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Martes, 20 de julio de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 SUBEYBAJA 

Las minorías ridículas...

 
RAMÓN BELTRÁN LÓPEZ

Hace algunos meses, en una más de sus desafortunadas piezas de oratoria, Felipe Calderón se refirió a las ridículas minorías, porque “los mexicanos no nos vamos a dejar dominar... (por) una bola de maleantes, que son una ridícula minoría montada sobre el miedo” e igualmente culpó a sus críticos de tener una falsa percepción sobre la verdadera realidad mexicana y de los resultados de su lucha contra el narco.

Muchas y muy diversas interpretaciones cayeron sobre la afirmación presidencial, y muchas de éstas coincidieron en afirmar que en este país coexisten muchas “minorías ridículas” que sojuzgan, explotan y atemorizan a los ciudadanos, pero hay una  en particular que lo hace y lo ha venido haciendo desde hace mucho tiempo, y esta minoría es la de los políticos, la de sus políticos. La de nuestros políticos.

De esto ya han transcurrido cuatro meses, y uno más desde que se conoció aquel pacto firmado entre Gómez Mont, César (Pinocho) Nava y Beatriz Paredes, en el cual se comprometían (PRI, PAN y Gobernación) a no permitir que Acción Nacional se aliara con otros partidos en contra del PRI.  Una vez que se conoció el contenido del pacto así como los nombres y las firmas de los “notables” que lo calzaban, Gomez Mont acudió a la reunión del comité nacional del PAN y expuso sus razones para haberlo firmado,  así como  para oponerse a esas alianzas.

César Nava, quien había reiterado la inexistencia de dicho pacto finalmente lo aceptó, asegurando además que aunque no se encontrara en el texto, éste implicaba un compromiso del PRI para votar en el Congreso a favor de las modificaciones fiscales (IVA e ISR principalmente) y que, como el tricolor no había cumplido (?) consideraban que éste había quedado anulado.  Así la política económica y la política fiscal del país habían quedado sujetas a negociaciones partidistas relacionadas con las elecciones de 12 estados. Pero finalmente alguien se rajó. Y al hacerlo se llevó entre las patas a Gómez Mont quien se vio obligado a renunciar, primero a su partido (del cual su padre había sido dirigente y tres veces diputado federal) y posteriormente a la Secretaría de Gobernación.

¿Firmó  acaso el pacto sin el conocimiento del presidente? Algo muy, pero muy improbable. Según Alejandro Almazán, (Emequis, 1022010) fue el mismísimo Calderón quien se las propuso nada menos que a Ulises Ruiz.

Y así las alianzas marcharon, con un gran riesgo, un enorme riesgo en caso de perder las elecciones. Porque esto, para muchos,  podría haber significado la pérdida del registro, de las prerrogativas económicas, de los cotos de poder y...casi me iba a atrever a escribir, también de su identidad. Pero no, esa, la identidad partidista, se desvanecería por igual, ganaran o perdieran la elección. Nunca más serán los mismos, ganaran o perdieran.

Tal parece, a casi medio año de distancia, que por una parte (PRI) se pretendía “blindar” la carrera de Peña Nieto y por la otra se intentaba  matar dos pájaros de un tiro, obtener la aprobación de las reformas fiscales para después conseguir, aún faltando a los compromisos, conseguir la formación de un TUCOP (todos unidos contra Peña Nieto) tal como aquel que encabezara y modelara la Maestra Elba Esther en contra de Roberto Madrazo. 

Así atestiguamos desde lejos como las minorías ridículas, como la de los políticos, pueden disponer de la conducción de los partidos, de los presupuestos, de las prerrogativas, de las políticas de Estado, de la voluntad y del bolsillo de los ciudadanos, en aras de conservar el poder o impedir que alguien lo alcance. Y aquí dejo constancia de que no soy Peñista ni mucho menos.  Simplemente de que sigue vigente aquella máxima que reza: el fin justifica los medios.  Al margen de principios, plataformas, idearios, firmas y otras zarandajas.

Y las alianzas tuvieron éxito en varios estados. Aunque pareciera que nuevamente se negociaron  las impugnaciones ante los órganos electorales. Dando unas por otras.

Ahora nos enteramos de que ya se están firmando pactos entre los gobernadores electos para lograr un mínimo común denominador respecto a las más grandes líneas de gobierno entre aquellos que triunfaron. Y en esto se incluye el impedir la llamada “cacería de brujas”, el combate a la corrupción pasada, el mirar solamente al futuro y no al pasado...

¿Y las promesas de campaña? ¿Cayeron en el olvido aún antes de que tomen posesión? ¿Seguiremos siendo el paraíso de la corrupción y de la impunidad? ¿No habrá en las redes ni peces grandes ni peces chicos?

De suceder así, tanto en los estados donde el PRI desplazó a otros partidos como en aquellos en los que sucedió el fenómeno inverso, seguramente continuará el aparentemente irreversible proceso de descomposición social que se agudiza cotidianamente. Cundirán el desaliento y la inconformidad.

Y baste mencionar que de acuerdo a las encuestas de Latinobarómetro, (20 mil personas en 18 países de América Latina) el apoyo de los mexicanos al sistema democrático ha caído de 69 a 62 por ciento en solamente un año (2008–2009), mientras que el promedio en todos  estos países pasó de 73 a 76 por ciento.

Por encima de nuestro país están Ecuador (66), Perú (67), Argentina (75), El Salvador (82), Dominicana (84), Venezuela (?) 90 y Uruguay (90), para citar solamente  algunos ejemplos.

A la pregunta: si usted tuviera que elegir entre la democracia y el desarrollo económico, ¿Qué diría usted que es más importante? 30 por ciento optaron por el primero y 60 por el segundo. En Uruguay  fue de 62–19; en Brasil 53–29; en Bolivia 50–39; solamente Guatemala estuvo por debajo de México con 27–61.

Nuestras cifras son similares a las de China en donde el bienestar económico y la seguridad se encuentran muy por encima de las convicciones democráticas, las que, además, que han estado ausentes por decenios. O siglos.

Indudablemente que estas ridículas minorías, estas oligarquías, esta policracia en la que vivimos, está generando un caldo de cultivo muy susceptible de originar un estallido social de consecuencias impredecibles y  de corte anárquico. Anárquico principalmente debido a la ausencia de líderes y de rumbo y, en consecuencia, a una o varias revueltas intestinas de sello indefinido que pueden ser detonadas y conducidas por cualquier “mesías”, como aquel Flavio Sosa de la APPO oaxaqueña, quien ahora será diputado local.

Para finalmente crear el ambiente ideal para que se genere un gobierno de corte dictatorial. 

De esos que añoran muchos paisanos,  esperanzados en la remota posibilidad de que  llegue un “dictador bueno”. Si es que los hay.

 
 
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