La presentación de la alianza opositora Compromiso por Puebla –ocurrida ayer en el Centro de Convenciones– demostró que esta unión de partidos no representa un proyecto real de democratización de los poderes públicos del estado, un combate efectivo a la corrupción y la impunidad, ni la innovación de las políticas públicas que no han logrado recudir la desigualdad social. Atrás de dicha formación no existe ningún plan de gobierno diferente, novedoso, de vanguardia. El único propósito es la conquista del poder por parte de los grupos de interés que promueven a Rafael Moreno Valle Rosas.
Eso quiere decir que en la elección del 4 de julio lo que en términos efectivos estará en juego es:
Una lucha para que el control de los poderes públicos quede en manos del grupo político del actual mandatario estatal, Mario Marín Torres, o bajo el control de la presidente del SNTE, Elba Esther Gordillo Morales, quien ejerce uno de los cacicazgos más viejos y férreos del país.
Desde luego que no es un avance democrático para el estado que un mismo grupo del PRI tenga la posibilidad de estar muchos años en el poder, más allá del actual sexenio, pero eso no necesariamente significa un cacicazgo, y si un valor tiene el marinismo es que sus posiciones siempre los ha conseguido en las urnas, mismas que puede perder por esa vía.
En cambio, el poder de Elba Esther Gordillo se ha formado por un control caciquil y violento del SNTE, sin que los maestros intervengan en la elección de sus dirigentes gremiales. Y esa fuerza ha crecido por la presión que la “maestra” ejerce chantajeando a los gobernadores de todos los partidos, y si no ceden a sus exigencias económicas provoca movimientos desestabilizadores contra los mandatarios que se le rebelan, además de utilizar las cuotas de los profesores en un conglomerado de empresas.
Queda claro que la incrustación del ex priista Rafael Moreno Valle en el PAN fue exitosa gracias a la intervención de su mentora, Elba Esther Gordillo Morales, quien actualmente en cada estado del país juega de manera diferente; en unas entidades se alía con el PRI y en otras con la reacción, es decir con Acción Nacional, tal como ocurre en Puebla.
Durante la presentación que ayer hicieron los dirigentes nacionales del PAN, César Nava; del PRD, Jesús Ortega Martínez; Jorge Kahwagi Macari, del Panal, y Luis Walton Aburto, del Partido Convergencia, los discursos se centraron en tres temas torales:
1. Sacar al PRI del poder, después de más de 80 años de gobiernos tricolores en Puebla y como parte de un proyecto nacional para cerrarle al Partido Revolucionario Institucional el camino de recuperación de Los Pinos.
2. Combatir la corrupción e impunidad.
3. Abrir una alternativa política a los desertores del Partido Revolucionario Institucional.
Esos planteamientos son genuinos y válidos. Eso no se cuestiona. Lo que es negativo es que atrás de esos planteamientos no existe ninguna propuesta real de democratización del estado, ni mucho menos un combate a los vicios de los poderes públicos ni de mejoramiento del bienestar de la población.
Visto de otra manera, no hay un proyecto de gobierno que realmente rompa con los actuales esquemas del poder público. Lo único que mueve a los líderes de PAN, PRD, Convergencia y Panal a unirse es la actitud pragmática de quitar a Mario Marín del Poder Ejecutivo y de obtener cargos públicos. El interés de la población queda en el plano secundario.
Hasta ahora yo no he sabido que los miembros de esa alianza propongan crear una contraloría y una fiscalía que sean autónomas, independientes, y que eso permita que sus titulares se manejen al margen de intereses políticos, que no tengan como jefe al gobernador y que en un momento dado puedan proceder contra el jefe del Poder Ejecutivo en caso de violación del orden legal.
Tampoco se ha planteado algún esquema para desaparecer fideicomisos y otros mecanismos de los que han echado mano los gobiernos de Acción Nacional para evitar la fiscalización de una parte importante del erario que se gasta con absoluta discrecionalidad.
Mucho menos se ha planteado un cambio radical de políticas públicas para mejorar el ingreso de las familias, para recapitalizar el agro, para sacar de la marginación a las comunidades indígenas, para paliar la pobreza urbana y frenar los flujos migratorios hacia Estado Unidos. Ni mucho menos se ha tocado la posibilidad de que en Puebla se legisle la revocación del mandato de un gobernante cuando el grueso de la población así lo determine por medio del referéndum o el plebiscito. Ni tampoco que se proponga castigar con efectividad la discriminación. Por el contrario, el PAN ha emprendido una campaña de homofobia y en contra de las mujeres que quieren ejercer su derecho de abortar.
Un conjunto de preguntas claves son las siguientes:
¿Si a Rafael Moreno Valle Rosas realmente le interesa mejorar la educación pública estaría dispuesto a quietarle privilegios al SNTE?
¿Eliminaría a los más de 2 mil profesores que están comisionados en el estado de Puebla; es decir que ganan un salario y no están al frente de un grupo de alumnos?
¿Transparentaría el uso de los cuantiosos recursos que el gobierno del estado otorga al SNTE como resultado de una negociación salarial anual?
¿Le quitaría al sindicato magisterial el privilegio de otorgar plazas a personas que no tienen preparación académica para ser docentes?
Es claro que si Moreno Valle gana las próximas elecciones el primer efecto será que el SNTE controlará la Secretaría de Educación Pública, tal como ha ocurrido en aquellos estados donde han llegado al poder gobernadores que son cobijados por Elba Esther Gordillo.
Tal como están planteados los alcances de la Alianza Compromiso por Puebla, estos se recuden a las siguientes conclusiones:
Lo único que se busca es quitar a Mario Marín para poner a Rafael Moreno; es decir, se quiere que Moreno Valle se convierta en gobernador, pero sin cambiar las actuales condiciones en que se ejerce el poder político.
Se busca que ocurra lo mismo que con Vicente Fox en el año 2000, que gane la alianza Compromiso por Puebla con la bandera del cambio para que al final, cuando Moreno Valle llegue al poder, nada cambie.