Santiago Xalitzintla. Población ubicada en las faldas del Popocatépetl, tiene en Antonio Analco a su actual tiempero. El próximo 12 de marzo será el encargado de subir hasta el ombligo del volcán para ofrecerle a Don Goyo una ofrenda compuesta por licor, comida y algunos mensajes de la comunidad.
Un tiempero, dicen los pobladores, es un hombre “destinado” a escuchar y a entablar una relación con Don Goyo y con Doña Rosita –el Popocatépetl y la Iztaccíhuatl respectivamente–, y sobre todo a interpretar lo que él dice para saber como estará el clima durante el año, si las lluvias serán continuas o habrá algún periodo de sequía, y como afectará esto a sus cosechas.
Santiago Xalitzintla, comentó el regidor Cirilo Fuentes, es una comunidad que se ha caracterizado por tener entre sus pobladores al tiempero. Años atrás, recordó, fue Pedro Analco el encargado de cumplir con esta función, como lo haría antes el abuelo y el bisabuelo de Antonio. “Ser tiempero es una herencia familiar”, explicó.
La ofrenda está compuesta por pulque y alguna otra bebida como el ron, tequila o aguardiente, cazuelas de mole sazonadas con caldo y carne de guajolote, tortillas hechas a mano, manojos de flores y frutos de la región como manzana y durazno, además de veladoras que se prenden al montar la ofrenda, cantos y mucha convivencia.
La subida, comentó el regidor, comienza a las 7 de la mañana. Montados en una camioneta que llega hasta donde el camino lo permite.
El tiempero y su familia comienzan a subir a pie con la ofrenda que pondrán para Don Goyo. La meta es llegar al ombligo del Popo, el cual se ubica en la zona arenosa del volcán.
Luego de arribar, se procede a montar la ofrenda, mientras algunos cantan en lengua náhuatl y la convivencia comienza.
Irene Campos recibió a La Jornada de Oriente en su tienda, atrás del mostrador desde el cual atiende a los vecinos.
Luego de saludar, expresó que Antonio Analco había salido al campo a trabajar, pues después de un día en el que las lluvias fueron recias y los campesinos de la región no salieron a trabajar, tocó que su esposo se levantara temprano y fuera al campo a revisar la siembra.
Irene es una mujer recia y fuerte; directa y seria en sus modos. Un poco molesta por el interés que muestran los medios de comunicación hacia los tiemperos, aseguró que para platicar acerca de lo que hace su marido era necesario “ponerse”, cosa que significa aportar alguna suma de dinero para que el día de la subida, no saliera tan caro llevar la ofrenda.
“Muchos vienen aquí preguntando por mi esposo y yo les pregunto para qué”, confesó doña Irene.
Uno de los problemas, expresó, es que luego de poner la ofrenda viene la convivencia, y es ahí cuando la familia sufre el gasto, pues tiene que brindar comida y bebida a todo el que asiste: familiares, vecinos, jóvenes que regresan de Estados Unidos exclusivamente para ver a Don Goyo, fotógrafos, reporteros y curiosos. Ya con más confianza, comentó que no le gustaba hablar mucho del tema porque es secreto, pues consideró que ser tiempero significa mantener una relación estrecha con Don Goyo, una relación de amistad que es sólo entre dos.
Los mensajes son peticiones del tiempero, de su familia y de los habitantes de la región que se llevan y se dicen durante el ritual. Al respecto, Campos aseguró que “lo que se lleva no se dice, que los mensajes son cosa de uno y que no están para ser contados a todo el que pregunte”.
Para doña Irene la labor de su esposo es primordial, pues es él quien predice el clima que habrá durante el año, y el que ayuda a su gente a prever los tiempos buenos para la cosecha y la siembra. Al despedirse, la esposa de Antonio Analco recordó: “no olviden traer sus buenos zapatos para la subida”, comentario que significó el visto bueno para regresar el 12 de marzo y acompañar al tiempero en su visita a Don Goyo.
“Yo les podría decir mentiras, es mejor que cada uno suba y lleve su mensaje a Don Goyo”, finalizó doña Irene.