierra Nevada Comunicaciones - All rights reserved
Bajo licencia de Demos Desarrollo de Medios SA de CV