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Martes, 30 de marzo de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Jorge Morales se convierte en leyenda; cumple 50 años como Jesús en el Vía Crucis de su pueblo

 

Imagénes que documentaron la obra El divino salvador y que mereció un premio en la Bienal de Fotografía de Pachuca  n  Fotos Lohn O’leary
YADIRA LLAVEN

Como dice la popular frase: “preguntando se llega a Roma”. Así dimos con la casa de don Jorge Morales Flores, líder de su comunidad, ejemplo para su familia y, desde hace medio siglo, el Jesucristo de la Pasión de Cristo de la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas. Hombre llano y humilde que se ha convertido en una leyenda urbana del folklore contemporáneo de Puebla.

Todos lo conocen. El de la tienda de abarrotes, el de las carnitas y los pollos, el albañil que está por terminar una de las casas que está a unos pasos de la suya, el creyente y el ateo.

Cumplir una manda a su hermano fallecido Fidencio, quien le pagó la carrera de médico en la UAP, y al hijo de dios, con quien platicó hace 50 años en un “sueño” premonitorio donde le pide dar a conocer la manera en que murió, llevó a Morales a encarnar a Jesús, en la obra que él mismo escribió, dirigió y actuó, convirtiéndose en todo un personaje para su gente. 

Gracias a la intervención del antropólogo y fotógrafo John O’Leary, que documentó la obra El divino salvador y con la que mereció un premio en la Bienal de Fotografía de Pachuca (1984), Morales concedió una entrevista a La Jornada de Oriente para hablar del origen de la obra y de los seis “sueños”, que lo llevaron al reconocimiento nacional, a través del programa televisivo Siempre en Domingo, que condujo Raúl Velasco, en la década de los años 80.

Nos recibió en su consultorio particular, después que participamos como observadores del ensaño general, en el rústico patio de su casa, donde los gladiadores son arrojados sin piedad sobre la polvorienta tierra. 

Tal ha sido la aceptación teatral de El divino salvador entre la gente, que ha sido comparado con el fervor que sienten por la representación en Iztapalapa. Y eso don Jorge Morales lo sabe. “Hemos dejado escuela. Aquí con la familia Morales, cuando éramos 18 hermanos –ahora sólo sobreviven tres–, se comenzó con la tradición de la Pasión de Cristo en Puebla”.

“De esta casa se han formado las representaciones de Sanctórum, San Pablo del Monte, Zacatelco, Cuautlancingo, Amozoc y de otros municipios. De aquí han salido todos. Con nosotros participaron como gladiadores o con algún papel importante, y luego llevan lo aprendido a sus pueblos. Incluso, los miembros de Cristo Rey”.

Esta última es una agrupación de reciente creación en la misma comunidad de Ignacio Romero Vargas, que fue instruida por el maestro Morales y que decide formar su propia compañía, “con la finalidad de lucrar con la obra teatral”. Sin embargo, a Morales eso no le importa. Ya cuenta con los derechos de autor.

El divino salvador, afirma, es la única obra teatral en Puebla que ha sido revisada por teólogos y filósofos, y que además  obtuvo el permiso del arzobispo Octaviano Márquez y Toriz, para su escenificación. Desde entonces a nadie se le ha concedido.

Cuando se le pregunta por qué tanto tiempo estuvo en el papel de Jesús, situación que hace dos años derivó en la división de los artistas que conforman la obra, que supuestamente pedían que otra persona realizara la actuación estelar, responde seguro: “la gente desconoce del origen de la obra”.

“Yo tuve varios ‘sueños’, desde que tenía 16 años. El mismo Cristo, que estaba dos metros de mí, me dijo que debía escribir cómo fue su dolorosa muerte y enseñársela al pueblo”. En ese tiempo, rememora, trabajaba como obrero de la textilera Patriotismo, en la comunidad vecina de La Libertad.

“En 1959 me acosté a dormir como siempre. Sin pensar en nada. Fue en ese año cuando se dio mi primera ‘visión’ con Jesús. Soñé que mi casa estaba rodeada por gente que me estaba esperando, con palos y piedras. Como ya no me dejaron entrar, me fui corriendo por todo el río Atoyac y la calle que ahora se llama Esteban de Antuñano. Más adelante me metí a un templo. Ahí estaba Jesús clavado en la cruz. No era un bulto, era él en persona, y me dijo: ‘debes regresar con ellos y enseñarles cómo morí en la cruz’”, relata, como si lo estuviera viendo.

Ya en el última “visión” de las seis, revela, le trazó el recorrido, casa por casa, que debe caminar la procesión durante la Semana Santa.

El siguiente paso fue escribir su muerte. “Me senté día y noche, durante tres meses. Él fue quien me dictó el libro, porque yo no conocía nada de su vida”. Después llevó el documento con el arzobispo Toriz y tras su lectura, se le otorgó un permiso para escenificar la Pasión de Cristo.

A raíz de entonces y de manera ininterrumpida ha llevado en hombros 130 kilos, que es lo que pesa la cruz.

En la primera crucifixión del hijo dios, en 1960, sólo participó su familia: hermanos, sobrinos y primos, “quienes eran los únicos que creían en mí”, pero la respuesta de la gente fue como avispas al panal. “Ese día del Vía Crucis, los cuatro pozos de agua de la comunidad no se dieron abasto. Hasta se vendió por cajetitos”.

A medio siglo de ello, más de 500 personas, entre parientes y gente del pueblo, conforman el elenco artístico de la obra “soñada por dios”, como el mismo Morales la califica.

Este año, se tenía previsto que su retirada se diera con la inauguración del nuevo recinto que se construye ex profeso para el viacrucis, en el terreno de la Cohetería, y por la que el comité organizador de la procesión ha realizado varias gestiones para su realización. Pero, lamenta que el auditorio no esté terminado. Ya le tocará a otras generaciones.

La representación teatral se llevará a cabo el jueves 1 de abril a las 19 horas, y el viernes 2 de abril a partir de las 10 de la mañana. Se recomienda llegar con anticipación para encontrar buen lugar.

 
 
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