Fue la del miércoles la última fecha FIFA antes del mundial. Y los cuatro integrantes del grupo de México vieron acción. Mal Francia –bailado en Saint Denis por la Roja de España– y en el limbo el anfitrión, el Tri y Uruguay dejaron, en cambio, buenas sensaciones. Los artilleros de la celeste porque parecen próximos a su punto de ignición, noticia peligrosa donde las haya. Y México porque la explosividad del Chicharito se trasladó con todas naturalidad de las Chivas a la Selección, animando de paso a Vela, y removiendo la dinámica general del conjunto, muy maniatado en el primer tiempo contra Nueva Zelanda pero suelto y emprendedor en el complementario.
En otro planeta, España y Brasil simplemente confirmaron su sólida condición de favoritos.
Buen segundo tiempo
El primero fue decepcionante. Enfrente había una colección de troncos, tan duros de trato como de cintura. Pero Cuahutémoc anduvo a la deriva, y su influencia sobre Gio resultó claramente inhibitoria. Y eso que, junto con Guardado, era el más decidido de los europeos importados por Aguirre. Pero con Cuau se quedaron en el vestidor Torrado y De Nigris –perdidos ambos– y los recién ingresados Chícharo y Vela fueron veneno puro para Nueva Zelanda. Y goles para México. Primero Javier, mediante certero frentazo a bonito centro de Salcido (54’), y enseguida Carlos, en jugada de fuerza concluida con fusilamiento (57’). Que éste es un equipo que anota a rachas lo confirmaría el silencio posterior de nuestros cañoneros. Pero ya México era dueño del partido y en ningún momento peligró su posiición. Tanto que los numerosos cambios que introdujo el Vasco en su línea defensiva no sirvieron para probar nada. Salvo que el largo viaje del Maza, Salcido y Osorio no había sido en balde.
Para la historia
Nunca dos hermanos (Gio y Jonathan dos Santos) jugaron juntos tantos minutos para el Tri (61’, cuando entró Braulio Luna por el mediocampista del Barcelona). Antes, sólo había coincidido una vez Ramón y Nicolás Ramírez, durante la eliminatoria previa a Francia 98: Nico actuó los 90’ y Ramón ingresó a los 82’ (16.11.97).
Sudáfrica
Jugando en casa, a duras penas logró empatar a uno con Namibia. Faltaban en la alineación varios titulares (Parker, Peinar, Sibaya, Masilela, Fantani), pero tampoco con ellos en el campo ha conseguido impresionar el futuro anfitrión de la Copa. Es improbable que Manuel Vidrio haya observado algo aprovechable de su excursión de espionaje a Durban.
Garra y puntería
Uruguay fue a Suiza y ganó con autoridad a los helvéticos, que habían abierto el marcador pero fueron claramente superados por la Celeste. Ésta no ofreció grandes novedades tácticas ni dejó de ser el equipo áspero de costumbre, pero sus artilleros Forlán y Luís Suárez confirmaron que están en gran momento. Ellos fueron los responsables del empate (Forlán) y la remontada (Suárez), dejando al joven Edison Gómez la gloria del 1–3 definitivo. Como ataque, debe ser los más fuertes del Grupo A, por más que aquí despierte ilusiones nuestro enrachado Chicharito.
Decadencia
Si se trata de parecer optimistas, ahí está el ridículo que hizo Francia ante una imponente España, en París. visitante español. Por más que los Henry, Ribery, Evra, Diarra o Anelka sigan cotizándose individualmente más que el equipo mexicano entero, se trata de un grupo en situación terminal, presa de la desidia, los años y la nulidad de Doemench como entrenador. Lo certificó su propio público, coreando con olés el baile y abroncando duramente a los suyos durante y al final del 0–2 de los rojos sobre un cuadro sin moral ni juego, cuyas perspectivas para Sudáfrica pintan de un castaño muy oscuro.
Sudamericanos
Jugando en el estadio del Arsenal, no fue rival Eire para Brasil, beneficiado con un autogol y la anotación final de Robinho, corolario de una gran acción conjunta con doble taconazo incluido. Como equipo, la verdeamerelha no impresiona, pero en materia de individualidades no tienen rival.
Por su parte, Argentina, vengó en Munich la eliminación del último mundial. derrotando a Alemania por la mínima en partido para el olvido. Anotó el madridista Higuaín mientras naufragaba Messi, víctima del cerrojo impuesto por Maradona, cuyo pánico a la derrota no conoce límites. Mas con una zaga veterana y leñadora como base, y un medio campo abocado a destruir juego y vivir del pelotazo nada bueno puede augurarse a la albiceleste. Y en principio, tampoco a los alemanes, aunque ya se sabe que un mundial los tonifica extraordinariamente.
Otra dimensión
Francia tuvo la mala suerte de encontrarse con el combinado más en forma del concierto mundial. Pues lo cierto es que España, dispone hoy de una velocidad extra en su caja de cambios, y está para superar cualquier reto. Si esto fuese la Fórmula Uno, diríamos que puede despegarse a voluntad de los demás autos con sólo aplicar esa marcha extra. Si hubiera que comparar su dibujo táctico con una impresión visual, elegiríamos el caleidoscopio como referencia: es capaz de pasar en instantes del rombo al trapezoide, o abandonar de pronto su tendencia a juntar piezas en espacios cortos y abrir la cancha por instinto, para alargar el dibujo y convertirse en un equipo largo: dos toques y vámonos. Lo que se llama cambiar de ritmo, la gran arma histórica y cultural de los brasileños, que hoy por hoy la Roja aplica mejor incluso que los pupilos de Dunga.
Fin de semana
En Tuxtla, Jaguares desinfló el globito rojiblanco bajo el peso de un inesperado 4–0, que entre otras cosas relativiza el mérito de la previa hazaña del Guadalajara –ocho victorias consecutivas–, repartiéndolo entre aciertos propios y la ausencia de rivales de peso propia de nuestra Primera División.
Peor nos supo lo del Puebla, que en CU jugó a perder y lo logró con creces: amontonamiento en la divisoria, un océano de facilidades atrás y nada al frente. Pumas cobró cuatro goles que bien pudieron duplicarse, y el árbitro hizo lo suyo ignorando posible fuera de juego de Bravo previo al cuarto tanto, y no marcando gol cuando Bernal devolvió desde detrás de la línea de meta un balón que venía de rebotar en el poste.
Pero esta vez ahora sí no es posible salvar a nadie. Y menos que a nadie al Chelís, que en la segunda parte perdió por completo la brújula, abandonando la plaza para enviar a su equipo al sacrificio sin armas ni pertrechos. Y con Palau lesionado.