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Miércoles, 17 de febrero de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN 

Los huehues

 

Los carnavales son la ocasión propicia para que los “huehues” organizados en “manadas”, “cuadrillas” o “comparsas”, revestidos de elegantísmas formas, deambulen por plazas, atrios, calles y lugares públicos, bailando y bebiendo. Vieja costumbre la del “Huehuetiliztli–Mitotiani”
EDUARDO MERLO

Dedico esto al ilustre sanjuliano–amaxaquense: Federico Silva, no por “huehue”, sino para

inspiración escultórica

 

La palabra “huehue” viene de la lengua náhuatl; el famoso “vocabulario en lengua castellana y mexicana”, elaborado por el inolvidable y erudito religioso franciscano: fray Alonso de Molina, impreso en 1571, dice: “Veue. Viejo o anciano”. Más adelante de esta definición apunta: “Vuevueyotl. Vejedad o costumbre y propiedad de viejos”. Quizá el lector se asombre del uso de la “v”, pero en el siglo XVI todavía se utilizaba indistintamente como “u”, resultado de la influencia del latín clásico. Años después, al castellanizarse, al menos en la escritura, la lengua náhuatl, se añadieron “h” a muchas palabras, una de ellas fue “huehue”. El mismo fraile anota otras palabras derivadas de la anterior: “Veuetcáyotl. Edad de viejos o vejedad”. También existe la palabra “Vevuetiliztli”, que alude a la vejez. Para los antiguos habitantes de estas tierras, el carácter de viejo fue totalmente distinto al actual concepto; lamentablemente hemos permitido que las nuevas generaciones sean “amátridas” y “apátridas”, puesto que se avergüenzan de los viejos y consideran absolutamente un lastre todo lo que viene de ellos. Por el contrario, para las antiguas culturas los viejos eran el símbolo del absoluto respeto, eran ellos los guardianes de la cultura, el nexo inmediato con los antepasados. Muchos de los pueblos prehispánicos reconocían a sus autoridades dándoles el calificativo de “Veuentintlatoque” o “huehuentintlatoque”, es decir, “los que tienen la palabra ancestral”, inclusive se denominan “huehueyohuan” a los funcionarios que tenían cargos de autoridad, pues huehuetcáyotl era como el cúmulo de experiencia y sabiduría. “Veuetlatía” o “huehuetlatía”, era la facultad de dar posesión de un cargo oficial a quien había sido designado como tal. En caso de mal gobierno o corrupción, se podía aplicar el “huehueloa”, que es quitar o despojar a alguien del don de mando. Inclusive existe la voz: “Huehueipolli”, que alude a quien es fuerte o membrudo, no especificando que se refiera solamente a lo físico, sino a lo espiritual. Con esto ya no suena extraño que en los estados prehispánicos bien constituidos, existiera una especie de consejo de ancianos llamado “huehuetlatolli”, cuyas decisiones debían ser tomadas en cuenta por encima de la propia autoridad del gobernante.

Entre los antiguos señoríos tlaxcaltecas, está el ejemplo del llamado Huehue Xicoténcatl, señor de Tizatlán, quien al decir del cronista Muñoz Camargo, tenía más de 120 años cuando llegaron los españoles; a esa increíble edad, las arrugas habían cerrado sus ojos, de tal manera que para ver, era preciso subirle los párpados. Era el más respetado de los cuatro grandes, ya que por su edad, la opinión que emitía era contundente, auténtico huehuetlatoani cuya decisión convenció a sus camaradas para aliarse a los hispanos.

Otra voz se dice “Huehuento” que significa vejezuelo, aludiendo a quien se avejenta demasiado temprano, palabra que degeneró en “huehuenche”, y que se utiliza hoy en día para designar a quienes bailan en danzas tradicionales, aunque al menos en el centro del país, se les dice “huehues” y existe una poderosa razón para darles ese apelativo.

