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Jueves, 18 de marzo de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 ESTÉTICA Y SALUD 

La apoplejía y la hipertensión ocasional

 

La hipertensión arterial está relacionada de 50 a 70 por ciento de todos los casos de hemorragia dentro del tejido cerebral
Rafael H. Pagán Santini

La presión arterial es algo de lo que debemos estar pendientes. Por lo que general nos sentimos tranquilos cuando nos tomamos la presión y, sólo en ocasiones, se presenta por encima de lo normal. Sin embargo, esta señal no debe ser menos preciada, ya que nos pone en riesgo de un derrame cerebral. Estas variaciones son identificadas como “hipertensión ocasional” y las personas que la padecen tienen un mayor riesgo de sufrir derrames cerebrales que aquellas que constantemente mantienen una hipertensión sistémica.

La enfermedad cerebrovascular, apoplejía, ataque al cerebro, son nombres que se le dan a dos eventos que, aunque diferentes, resultan en una misma cosa, la muerte de las células del cerebro. Un ataque al cerebro ocurre cuando se “obstruye” o se “rompe” uno de los vasos sanguíneos que suministran oxígeno y nutrientes al cerebro. En cualquiera de las dos circunstancias una parte del cerebro no recibe sangre, y por consiguiente, tan poco recibe oxígeno, lo que hace que las células del cerebro comiencen a morir.

Los eventos hemorrágicos del cerebro son producto de la ruptura de vasos sanguíneos. Esta ruptura genera un episodio de sangrado dentro del tejido cerebral, con acumulación de sangre y formación de hematomas. La hipertensión arterial está relacionada de 50 a 70 por ciento de todos los casos de hemorragia dentro del tejido cerebral. La hipertensión produce cambios degenerativos en la membrana de los vasos sanguíneos participando en la formación de microaneurismas en la pared de los vasos sanguíneos de pequeño calibre.

Se desconoce en detalle por qué las fluctuaciones ocasionales incrementan el riesgo de padecer una apoplejía, pero se piensa que pone excesivo estrés sobre el organismo. Las fluctuaciones rápidas, hipotéticamente, pueden provocar problemas en la corriente sanguínea, lo que a su vez puede causar daño en las arterias.

El bloqueo de una arteria por un coagulo causa un ataque cerebral isquémico (obstrucción de la sangre). Se le identifica como infarto cuando el área afectada se priva súbitamente de la circulación sanguínea por obstrucción de vasos arteriales o venosos acompañado del conjunto de fenómenos morbosos consecutivos a esta obstrucción. La isquemia inicia un proceso inflamatorio, aumenta la permeabilidad microvascular (genera edema), y produce hemorragia en el área afectada, además del daño directo en las células por la falta de oxígeno.

Los ataques isquémicos pueden ser transitorios y ocurren cuando un coágulo de sangre bloquea temporalmente a una arteria, haciendo que una parte del cerebro no reciba un suministro suficiente de sangre. Las señales de aviso son iguales que las de un ataque cerebral. La mayoría de los episodios de isquemia transitoria resuelve en menos de 24 horas. Este tipo de isquemia ocurre también en la retina y se le conoce como “ceguera monocular transitoria”, puede durar tan poco como 10 segundos.

Aunque el cerebro representa sólo 2 por ciento del peso corporal total, consume 20 por ciento del oxígeno utilizado por el cuerpo. El flujo sanguíneo cerebral normal es de 50 ml/100g de tejido cerebral/min, lo cual quiere decir que un cerebro de peso promedio tiene un flujo sanguíneo cercano a 750 ml/min. La reducción del flujo sanguíneo al tejido cerebral acidifica su medio ambiente, y si ocurre de forma irreversible las puede llevar a la muerte.   

La evaluación rápida de una persona con síntomas neurológicos comienza antes de llegar al hospital. La efectividad del tratamiento para evitar daños mayores en el área afectada del cerebro dependerá de que éste pueda llevarse a cabo en las primeras horas después del ataque. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos de un ataque al cerebro evitará demoras innecesarias en el tratamiento.

Si una región del cerebro muere por falta de flujo sanguíneo, la parte del cuerpo controlada por esa región se ve afectada también. Cuando está ocurriendo un posible ataque cerebral debemos enfocarnos en tres signos primordiales: la debilidad o parálisis ligera de la cara, la desviación o el arrastre del brazo y la anormalidad en el habla. Estos son tres signos pueden variar en gravedad uno del otro, pero todos reflejan un posible daño cerebral. 

No debemos ignorar los resultados aislado de hipertensión. Aunque las recomendaciones para los médicos de cabecera señalan que el profesional de la salud no debe confiar en un solo resultado inusual, se indica que el paciente debe volver otro día y se le debe tomar la presión arterial de nuevo y siempre y cuando ésta no sea consistentemente alta, no hay necesidad de tratamiento. Sin embargo, La Stroke Association (Asociación contra el Derrame Cerebral del Reino) y la revista científica The Lancet, han puesto una voz de alerta sobre la hipertensión ocasional.

 

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