Sucedió lo impensable. Impensable para quienes se creyeron sus propias encuestas, “cuchareadas” por encargo. Esos mismos encuestadores “cuchareros” se negaron el domingo a emitir los resultados de sus propias encuestas de salida porque, según ellos, o “está muy reñida la votación” o “los resultados son atípicos”.
Seguramente lo que era totalmente atípico era la realidad, la necia realidad. Y más para quienes se empeñaron en negarla. Sí, porque cuando “cucharearon” las encuestas esperaban que la realidad se ajustara a sus resultados y éstos, finalmente, quedaron muy, muy lejos de la verdad. ¿Quién volverá a creer en ellos?, ¿quién los volvería a contratar? (Ver “El onanismo político y las encuestas”, Subeybaja 22–06–2010).
Y aquellos columnistas, los que arremetían cotidianamente contra Moreno Valle desde hace una, dos, cinco semanas, ¿callarán ahora como aquellos mariachis que también callaron?, ¿o mejor buscarán cómo culpar a otros?, ¿o simplemente se dedicarán a esperar para vender caro su amor en el futuro? (ver “Todos los buenos contra dos malosos”, Subeybaja, 15–06–2010).
Pero como suele suceder siempre, para unos el triunfo tendrá mil padres, mientras que para los otros la derrota será absoluta y totalmente huérfana.
Y pronto la amnesia será la enfermedad de moda en nuestros medios. Un Alzheimer voluntario invadirá planas y columnas. Sesudos comentaristas y politólogos pontificarán engolando la voz: “yo se los dije”.
En el mismo periódico en que durante semanas se denostó a Moreno Valle, y que ayer lunes cabeceaba “nada para nadie”, ahora ya encuentra a un único y gran culpable: Mario Marín.
Situación inédita. Futuro impredecible. Tanto en lo mediato como en lo inmediato. En los próximos siete meses, en un año, para 2012.
Miles de preguntas que saltan cual conejos en campo de alfalfa, justo como cuando ganó Fox.
En tres estados ganó la alianza de una izquierda facilota con una derecha electorera. En la lucha por el poder todo, absolutamente todo, se vale.
Y en los tres estados lo hicieron muy bien. Propusieron como candidatos a tres ex priistas: en Sinaloa a Mario López (Malova); en Puebla a Rafael Moreno Valle, y en Oaxaca a Gabino Cué.
¿Y en los otros?, un ex priista, ahora panalista camaleónico, Miguel Ángel Yunes, perdió la elección en Veracruz. Derrotado no por Duarte, sino por las artimañas públicas y privadas de un aspirante a la presidencia: Fidel Herrera. Chocaron aguja y lezna; Fidel contra Elba Esther. En Tamaulipas, igual que sucedió con el Cid Campeador, ganó la elección un candidato muerto, y en Quintana Roo, la perdió un candidato preso.
Total, en nueve estados ganó la elección el PRI y en tres ganó la alianza conformada principalmente por PRD–PAN, con candidatos emanados del PRI y que conocen bien al monstruo, porque salieron de sus entrañas.
Aguascalientes, en manos del PAN desde hace 18 años, voltea sus preferencias y deja un carro completo priista, exactamente lo opuesto a lo acontecido aquí.
Nuestra vecina Tlaxcala, la veleidosa, pasa de manos del PRD (con el ex priista Sánchez Anaya) al PAN (con un ex priista, Héctor Ortiz) para regresar nuevamente a manos del PRI con Mariano González Zarur. Hay quienes atribuyen todas estas veleidades y cambios sexenales... a los intereses personales de Beatriz Paredes.
Y aquí, en la Angelozaragozópolis, hay afirmaciones e interrogantes múltiples.
Moreno Valle y Rivera no se parecen en nada a Hinojosa y Paredes. Estos dos últimos recibieron un premio de la lotería que no esperaban ni estaban preparados para utilizar. Los triunfadores actuales cuentan con experiencia política previa y saben a lo que se van a enfrentar. El escenario es totalmente distinto.
¿Y qué tanto le conviene a Moreno Valle el carro completo que obtuvo? Porque ahora carecerá de pretexto alguno para fallar en sus compromisos. Controlará el Congreso, el Ejecutivo y el gobierno de la capital, y también dispondrá de muchos, muchísimos puestos públicos. ¿Serán suficientes como para satisfacer a los mil autoproclamados padres del triunfo y a todos los pactos y compromisos adquiridos? ¿Y a todos los parientes pobres y desempleados de la nueva clase política?
¿La honradez, muchas veces prometida, será de “borrón y cuenta nueva”, sin voltear hacia atrás para no convertirse en estatua de sal, o castigará a algunos de aquellos que lucraron con el poder? ¿Tendrá la fuerza política suficiente? ¿Sumará a su gobierno a los empresarios, a esa plutocracia aliada al PRI, y que constituye un verdadero poder fáctico, a esa que antes, hace ya algunas décadas era profundamente antagonista al tricolor, pero que más tarde, atenta a sus intereses, se alió a este, y que ahora, atraída por el poder, jurará no haber menospreciado nunca su verdadero origen blanquiazul? ¿Y acaso el nuevo triunfador tendrá la fuerza para hacerlo? ¿O simplemente dejará que todo cambie para que quede igual?, tal como se aconsejaba en el Gattopardo.
¿Los compromisos adquiridos con todos los grupos que lo llevaron al poder le permitirán moverse y actuar con cierta libertad?
¿Qué pasará con las hordas de priistas desempleados?
¿Quién será el próximo líder de la minoría priista en el Congreso? ¿A quien obedecerá ya sin gobernador priista? ¿Quién reorganizará al PRI con miras a la elección del 2012? ¿Se respetarán los pactos político– electorales contraídos por Marín y por López Zavala para la próxima elección federal? ¿Quién y cómo le cumplirán lo prometido a Chucho Morales, a Víctor Hugo, a Doger, a Charbel, a Amador Leal, a Germán Sierra?
¿Y las cuentas públicas de Mario Marín y Blanca Alcalá, correspondientes a 2010, serán calificadas por este Congreso o por el próximo?
Preguntas, preguntas y más preguntas que pronto tendrán respuesta.