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Miércoles, 5 de mayol de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

México no ha superado el muralismo; se piensa que el artista debe educar al pueblo: Amorales

 

Carlos Amorales comenzó su carrera a mediados de los años 90, introduciendo la lucha libre en el mundo del arte / Foto Abraham Paredes
YADIRA LLAVEN

Vivir por fuera de la casa de uno es el sugestivo título de la exposición que el artista visual Carlos Amorales (DF, 1970) propone, a partir del próximo sábado 8 de mayo a las 12 horas, en el Museo Amparo, en donde reúne técnicas de animación digital, instalación, intervención y video para realizar una lectura contemporánea de la colección prehispánica que alberga el lugar.

A excepción de la trilogía de videos presentada en el Museo Carrillo Gil en 1999, y los graffitis de “El estudio por la ventana”, creados en Kurimanzutto en febrero de 2010, ninguna de las piezas incluidas en esta muestra han sido presentadas con anterioridad en México.

Previo a la inauguración, Amorales, uno de los artistas mexicanos más destacados dentro del arte contemporáneo, concedió una entrevista a La Jornada de Oriente para hablar de las cuatro piezas creadas ex profeso de la colección prehispánica del Amparo, y para asegurar que “en México no hemos superado la tradición del muralismo. Se piensa que el artista debe educar al pueblo”.

“La gente que acude al museo todavía se sigue preguntado qué es lo que quiere decir el artista en una obra, cuando a nosotros ya nos tocó vivir la Perestroika, un desfase de ideología”.

“En mi caso –asegura–, no tengo la autoridad para dar respuestas; sólo puedo generar preguntas a través de mi obra. Mi función es la de intermediario con el espectador, pues prefiero darle el protagonismo al público, porque ahí es donde se genera la chispa”.

Dividida en ocho salas del museo, la exposición que presentará en Puebla reúne 11 monumentales piezas que funcionan en sinergia con dos películas cortas: La hora nacional (a color y sonido), que plantea una ruptura radical con la interpretación institucional de México, y Herramientas de trabajo (muda, en blanco y negro), animación en forma de deconstrucción de su colección anterior, Archivo líquido y su metodología.

Además de El estudio por la ventana, graffiti que realiza utilizando plantillas, e “Incorruptibles”, escultura que sintetiza la fusión formal de cierto estilo maya con la obra gráfica del artista. Ambas piezas se despliegan a lo largo de los muros y el suelo de las salas, entre los dos polos fílmicos.

Cuando se le pregunta del título de la muestra, responde que el nombre se lo acuñó  Benjamín Mayer Foulkes, el editor del libro que publicará para el mes de agosto. Vivir por fuera de la casa de uno es una frase muy poética y extraña. Fuerte. Me gusta, es como un viaje astral hacia el interior y viceversa. Mis abuelos paternos eran europeos, pero yo nací en México. Me sentí gringo en otros lados y cuando llegué a Europa volví a ser mexicano. Es como verme desde afuera”.

–¿Cómo fue su encuentro con el tema prehispánico que propuso el museo?

–Siempre tuve una atracción a lo prehispánico, por la misma repulsión que puede causar el tema cuando no se le entiende, aunque pareciera que forma parte de nuestra cotidianidad, algunos todavía no logramos comprender sucesos como los rituales. Seguimos desconectados.

“El tema lo abordé como una confrontación con el pasado histórico nacional, y mi intención fue realizar una lectura contemporánea, diferente a mi estilo y lenguaje, de las figuras prehispánicas que colecciona el museo”.

Por otro lado, sustenta que no son las primeras piezas que elabora desde la visión prehispánica. “La primera obra que hice fue en la colección ‘La lucha libre’ –que le dio fama internacional–, y me inspiré en la Coyolxauhqui. Es un monolito con dos perfiles de águila, con la ambivalencia de lo cóncavo y convexo: una suerte de juego de espejos”. 

