Nada dura para siempre, aunque hay cosas –y personas– que duran más que otras. Es así que los vientos de 2009 –y las nuevas cargas fiscales que trajo 2010, entre otras cosas–, se llevaron también al Centro Cultural Creciente y sus actividades de promoción y difusión de la música, el teatro, la literatura, o al menos una etapa que duró seis años, durante los cuales se promovió y presentó en el espacio ubicado en la 11 Oriente 205 una gran diversidad de actividades culturales, convirtiéndose en una alternativa para grupos artísticos e individuos que se iniciaban en este camino, así como en un foro en donde se presentaban propuestas novedosas y poco convencionales.
Desde hace unos días, el Centro Cultural Creciente tiene nuevos dueños. La chilena Carlota Jaque, conocida por los amigos como Loty, decidió, por cuestiones personales, traspasar su espacio a otras personas, que inicialmente ofrecieron seguir promoviendo actividades con la misma tónica que lo venía haciendo desde su creación el Creciente.
Durante los seis años del Centro Cultural Creciente, en ese espacio alternativo se presentaron grupos de teatro, de música, en sus diferentes géneros, conferencias de ciencia, lecturas literarias y talleres para niños. En los géneros musicales de rock, trova, música tradicional y jazz, se presentaron tanto grupos como solistas de Puebla y otros estados de la República. Por sus instalaciones desfilaron personajes como Francisco Barrios El Mastuerzo, Arturo Meza, León Chávez Texeiro, Mauricio Díaz El Hueso, Carlos Arellano, Efraín Rojas, el Nono Tarado, entre otros.
También solían celebrarse efemérides y la conmemoración de fechas importantes en la historia del país y de América Latina, como el 2 de octubre de 1968 y el aniversario del golpe de Estado en Chile, el 11 de septiembre de 1973, y recientemente, el aniversario de la muerte de Violeta Parra, por citar algunas.
Hace unos días, a raíz del terremoto que destruyó la capital y algunas provincias de Haití, Efraín Rojas, luchador social y trovador poblano, llamó a Loty para proponerle organizar un recital y colecta de víveres para los afectados. En otras circunstancias, ella habría aceptado de inmediato, con ese espíritu solidario que le caracterizó siempre, pero esta vez dijo que no. Había ya acordado el traspaso del Creciente, abandonando contra su voluntad el proyecto que con tanto entusiasmo inició y mantuvo durante un buen tiempo, pese a dificultades y tropiezos.
Hace precisamente un año estuvo a punto de cerrar debido a la crisis económica que ya no hacía redituable el Centro Cultural Creciente, pero gracias al apoyo de los músicos y amigos convocados se logró impedir el naufragio y mantener el espacio un año más.
Sólo resta esperar que en su nueva etapa, el Creciente –que por cierto ha estado cerrado en estos días–, mantenga la apertura a los grupos y artistas alternativos y la oferta cultural a la que nos tenía acostumbrados, diversa y de calidad, que era lo que atraía al público de todas las edades que lo frecuentaban. Y por lo que se refiere a Loty, desearle suerte en las actividades y el camino que vaya a emprender en lo sucesivo, con un abrazo solidario.