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Miércoles, 24 de febrero de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 MEDICINA E INVESTIGACIÓN  

Diferencias biológicas entre el hombre y la mujer

 
RAFAEL H. PAGÁN SANTINI

 

En nuestra especie, al igual que en otros mamíferos, los hombres y las mujeres difieren con respecto a la morfología, fisiología y la conducta. Dados los descubrimientos en animales, los estudios comparativos neurofisiológicos se han enfocado hacia el hipotálamo y estructuras adyacentes.

Es obvio que una explicación científica de la conducta sexual y parental humana implica mecanismos neuroendócrinos y conductuales que se han conservado filogenéticamente. Aunque, existen divergencias con respecto a la localización y la nomenclatura de las regiones hipotalámicas que se han descrito se puede decir, que en el hipotálamo de nuestra especie hay dimorfismo sexual.

El núcleo sexualmente dimorfo del área preóptica (NSD–AP) del hipotálamo en el hombre tiene un tamaño y un número mayor de células que el de la mujer.

Como hay más de un núcleo sexualmente dimorfo en la región del área preóptica y el hipotálamo, en vez de utilizar la nomenclatura NSD–AP, se distinguieron cuatro núcleos, que se denominaron núcleos intersticiales del hipotálamo anterior y que se conocen por su acrónimo (NIHA1, NIHA2...). Específicamente, el NIHA2 y el NIHA3 son mayores en el hombre que en la mujer. Con respecto al dimorfismo sexual, las estructuras del cerebro pueden considerarse isomorfas o dimorfas.

En estas últimas, cuando el macho presenta mayores medidas morfológicas (volumen, número de neuronas, sinapsis..) que las hembras se conoce como patrón macho > hembra y, cuando ocurre lo contrario, como por ejemplo, en estructuras como las divisiones medial anterior y lateral anterior del núcleo de la estriada terminal, el núcleo arqueado, el locus coeruleus, se denomina patrón hembra >macho. Estas diferencias numérarias y en tamaño se traducen en comportamientos facilitadores o inhibidores.

Las hormonas sexuales realizan la organización de la diferenciación sexual de las estructuras neuronales mediante la acción genómica. La hormona esteroide, ligada a su receptor intracelular, incide sobre la transcripción del ADN y sobre la síntesis de proteínas. En el caso del patrón macho de diferenciación macho > hembra, esa acción genómica tendrá como consecuencia la prevención de la mortalidad neuronal en ciertas estructuras del cerebro del macho, como en el caso del sistema vomeronasal en los animales.

Se pueden identificar tres momentos donde hay niveles dimorfos de hormonas gonadales; una ocurre durante la primera mitad del embarazo, cuando se está formando el tracto genitourinario; otra, en la época perinatal, en la que los niveles de testosterona son mayores en los chicos, y en la pubertad. En nuestra especie, la testosterona es la hormona que produce la diferenciación sexual del patrón dimorfo en los núcleos neuronales.

Tanto en la medicina como en campos afines hay un entendimiento básico de que existen diferencias marcadas en la epidemiología, en las manifestaciones clínicas y en las terapias de las enfermedades, dependiendo del sexo. Sin embargo, los fundamentos biológicos de estas diferencias son poco conocidos1.

El hombre, aunque presenta cierta disminución en su fecundidad con el tiempo, la espermatogénesis se mantiene activa durante toda la vida, a diferencia de la mujer que deja de ovular en la menopausia. Mientras que el hombre se mantiene fértil de manera continua, la mujer sólo es fértil una vez al mes por un periodo de 12 horas. Estas diferencias radican en la forma en que las células germinales son desarrolladas desde el periodo fetal y en la forma en cómo interactúan las hormonas. La mujer comúnmente se ve afectada de tres a 10 veces más que al hombre por enfermedades como el lupus eritematoso sistémico, la esclerodermia, la esclerosis múltiple y, la enfermedad de Grave.

Lo único que estas enfermedades tiene en común es que todas son producto de un proceso autoinmune. Por mucho tiempo se pensó que los esteroides producidos en las gónadas jugaban un papel principal en esta disparidad, pero el descubrimiento de que las células fetales pueden persistir en la circulación de la madre décadas después del alumbramiento ha obligado a la elaboración de una mejor hipótesis; la presencia de esas células extrañas proveen una exposición antigénica que podría ser la fuente de esta elevada reacción inmune en la mujer.

Las hormonas sexuales presentan actividades diferentes a tres niveles; primero el de las gónadas, luego a nivel intracelular y por último a nivel de tejidos no relacionados con la reproducción. Tradicionalmente se ha identificado a los andrógenos (testosterona) con las características masculinas y a los estrógenos (estradiol) con las femeninas. Sin embargo, los andrógenos son sintetizados tanto en los ovarios como en los testículos y luego parcialmente convertidos en estrógenos del tipo de estradiol y de estrona. Ya que ambos sexos producen las mismas hormonas las diferencias fisiológicas son necesariamente cuantitativas. Por ejemplo, los testículos producen aproximadamente 7 mil g de testosterona por día y convierten 0.25 por ciento en estradiol. Básicamente, los ovarios producen 300 _g de testosterona por día, pero convierte la mitad en estradiol. 

La actividad de las hormonas sexuales relacionada directamente con el material genético es de particular importancia en el cerebro ya que, guarda relación con la conducta y a la identidad sexual, a la selección de pareja y otros eventos relacionados con el sexo.

El sistema neural que se relaciona con la fisiología y las conductas reproductoras, es el causante del dimorfismo sexual que se observa entre los sexos con relación a la conducta sexual y la parental.

Existen otros tipos de tejidos, no relacionados con la reproducción, que son influenciados por las hormonas sexuales.

Los estrógenos tienen un efecto directo sobre la proliferación cartilaginosa, en la síntesis y calcificación de la matriz ósea y en la morfogénesis de los huesos, efectos que formalmente eran atribuidos a la testosterona. Estudios recientes han demostrado que los estrógenos tiene un efecto dramático sobre el tejido cardiovascular y sobre su funcionamiento. Su acción es principalmente de protección contra la arteriosclerosis y contra la disfunción endotelial.

El cerebro de los mamíferos se diferencia sexualmente durante periodos críticos perinatales. Este proceso de diferenciación sexual, que afecta a redes neurales complejas, se conforma con múltiples señales, estando implicados neurotransmisores, hormonas esteroides y otros agentes.

A consecuencia de esto se organiza un cerebro masculino y uno femenino en el que, a su vez, podemos encontrar patrones neuromorfológicos2.

1 N. Engl. J. Med. 354; 14. p.1507–1514 

2 A. Guillamón, S. Segovia, Diferenciación sexual del cerebro y conducta sexual, ed Viguera, p. 517–541

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