Pese a que uno de mis propósitos para este 2010 es abrazar una conciencia new age en paz con el mundo, en la que mi hígado no resulte más lastimado de lo que ya se encuentra, a veces me resulta imposible seguir con tan buena intención.
Una mujer empeñada en que el foquito verde de una direccional no significa vuelta a la izquierda, sino más bien un rebásame ya, o el nuevo policía del edificio de la editorial que insiste en que yo no soy la Gabriela Conde que lee en su lista de visitantes asiduas (con todo y que él mismo me ha dejado entrar y salir unas 17 veces en los últimos tres días tras mostrarle cualquier cantidad de credenciales y casi de vacunas), o la mesera de hace rato que me pidió sin amabilidad ordenar mi comida o entonces desocupar la mesa del establecimiento vacío..... (+)