Atlixco. La considerable migración a Estados Unidos registrada en el municipio no sólo genera dólares, dolor por la partida de seres queridos y muerte; también comenzó a dejar secuelas en el estado físico de decenas de familias directamente involucradas en ese proceso. Según Juan Cuautle Nieva, ex titular de la oficina de Salud Comunitaria en el ayuntamiento, los malos hábitos alimenticios aprendidos en el norte y heredados en las comunidades provocaron un evidente crecimiento de las estadísticas de obesidad.
El ex funcionario, uno de los expertos en el tema, informó de los resultados de una encuesta llevada a cabo en el municipio. “Por ejemplo, 62 por ciento de los pobladores, es decir, seis de cada 10, resultan obesos. Eso implica un factor grave de riesgo”, alertó durante una charla con la prensa.
La idea de someterse a la dinámica de ingerir comidas rápidas –fast food– no sólo en la mancha urbana, de igual forma en las zonas rurales, cambió aquí radicalmente las costumbres de miles de habitantes. “Las sopas Maruchan, las pizzas, las hamburguesas, los hotdog’s y una serie de productos congelados y de fácil acceso en tiendas comerciales representan un serio peligro ya adquirido por los atlixcenses”, destacó el médico de profesión.
Lamentó que ese tipo de vida nueva en Atlixco está convertida “en un auténtico fenómeno social”. Otro de los aspectos relacionados con el diagnóstico, señaló, es la incorporación de las mujeres en el área laboral. “Así es muy complicado pensar en hacer comida en casa. Sin duda, una de las soluciones viables pueden ser los aparadores llenos de alimentos listos para calentarse en el horno”.
Recordó que hace dos décadas en los pueblos únicamente tomaban refresco en las grandes fiestas. “Era en botellas de vidrio de 250 mililitros; pero hoy hasta en el desayuno. Cuando acudimos a esas regiones, solicitan traer una ‘patona’ y aparece el plástico de dos o tres litros”.
El departamento de salud comunitaria aplicó en 30 comunidades y en la ciudad aproximadamente mil 400 cuestionarios de factores de riesgo, detalló Juan Cuautle Nieva. “Eso es una muestra muy representativa y con base en eso podemos afirmar, del total de los entrevistados, 62 por ciento resultaron obesos. Tenemos casos específicos encontrados entre los habitantes: personas con un metro y 40 centímetros de alto y 112 de cintura o 139 de largo y 110 de ancho”.
El ex responsable de la oficina gubernamental reflexionó y expuso: “los casos hallados de personas robustas reflejan fielmente el panorama nacional. Eso no ocurre únicamente en Atlixco. Pero en el municipio comenzó a influir la cultura alimenticia provocada por los migrantes”.
Señaló: “ese sector literalmente ‘incita’ a la comida rápida. Lograron aprender la costumbre en el lugar donde laboraban en aquel país. Como acuden a ganar dinero, consiguen dos o tres trabajos y adquieren sopas de diez minutos y pizzas compradas vía telefónica. Es una realidad porque referimos una cultura ya adoptada por ellos”.
Habló de la Unión Americana como el reino de la fast food: “la Secretaría de Salud federal refiere una prevalencia de 24.2 por ciento de la población con el asunto de los kilos en exceso. Según los diagnósticos, cuatro de cada 10 pacientes con esas características combina otras enfermedades como diabetes o hipertensión arterial y llegan a sufrir hasta depresión derivada de esos padecimientos”.
De hecho, explicaron, algunos cardiólogos opinan que “la obesidad, el sobrepeso, la diabetes y las enfermedades cardio–metabólicas no ocurren en los países pobres o ricos. El tema radica en las malas costumbres de la población”.
Otro dato interesante es el siguiente: “uno más de los inconvenientes es el efecto en los niños porque 20 por ciento en la República Mexicana tiene sobrepeso u obesidad. Y cada día es mayor la demanda de atención por esa causa”.