Independientemente de quién gane la consulta del PAN del sábado entrante, todo indica que el panismo tradicional de Puebla ye entregó la plaza, pues los dos aspirantes panistas a la candidatura a edil de la capital, Humberto Aguilar Coronado y Eduardo Rivera Pérez, ya demostraron no tener capacidad de reposicionar a su partido, y cualquiera de ellos entraría a la contienda electoral constitucional con una desventaja de entre 10 y 15 puntos frente al abanderado priista, el ex secretario de Gobernación Mario Montero Serrano.
El PRI enfrenta una situación difícil en la capital, ya que sin campaña electoral ha estado perdiendo puntos, de manera importante. Se estima que se le han esfumado más de 10 puntos y eso muestra que Mario Montero no es la mejor opción.
Esas condiciones, en otra circunstancias tendrían al tricolor en un escenario crítico, contra las cuerdas, pero no es así porque del lado del PAN el panorama es desastroso, ya que sus indicadores no mejoran desde hace poco más de siete meses.
El panismo tiene la esperanza de reproducir el mismo esquema del PRI de hace tres años, que con Blanca Alcalá Ruiz le dio una voltereta al índice de preferencias electorales, y de venir abajo 20 puntos acabó 17 por ciento arriba del albiazul. Sin embargo, ese escenario es muy remoto que se puede volver a dar por tres factores:
1. Humberto Aguilar Coronado y Eduardo Rivera Pérez, ambos panistas de cepa, fueron los instrumentos del Yunque –en su ala moderada y radical para frenar la posibilidad de que la candidatura de la coalición Compromiso por Puebla tuviera un candidato atractivo, competitivo, que no estuviera unido a la imagen de mediocridad, corrupción, inseguridad y crisis económica que inspira el presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa.
Si el candidato opositor hubiera sido el ex alcalde de la capital, Enrique Doger Guerrero, éste hubiera tenido la posibilidad, con la mano en la cintura, de entrar a la campaña electoral constitucional con una ventaja de 10 puntos sobre el priista Mario Montero Serrano, quien ya demostró que difícilmente crecerá más en su índice de intención del voto.
2. Desde agosto de 2009 –de acuerdo con las mediciones demoscópicas de La Jornada de Oriente– y hasta la fecha, el índice de rechazo hacia Felipe Calderón Hinojosa y los resultados que ofrece su gobierno ha sido constante y por arriba de 52 por ciento.
Eso hace que el anti–panismo sea casi igual de grande que el anti–priismo que priva en las clases media y altas de la ciudad de Puebla.
Esa situación tiene estancado al PAN, que aunque mantiene un índice estable de preferencia de votos, no sube más allá de 22 por ciento.
3. Los aspirantes del blanquiazul, Humberto Aguilar Coronado y Eduardo Rivera Pérez, ya han hecho campaña, han estado presentes en medios de comunicación electrónicos, en la vía pública y entre la militancia albiazul. Eso los tendría que tener en una posición alta de índices de conocimientos y de preferencias electorales. No es así.
Ambos panistas cuentan con un índice de preferencia del voto inferior al que tiene su partido, que es de 22 por ciento y se alejan mucho del porcentaje de Mario Montero que es más de 40 puntos.
Eduardo Rivera tiene 21 por ciento de intención del voto –en población abierta–y Humberto Aguilar Coronado de 17 por ciento, de acuerdo con el último sondeo de La Jornada de Oriente.
En la capital, la figura del candidato a gobernador de la coalición Compromiso por Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas, ha crecido de manera destacada, a tal grado que se ubica apenas cinco puntos debajo de su contrincante de la coalición PRI–PVEM, Javier López Zavala, quien siempre ha tenido dificultades para mejorar su imagen en los principales centros urbanos del estado.
Ese incremento de Moreno Valle se debería ver reflejado en los aspirantes del albiazul que buscan el cargo de edil de la capital, pero no es así. Eso mostraría que:
A Moreno Valle Rosas lo ubican como un opositor al marinismo, pero no lo ven 100 por ciento panista. Y eso le ayuda.
En cambio, a quienes la gente sí ve como auténticos y tradicionales panistas, que es el caso de Aguilar Coronado y Rivera Pérez, no se les otorga el mismo grado de confianza ni de respaldo. Por eso sus índices son bajos y no se acercan a los de Rafael Moreno Valle.
En ese esquema, Rivera o Aguilar parecen ser una amenaza para la campaña de Moreno Valle. Son un lastre.
En cambio, Mario Montero Serrano, con todo y las dificultades que está enfrentando para posicionarse bien en el electorado, es un candidato que podría ayudar a Javier López Zavala a incrementar sus números en la capital.
El candidato a alcalde es el que tiene la misión, en este tipo de elección, de ayudar al aspirante a gobernador de su partido a subir en las encuestas.
Tal parece que ese esquema puede funcionar en el PRI.
En el PAN hasta ahora no hay condiciones para ello.
Y todo por la ambición de el Yunque de no dejar pasar como candidato de la capital a un candidato que no sea parte de la alcurnia panista.
Dicho de otra manera, la derecha le dio –de manera involuntaria–un importante respiro electoral al PRI.