Cuetzalan. “La agricultura orgánica contribuye a rescatar y construir la autonomía de los pueblos indígenas, pues con ella muchos campesinos de América Latina comienzan a decidir sobre los propios medios de producción, de tal manera que es un mecanismo para enfrentar esa “inamovilidad” provocada por la producción industrial, afirmó el especialista en agricultura orgánica Jairo Restrepo Rivera, quien se encuentra en esta ciudad impartiendo un curso sobre el tema a un grupo de campesinos de la región.
En una entrevista que concedió a La Jornada de Oriente, el colombiano señaló que con la producción industrial se provocó una paralización de los campesinos y uno de los factores de la inmovilización es la comodidad de los insumos químicos que hicieron que muchos productores fueran desapareciendo y saliendo de sus medios de participación directa. Frente a la crisis de abandono en el campo mexicano, agregó que la única manera de enfrentar la situación es que los campesinos comiencen a tener mecanismos de organización y autonomía, y de hecho, los mejores modelos de autonomía que hay en América Latina son los que se construyen a partir de los propios campesinos y no existe un ejemplo que una autonomía se haya formado a partir del estado.
“En cambio, hay modelos y mecanismos de pequeñas organizaciones campesinas que comienzan a fortalecer autonomías y también hay comunidades muy antiguas que resisten y tienen su autoconsumo y su autoproducción. Hay mucha gente que piensa que tener acceso a la tecnología es tener bienestar, pero la tecnología crea dependencia y comodidad, y esto no es bueno para la vida campesina”, indicó.
En el mundo hay aproximadamente 80 millones de hectáreas de agricultura orgánica, mientras que en América Latina existen más de 50 mil propiedades de este tipo, siendo Argentina, Perú y Brasil los que más figuran en este aspecto. En la región, México destaca principalmente en la producción de café con un volumen anual de más de medio millón de sacos, producidos sobre todo en Chiapas y Oaxaca.
“Es una respuesta inmensa frente a la crisis que hay de la economía petrolera”, y de hecho, esa propia industria le interesa ahora a la agricultura orgánica, pero no para cambiar el modelo de la sociedad sino para cambiar su modelo de venta de insumos, pero los campesinos han reaccionado con alternativas más sanas que están a su alcance. “Es un empoderamiento de su propia decisión en cómo producir sus alimentos”.
Pero pese a ocupar uno de los lugares importantes, en nuestro país también hay mucha producción orgánica que aun no cuenta con la certificación porque este mecanismo es “excluyente” en la medida en que implica un costo extra para el productor, además de que la misma certificación, aunque incrementa la ganancia del productor, no fortalece la autonomía de las comunidades indígenas al promover un consumo para ciertas élites.