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Lunes, 8 de febrero de 2010
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

Tiene Irene una familia scout

 

Irene Carrasco ingresó al movimiento scout hace 22 años; actualmente, su esposo y sus tres hijos también forman parte de esta experiencia / Foto Alejandro Ancona
VÍCTOR HUGO VARELA LOYOLA

Hace 22 años, la curiosidad por conocer más motivaron a María Irene Carrasco Morales a incorporarse a la Asociación de Scouts de México; hoy es la presidente de ese movimiento en Tlaxcala que aglutina a alrededor de 250 personas de 7 años de edad en adelante, entre ellos sus tres hijos y su esposo. “Somos –dice– una familia scout, lo que nos permite hablar el mismo tema, entendernos entre nosotros”.

Originaria de Apizaco, Irene asienta que una vez que se incorporó al grupo scout, se dio cuenta que aunque siendo ya adulta tenía todavía la oportunidad de desarrollarse como ser humano y por ello invita al resto de las personas a incorporarse a este movimiento que busca formar a jóvenes a ser útiles para su país.

“Defino el ser scout como una experiencia de vida, nos permite ser mejores personas, dar y sobre todo aportar gente útil a la sociedad mexicana, donde podemos fortalecer el carácter y formar muchachos capaces de bastarse a sí mismos e inculcarles hábitos de crecimiento personal”, asienta.

Irene, quien vive en Santa Ana Chiautempan con su esposo y sus tres hijos, asumió la presidencia de la Asociación de Scouts de México Provincia Tlaxcala hace un año y deberá dejar la estafeta a otro miembro en 2011. Entre tanto, busca fortalecer este movimiento que entre sus actividades está realizar labor comunitaria.

De hecho, la entrevista de La Jornada de Oriente con esta scout se da previo a un evento denominado Quelatas que inició el pasado sábado y concluyó este domingo. El programa de actividades consistió en foros sobre ecología y la elaboración –en el zócalo capitalino– de una flor de lis con latas que recogieron los scouts en diversas partes del estado durante el año pasado.

–¿Qué la motivó a ser scout?–, se le pregunta.

–Fue la curiosidad por ver qué pasaba, de pronto me integré a un grupo que me permitió saber que como adulto me desarrollaría como persona. El movimiento scout nos permite ser mejores en la vida cotidiana y en el trabajo.

–¿Cómo ha evolucionado el movimiento scout desde que ingresó a la fecha?

–Han sido muchas evoluciones, ahorita tenemos seis grupos: en Santa Ana Chiautempan, que es el más antiguo, pues está por cumplir 35 años; en Apizaco, en Las Cuevas de San Pablo Apetatitlán, en el Jardín Botánico, en el ex convento de San Francisco y en el Parque de la Juventud, estos tres en la ciudad capital. Somos alrededor de 250 personas de 7 años de edad en adelante.

“Nosotros realizamos varias actividades, hacemos prácticamente vida al aire libre y eso nos permite estar junto a la naturaleza. Tenemos tres principios: dios, de la religión que sea, la patria y nuestro hogar. Cada uno de nuestros grupos hacen sus actividades de manera voluntaria, cada uno de ellos se enlaza con algunas instituciones donde puede servir o hacer alguna actividad comunitaria; por ejemplo, nosotros tenemos pensado este año regalar cobijas a personas adultas mayores”, refiere.

Comenta que el movimiento scout abarca todos los estados de la República y pueden formar parte de él desde los 7 años de edad en adelante.

“Los menores de 7 a 22 años reciben capacitación para la superación personal y los de 23 en adelante somos la parte administrativa, los que los dirigimos”, explica Irene.

–¿Reciben algún tipo de financiamiento para realizar sus actividades?

–No, hay una cuota de inscripción a la asociación y si hay algún evento cada uno paga sus gastos. Somos una asociación sin fines de lucro.

Refiere que la inscripción actual es de 450 pesos, aunque estos se pagan una vez que el interesado se anima a incorporar, para ello deben acudir por tres sábados y domingos a presenciar las actividades que realizan “y si les gusta se inscriben. Sé que sí porque van a aprender jugando; la inscripción contempla su incorporación al movimiento, una credencial, una agenda, dos revistas anuales y un seguro de vida que aplica cuando estén haciendo actividades de scout o no”.

Los tres hijos de Irene –de 19, 17 y 15 años de edad– también son scouts, así como su esposo. “La familia es scout, lo que nos permite hablar el mismo tema, entendernos entre nosotros y es una unión familiar en la comida y en la cena”.

 
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