Las infecciones nosocomiales ocurren en el periodo de tiempo en que un paciente está encamado en nosocomio u hospital, expuesto a virus, bacterias, hongos, parásitos, presentes en el ambiente nosocomial. Es tan frecuente el suceso que en 1970 el Center for Disease Control (CDC) de EU creó una base de datos para el registro de esas infecciones, que dio origen al Sistema Nacional de Vigilancia de Infecciones Hospitalarias con participación voluntaria e identidad protegida por la Ley de Salud, mismo que produce información de la tendencia a las infecciones nosocomiales, su origen, así como la producción de estrategias de control, detección, tratamiento y prevención.
Las infecciones nosocomiales se relacionan directamente con la mortalidad hospitalaria; no son indicador de mala higiene, porque los agentes infecciosos están en el medio ambiente de vida, sea o no hospitalario, considerando que no es posible esterilizarlo fuera o dentro. La limpieza del hogar, trabajo, escuelas, parques, jardines, teatros, centros de acopio, iglesias u hospitales debe establecerse como rutina cotidiana, bien y siempre, porque los agentes infecciosos proliferan en suelo, agua, plantas, animales, humanos, donde todos funcionamos como sustrato de sostén, arrastrados de unos a otros por la piel que los alberga; el aire que respiramos, donde flotan; el agua que tomamos, que los conduce; actividades cotidianas todas; por tanto el contacto de nuestra piel o mucosas; respirar; comer; ingerir agua; excretar desechos; practicar sexo; las picaduras de animales que se alimentan de nuestra sangre; la convivencia con plantas, perros, gatos, aves, bovinos, caprinos, suinos y muchos más, dan posibilidad a que los patógenos accedan a nuestro cuerpo para proliferar por fuera o dentro del mismo. Consideremos también que no todos los patógenos que nos llegan son viables y visibles; muchísimos no los vemos, pero todos están en la naturaleza, prestos a enfermarnos; muchos viven dentro del cuerpo de manera accidental, otros son invitados a vivir para ayudar a digerir o respirar; son equilibrio biótico, invitados o comensales, en franca simbiosis, ayudando a evitar que los malos o patógenos penetren con facilidad; los llamamos saprobios o no patógenos.
Varias condiciones rompen el equilibrio hospedero–parásito, dan ocasión a que los comensales o saprobios puedan abusar de quien los alberga, causándole enfermedad, como cuando se rompe la piel (guante protector) sin importar que sea herida leve, grave o quemadura; cuando las mucosas nasal, ocular, ótica, oral, urinaria, anal, vaginal, pierden su moco, vellosidades o cambian su acidez condicionante de defensa, les permiten entrar; al respirar introducimos aire del ambiente al árbol respiratorio con gérmenes capaces de implantarse y enfermar; comemos y la ingesta alimentaria lleva sustancias contaminantes en mal estado que infectan al tubo digestivo; la actividad sexual no es pura ni limpia de estimulaciones ajenas que no impliquen contaminar parejas, tanto que bastaría preguntar a pederastas y trabajadores sexuales qué hacen; no podemos evitar piquetes de moscos, piojos, chinches, pulgas, ácaros, hormigas, abejas, perros que muerdan, gatos que arañen, alacranes, serpientes, cerdos, borregos, chivos, vacas, caballos, etcétera; el resultado es un ambiente rico, variado en la contención de agentes infecciosos, por lo que cabe preguntar: ¿cómo pensar que un hospital al que llegan enfermos con infecciones sea un ambiente sano y puro?, es sitio de convivencia de enfermos; por tanto, no se debe creer que sean sitios exentos de patógenos; contemplen el panorama, imaginen, si tan sólo los familiares enojamos cuando no nos dejan entrar a visitar, menos con regalos, flores, comida, todo de la calle, si estamos en un hospital de servicio social, porque los hospitales particulares son peores porque relajan la prohibición, verán una locura epidemiológica en todo su esplendor, Se hospitaliza por necesidad; no son vacaciones; recién nacidos antes de tiempo con bajo peso; diabéticos descompensados; cancerosos; anémicos; cirróticos; leucémicos; tuberculosos, nefríticos, meningíticos, inmunodeficientes; asmáticos; sidosos; apendicítis; tifoidea; quirúrgicos; ancianos respirando mal. Un nosocomio recibe el mundo de lo inesperado, en cualquier rincón puede brincarle un cocodrilo; tiene gran posibilidad de adquirir una infección nosocomial complicatoria y mortal.
¿No se ha espantado, quiere nombres? le diré que los comensales o saprobios que están en piel, anexos, tubos naturales, esperan la oportunidad para ejercer su derecho al daño; son oportunistas; sus géneros más frecuentes son: Escherichia, Klebsiella, Enterobacter, Pseudomonas, Clostridium, Staphylococcus, Streptococcus, Salmonella, Toxoplasma, Strongyloides, Entamoeba, Aspergillus, Candida, Cryptococcus; me quedo corto, nos llegan por inyecciones, venoclisis, catéteres, tubos de oxígeno, sondas.
¡Dioses cualesquiera, protéjannos de ser internados en un nosocomio, santos Cosme y Damián, médicos, cuídennos, creeremos en todo, con tal de salir vivos de ese momento difícil del paso obligado a un nosocomio!