La sociedad mexicana resultó ridículamente fundamentalista. Las muestras del retraso ideológico que sufrimos los mexicanos proliferan a diario.
Que una sociedad opine, discuta y acuerde es el camino lógico de cualquier convivencia, pero el nivel de debate que mantenemos hasta ahora es verdaderamente risible y frustrante.
La discusión sobre si los homosexuales pueden o no adoptar niños debería replantearnos las ideas que tenemos sobre la “familia judeo cristiana”, las construcciones sociales arcaicas, el cambio de roles.
Y, sin embargo, se limita a la “normalidad” de ciertas preferencias sexuales, como si la idea de ser humano “normal” siguiera siendo la del heterosexual, católico ...
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