El puente del pasado fin de semana sin duda resultó amargo. Las páginas electrónicas de varios periódicos daban cuenta de que la madrugada del domingo 31 de enero, un grupo fuertemente armado irrumpió en una fiesta de estudiantes, en su mayoría de preparatoria, en una casa del fraccionamiento Salvarcar, en Ciudad Juárez Chihuahua, y disparó contra ellos. El resultado: 16 muertos y varios heridos.
Y otra vez, Ciudad Juárez, Chihuahua. ¿Qué tiene esa ciudad, de gente amable, solidaria, emprendedora, que sin embargo se ha convertido en el lugar donde el miedo cohabita porque se le ha metido debajo de la piel a sus habitantes? ¿Lugar clave por su situación fronteriza con el país número uno en consumo de estupefacientes? ¿Corrupción por años de autoridades, no sólo locales?
Y otra vez los epítetos guerreros contra el crimen organizado, alguno desde Japón, pues hasta allá le llegó la noticia al jefe del Ejecutivo, que se dio tiempo –mientras pretendía persuadir a los empresarios solnacentistas de las bondades de invertir en México– de hacer declaraciones a la prensa y manifestar que... “Ciudad Juárez muestra desde hace muchos años un deterioro institucional” (...) “el crimen organizado ha ampliado sus esquema de operación al amparo de la corrupción” (...) “la trágica muerte de estos jóvenes refleja que el crimen organizado ha tocado población civil...” Lo anterior según la nota de Jorge Ramos, publicada ayer por diario El universal (www.eluniversal.com.mx/notas/655681.html).
¿Qué declaración puede, en mínima parte, consolar a los deudos de estos jóvenes? ¿Cuáles palabras de aliento para la madre, el padre, que confiados en que sus hijos estarían seguros en una casa particular –no estaban en el antro– hoy enfrentan su muerte?
En un comunicado divulgado ayer por varios medios de comunicación, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) lamentó la masacre de los jóvenes. En dicho comunicado se subraya que la violencia en todas sus formas “se ha convertido en parte de nuestra vida cotidiana” y es responsabilidad del Estado evitar que ese problema “ensanche su radio de acción” en el país. (www.eluniversal.com.mx/notas/655815.html). Pero, ¿cuál Estado? Hace ya tiempo que el Estado mexicano evidencia su incapacidad para brindar a los ciudadanos el objeto fundamental por el que fue creado: seguridad. Seguridad jurídica, económica, política y sobre todo, social...
Y otra vez los medios de información, particularmente la televisión, –sin soslayar la desgracia sufrida por el pueblo haitiano y la humana desgracia de un futbolista–, ¿nos pondrán un velo de aparente humanitarismo, velo perverso en el fondo, para no dar cuenta de lo que nos ocurre...?
Y otra vez, ¿habrá cosas más importantes que la perentoria necesidad de plantearnos –en serio– qué vamos hacer con este país, en donde la evidencia de que el tejido social está alarmantemente descompuesto, nos escupe a la cara todos los días? ¿Cosas más importantes como el juego político y de intereses económicos, en donde sólo importa ganar posiciones de partido, de finanzas o simplemente de apariencia, para ostentarnos como los dueños absolutos de la verdad?
Y otra vez, como sociedad ¿nos rasgaremos las vestiduras para decir que estos crímenes se deben a que hemos perdido valores trascendentes, cuando en la cotidianeidad justipreciamos más al poder, al dinero y a la frialdad?
Y otra vez, en este tiempo que se nos agota, tendremos la oportunidad de decir: ¿y otra vez...?