–Habla de identidad, de pasado histórico, de “La hora nacional...”; ¿existe alguna relación entre esta exposición y los festejos de las revoluciones que se realizan en el país?

–Es una feliz y triste coincidencia, pero no desde el discurso oficial. Sí existe una relación, porque en este preciso momento debemos hacer válida la crítica y pensar sí realmente debemos celebrar cuando aclamamos con banderas de plástico hechas en China.

“El país ha cambiado mucho y no sabemos si para bien o mal, y ese punto es el que me interesa poner a discusión en mi obra”.

Durante su oportunidad, Michel Blancsubé, el curador de la muestra, comenta que “Vivir por fuera de la casa de uno” no se trata de una retrospectiva, mucho menos de una exposición de media carrera, es la reunión de piezas que hablan de los últimos 10 años del trabajo artístico de Amorales, a quien considera todavía a mitad de su proceso creativo.

En total son 11 piezas. Desde un certificado de préstamo de identidad (también creada para “La lucha libre”) hasta una instalación y una intervención en uno de los muros. Quitó todo de las salas para desnudar y rehacer el espacio.

“Cinco piezas se realizaron especialmente para el Museo Amparo en el transcurso de un año y medio, donde la investigación e ir constantemente al Museo de Antropología, en la búsqueda de nuevas formas, fue un largo proceso”.

 

“Mi regreso fue para hacer tabla rasa”

Harto de vivir fuera de México, Carlos Amorales regresa, procedente de Ámsterdam, a su país natal en 2006, por cuestiones personales, pero también para comenzar con una nueva etapa en su carrera.

–¿Su regreso al país fue para hacer tabla rasa, quemar las naves y, a partir de ahí, ver un nuevo futuro?

–Sí, y eso lo vemos en la pieza “La hora nacional”, que fue como sacudirme de mi propio trabajo. No tiene mi estilo y eso me da posibilidades de apertura, de ver otras cosas, de no limitarme.

“Ahora estoy viendo otros caminos, y en eso me interesa continuar. Me voy a volver neoexpresionista”, ríe a carcajadas.

Así como en su momento fue el tema de “La lucha libre”, a la que consideró una carga “porque te vuelves predecible y reconocible”, afirma que la nueva exposición en Puebla será una referencia obligada en su obra, por ser tan distante a lo que anteriormente había experimentado.

“En el arte es muy fácil volverte un producto, y eso yo lo hice desde que tenía 23 años de edad. La carrera es larga y ahora soy otra persona. No me siento ruco, pero en el proyecto de la compañía de discos Nuevos ricos pasé de ‘¡guau! el rocanrol’, a decir ‘a qué hora van a acabar’”.

Osadamente, del caso de “Vivir por fuera de la casa de uno” explica: “sumergí en pintura de color, la típica figura con cara de sacrificio humano (del acervo prehispánico) que se convirtió en pitufo, y con ellos hice una especie de animación. Otros se transmutaron en ositos japoneses, pero lo curioso es que fueron apareciendo solos”.

Más allá del involuntario humor, agrega, “pienso que estos monitos son la réplica del México que vemos hoy. Me gustaría ver cómo los niños se acercan a la obra. ¿Qué va a ocurrir?”.

Amorales comenzó su carrera a mediados de los años 90, introduciendo la lucha libre en el mundo del arte. Entre 2000 y 2010 elaboró alrededor de 3 mil diseños gráficos que conforman el Archivo líquido donde los pájaros, las telarañas y las mariposas son algunas de las temáticas recurrentes.

Ha expuesto en algunos de los centros más importantes de arte contemporáneo en el mundo, como la Colección Daros en Zurich, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, en el Museo Universitario de Ciencias y Artes en la ciudad de México, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y en el Museo de Arte de Filadelfia, entre otros.

Dicha exposición permanecerá en el Museo Amparo (ubicado en la 2 Sur 708, Centro Histórico) a partir del sábado y hasta el 30 de agosto del presente año, en horarios de 10 a 18 horas de miércoles a lunes.

 
 
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