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Viernes, 5 de febrero de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 CUITLATLÁN 

Luis Alberto Arriaga se dice víctima del Lydiagate

 
FERMÍN ALEJANDRO GARCÍA

Sin duda alguna, de los aspirantes del PRI a ser el próximo candidato a presidente municipal de Puebla, el mejor posicionado es Luis Alberto Arriaga Lila, como resultado de haber sido un personaje de la televisión local, pero no por su talento ni comportamiento político, pues descrito por sus compañeros de la fracción priista es un personaje que padece de “incontinencia verbal”. Por esa razón no resulta un político viable para ocupar un cargo público de alto nivel.

Sin embargo, no se debe descartar la posibilidad de que pueda ser postulado como resultado de un acto de desesperación del PRI por no contar con un candidato que pueda contrarrestar a un aspirante fuerte del PAN, ante el hipotético escenario de que el abanderado albiazul pudiera ser Ana Teresa Aranda o Enrique Doger Guerrero, en caso de que éste último deserte del tricolor.

En el PRI el ex conductor del Canal 3 de televisión es impulsado por el presidente estatal del ese partido, Alejandro Armenta Mier, como una manera de cerrarle el paso al secretario de Gobernación, Mario Montero Serrano, pero no necesariamente porque sea la mejor opción para el tricolor.

Arriaga es un político inexperto que tiene la manía de hablar sin convicciones y busca adaptarse al escenario que tiene enfrente, lo cual lo hace meterse en problemas o decir dislates. Es un hombre impulsivo que si llegara a ser alcalde de Puebla seguramente sería un edil tan desastroso como lo fue el panista Luis Paredes Moctezuma.

 

Para sustentar lo anterior es

necesario revisar estos dos hechos:

 

Hace un par de años, en el mes de febrero, un grupo de periodistas de la ciudad de Puebla fue invitado a un foro con motivo del 18 aniversario del diario El Despertar, de San Martín Texmelucan, el cual es el medio de comunicación de mayor prestigio y presencia en esa ciudad.

Este columnista fue uno de los convocados en un acto realizado en el antiguo palacio de gobierno de San Martín Texmelucan.

Los primeros en tomar la palabra hicieron exposiciones críticas sobre la falta de regulación de la publicidad oficial y sobre las políticas de comunicación social del gobierno del estado.

Tal parece que Luis Alberto Arriaga se contagió y quiso parecerse a quienes estaban en la mesa de debates, o mejor dicho, los intentó superar.

Para sorpresa de propios y extraños, Arriaga se puso a hablar como si fuera un legislador de oposición, tal vez motivado porque estaba presente el entonces edil panista de San Martín Texmelucan, Rubén Garrido. Y de pronto comentó:

Que él era una victima del caso de la periodista Lydia Cacho Ribeiro, al sostener que debido a que había pasado notas informativas sobre la controversial detención de la autora de Los Demonios del Edén lo habían sacado del canal de televisión en que trabajaba y, por tanto, era víctima de censura.

Muchos de quienes lo escuchábamos sabíamos que esa era imposible, ya que si hubiera sido un crítico del gobernador Mario Marín Torres no habría podido conseguir nunca una candidatura del PRI. Además, es justo reconocer que en Puebla no existe un solo caso de represión contra algún periodista por el Lydiagate. Las palabras de Arriaga eran resultado de su insensatez y deseo de parecerse a quien le rodeaba.

Un segundo hecho ocurrió a principios de la presente semana, cuando los diputados del PAN abandonaron la sesión en la que comparecía el nuevo titular de la Secretaría de Desarrollo Social, Juan Carlos Lastiri. Arriaga aprovechó  y subió a la tribuna e intentó denostar a la bancada panista.

Afuera del salón de plenos, se encontraron frente a frente Luis Alberto Arriaga y Eduardo Rivera Pérez,  líder de la bancada panista, luego de la intervención en tribuna del primero de ellos.

Arriaga perdió el color al ver a su homólogo del PAN. El panista, con mucha seguridad, le reclamó al priista: “¿No que apoyabas a Mario Montero?”, para después espetarle que su conducta era para intentar ganarse la simpatía de Javier López Zavala, el seguro candidato del PRI a gobernador. Arriaga sólo alcanzó a contestar: “esa es otra bronca”; hasta ahí llegó su avalentonada conducta.

Así ocurre con los políticos que como el pez, mueren por la boca ¿Qué es victima del caso Lydia Cacho? Si es así, sería interesante que explicara realmente en qué consistió ese supuesto acto de censura que sufrió.

 
 
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