Procedente del Colegio de San Ildefonso llega a Puebla la nueva exposición del Museo Amparo, Cicatrices de la fe, que recupera joyas coloniales pertenecientes a las misiones del norte de nuestro país y del sur de Estados Unidos –alguna vez nuestro–, cuadros, esculturas, objetos de culto, muchos espléndidamente restaurados por vez primera y recuperados en bodegas, sacristías, y hasta un óleo usado como respaldo de un sillón curial.
Al contrario de lo que suele creerse, el norte de lo que fue la Nueva España también legó una herencia artística de enorme valor, pero que hasta hoy es poco conocida y estudiada. Por ello, esta exposición reúne más de 130 obras novohispanas de una región que actualmente se divide entre México y Estados Unidos.
La muestra, que será inaugurada el miércoles 10 de febrero a las 19 horas, es la culminación de un trabajo de 20 años de investigación, rescate y restauración iniciado por la especialista Clara Bargellini, que continuó en colaboración con el estadounidense Michael K. Komanecky.
Si bien las misiones en lo que hoy es el norte de México y el sur de Estados Unidos han sido investigadas desde perspectivas históricas, económicas y etnográficas, prácticamente no se había puesto atención en su producción artística.
Pintura, escultura, platería, textiles, mapas, libros y muebles pertenecientes a colecciones públicas y privadas de México, Estados Unidos y Europa conforman la espléndida exposición de piezas poco conocidas o conocidas únicamente en su lugar de origen. Muchas se exponen por primera vez.
Cicatrices de la fe: el arte de las misiones del norte de la Nueva España, 1600–1821 está dividida en seis secciones temáticas: Lugares y culturas, Los sueños de los misioneros (alegorías e historias), Imágenes misioneras, Liturgia y celebraciones, Arte en las misiones: imágenes para misiones franciscanas, y Las artes indígenas en las misiones.
Más allá de su valor estético, las piezas constituyen un elocuente testimonio de la ambiciosa empresa cultural y evangelizadora de las misiones, fundadas principalmente por jesuitas y franciscanos; de su percepción del mundo y de su relación con los pueblos conquistados.
Una parte del minucioso trabajo realizado por Bargellini consistió en localizar, identificar y restaurar piezas que permanecían en el abandono y la destrucción, notables por su calidad, pero también por lo que aportan para la comprensión del pasado.
Unas 60 piezas de las que se exhiben fueron sometidas a un laborioso proceso de restauración; 50 lo fueron en un taller montado ex profeso en San Ildefonso.
De la muestra destaca una escultura en madera de la virgen con el niño, procedente de Durango, que sufrió daños en un incendio y había sido sometida a una serie de repintes e intervenciones. Otra obra es un lienzo de Miguel Cabrera. Se trata del retrato del religioso Hernando de Santarén titulado Mártir de la rebelión tepehuana, localizado en la parroquia de Santiago Apóstol en Papasquiaro, Durango.
De Chihuahua se intervinieron 47 obras. Uno de los casos más dramáticos de restauración fue el de la escultura del Cristo de domingo de ramos, que data de 1700, del templo de San Ignacio Coyachi, que estaba completamente cubierta de negro con pintura industrializada.
La muestra es organizada por el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en colaboración con el Museo de Arte de San Antonio, el Museo de Historia Mexicana, de Monterrey, el Centro Cultural Tijuana y el Museo de California en Oakland, recintos en los que posteriormente se instalará.