Ha sobrevivido desde esos remotos tiempos, una serie de costumbres entre las cuales están unas danzas, a cuyos ejecutantes se les llama “huehues”; hay una poderosa razón para así nombrarles. Incluso el atabal o tambor vertical, se denominaba “huéhuetl”, del que existe una muestra prehispánica conservada en el museo regional de Toluca, el cual tiene en los relieves tallados en la madera del instrumento, la figura de un “zopilóatl”, ave que representa la “huehuéyotl” o vejez, por una parte,  y por la otra la “huehuetzca”, que es desternillarse de risa; así el “huehuetzotzoani” o atabalero, era por eso mismo un “huehuetzcani”, es decir, alguien alegre y risueño. El “huéhuetl” o tambor, servía y sirve aun, para llamar a la concurrencia a algún mitotiliztli o fiesta, como una boda o para el “ilhuitl” que es festividad religiosa, al final de lo cual se tocaba una “huehuetzquitía”, que es dar las gracias amables o risueñas, a los concurrentes, dice Muñoz que “tenían atambores hechos de mucho primor, altos, de más de medio estado... que suenan algunos más de media legua... y con estos atambores acompañados de unas trompas de palo y otros instrumentos a manera de flautas y jabebas, acompañados con estas cosas, hacen extraño y admirable ruido, y tan a compás sus cantares y danzas y bailes, que es cosa muy de ver”.

Muy importante es decir que los códigos de conducta social eran mucho más severos que los nuestros, por ejemplo en cuanto a la embriaguez, que era algo que provocaba escándalo y dejaba mal parados a los ebrios. Otra vez citamos a Muñoz Camargo, quien afirma: “... las borracheras eran muy prohibidas entre ellos, y no bebían vino sino los muy viejos y ancianos; y cuando algún mozo lo bebía y se emborrachaba moría por ello; y ansí, se daba solamente a los muy viejos en república o cuando se hacía alguna fiesta muy señalada, se daba con mucha templanza a los hombres calificados viejos honrados y en las cosas de la guerra jubilados”. La mención del cronista tlaxcalteca es precisa, pues ya en el antiquísimo fresco denominado “Los Bebedores”, en uno de los edificios adosados a la “Gran Pirámide” de Cholula, se advierte que los personajes que están bebiendo, muchos tienen máscaras y otros claramente son ancianos, lo que corrobora el dicho y le sirve de antecedente, el fresco data aproximadamente del siglo III d.C., con lo cual las restricciones eran ya aplicadas entonces.

Otro cronista, el dominico fray Diego Durán, refiere: “Y es así que me han afirmado que, si al señor hallaban fuera de su juicio –fuera de los tiempos en que ellos usaban beber, que era en algunas fiestas señaladas–, dicen que le privaban del oficio y aun le mataban, si era en esto demasiado. Lo cual se guardaba con extremo rigor”. El religioso enfatiza algo muy importante: había unos tiempos para beber y estaban asociados a las fiestas principales, fuera de estas la prohibición era tan clara que hasta los mismos gobernantes eran defenestrados si se embeodaban constantemente. Entre las fiestas señaladas para beber, menciona fray Bernardino de Sahagún: “También hacían fiesta a todos los dioses del vino, y poníanles una estatua en el cu (templo) y dábanles ofrendas, y bailaban y tañíanles flautas, y delante de la estatua una tinaja hecha de piedra que se llamaba ometochtecómatl, llena de vino, con unas cañas con que bebían el vino los que venían a la fiesta, y aquellos eran viejos y viejas, y hombres valientes y soldados y hombres de guerra, bebían vino de aquella tinaja por razón que algún día serían cautivos de los enemigos; y así andaban holgándose, bebiendo vino, y el vino que bebían nunca se acababa, porque los taberneros cada rato echaban vino en la tinaja”. Este es justamente el origen de los “huehues”, pues principalmente los viejos y viejas  “huehuentin”, podían beber y beber hasta caer de borrachos, sin que en esto hubiera escándalo sino gracia, pues de hecho ya habían vivido y trabajado, y tenían derecho a disfrutar a su gusto. Frente a estas costumbres, los jóvenes, a los que estaba estrictamente prohibido tomar alcohol, sentían ganas de gozar como los adultos, y de no buscar un remedio, lo harían furtivamente, con lo cual adquirirían el vicio. Por ello, la sabiduría de los viejos halló una solución, que los jóvenes beban, canten y bailen, exclusivamente en las fiestas para ello señaladas, siempre y cuando, para no romper las reglas, se transformen en viejos, lo que es fácil, si se colocan máscaras y atuendos de los ancianos. Así surgió el nombre y la costumbre: los que bailan, que siempre son jóvenes en su mayoría, no rompen las reglas sociales al convertirse –aunque sea en forma ficticia– en “huehues”. Así se zanjó el problema y así ha perdurado a través de tanto tiempo. Los carnavales son la ocasión propicia para que los “huehues” organizados en “manadas”, “cuadrillas” o “comparsas”; revestidos de elegantísmas formas, deambulen por plazas, atrios, calles y lugares públicos, bailando y bebiendo. Vieja costumbre la del “Huehuetiliztli–Mitotiani”.

 
 
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