Las ex fábricas La Constancia Mexicana, Mayorazgo, Atoyac textil y el Molino de en medio son las edificaciones más grandes de Puebla, pero también las más deterioradas. Tras la documentación del estado actual que guardan los inmuebles históricos, el Comité Mexicano para la Conservación del Patrimonio Industrial advirtió que un 90 por ciento de las construcciones que aún están de pie, podrían desplomarse de un día para otro, si las autoridades y la iniciativa privada no las intervienen a tiempo.
Si en menos de 10 años los gobiernos estatal y local no voltean los ojos a las ex fábricas, “Puebla podría convertirse en un cascaron, en pura escenografía, en los falsos históricos (sic)”.
Para la arquitecta Sonia Espinosa Martínez, egresada de la UNAM, y el arquitecto Andrés Sánchez Hernández, con posgrados en Conservación de Patrimonio Edificado y en Urbanística por parte de la Universidad de Valladolid, España, “hace falta voluntad política de los tres niveles de gobierno”.
Si bien algunas de las ex fábricas poblanas fueron construidas en la época del porfiriato, otras más se edificaron en la época crítica de la Revolución, como fue el caso de El triunfo, recientemente derrumbada para construir ahí un estacionamiento, por lo que consideraron que también merecen ser resguardadas por la sociedad, aunque la ley no las considere.
“El patrimonio edificado no sólo debe considerar como inmuebles importantes aquellos construidos antes de 1900, pues los fundados a partir de 1901 y en plena revolución, de gran valor histórico para Puebla y México, se encuentran en total desamparo. No entran en la custodia del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)”.
En entrevista con La Jornada de Oriente, los especialistas señalaron que en Puebla urge un diálogo entre las autoridades locales y, por supuesto, la sociedad civil interesada en el resguardo de nuestros edificios de principios del XX, porque sólo los ayuntamientos, como gobierno locales, tienen la autoridad inmediata de buscar las posibilidades de su rescate.
“Hace falta voluntad y apego. Pareciera que los funcionarios, los gestores de la administración pública desconocen de su historia o no les interesa”.
Destacaron que no sólo en la capital poblana sino en varios municipios del interior del estado se fundaron corredores fabriles, como sucedió en Atlixco, que tienen una relevancia importante a nivel nacional. “Somos el paso obligado entre Veracruz y México, por eso aquí se instalaron tantas fábricas y haciendas; también para aprovechar las vertientes de agua de los volcanes Popocatépetl, Iztaccihuatl y la Malinche.
–¿Cómo ven el rescate de los edificios a través de la iniciativa privada?
–La iniciativa privada puede ser un arma de doble filo, por la cuestión de la privatización de los inmuebles, pero en ocasiones es necesario. Sólo hay que delimitar bien las competencias de comodato o administrativas.
–Sabemos que usted fue la responsable de armar el expediente de La Constancia Mexicana para pedir a la Federación la declaratoria de Monumento Histórico. ¿Qué pasó con este proceso? –se le preguntó a la maestra Espinosa.
–Es muy difícil obtenerla, pese a que el estudio está realizado. A la autoridad no le gusta involucrarse en la cultura, menos el señor que ahora habita Los Pinos. Por ejemplo, en el INAH hay muchas propuestas paradas para declaratorias de zonas de monumentos. Desde el año 2002 no se ha expedido ninguna en Puebla. Sin embargo, el estado también puede emitir declaratorias.
“El problema de los edificios históricos, es que nadie le quiere entrar. Se necesitan estudios series de restauración y adecuación del inmueble, y la gente le tiene miedo a este espacio tan grande, como es La Constancia; pese a que en ella se pueden hacer muchas cosas”.
“La Constancia es la más antigua de Latinoamérica y la más cercana a la revolución industrial europea, que vino con don Esteban de Antuñano”, agregó Sánchez Hernández, quien también destacó que la ex fábrica, en su parte posterior, cuenta con un importante proyecto hidráulico, que nadie menciona.
“Es una irresponsabilidad del gobierno proponer el espacio de La Constancia para rodar películas, cuando una de sus paredes puede caer sobre un actor”.
Dignos ejemplos
Los especialistas reconocieron que no es necesario legislar a favor de los inmuebles, cuando existe una sociedad comprometida con conciencia de identidad, que busca reutilizar sus edificios y no mutarlos en meros locales de comercio.
“El turismo que llega a Puebla es netamente cultural. No es aquel que busca las playas, como Cancún o Los Cabos. Por eso debemos conservar nuestro legado edificado, pues además de darnos identidad, nos produce una importante derrama económica”.
Como buenos ejemplos de restauración, citaron la casa de la lectura Profética (3 Sur 71), convertida en librería, biblioteca y cafetería, pues concordaron que los edificios “no deben ser momias, que nadie pueda tocar. Hay que proponer proyectos creativos que les devuelva la vida”.
El molino de San Mateo, de la familia Maurer, es otro ejemplo, aunque este no está abierto al público, pero ha tenido un mantenimiento digno. El mismo caso se presenta con el antiguo molino de Huexotitla, la fábrica Don Alfonso, La Perla, y algunas partes del Paseo de San Francisco, que parcialmente fue rescatado.
La alternativa: rutas turísticas industriales
Si en Puebla se tuviera visión, el gobierno difundiría su patrimonio cultural industrial como una ruta turística, como sucede en algunos países europeos. Así podríamos recorrer tres itinerarios principales: San Francisco, Atoyac, y por la zona de los ferrocarriles.
Aunque, comentaron que las fábricas no es lo único que tenemos. El comité ha registrado hasta el momento la existencia de 500 haciendas, entre cascos y edificaciones aún de pie, que en su mayoría están abandonadas y desconocidas por los propios poblanos.
“Hace falta difusión y señalética, donde se explique que más allá de ser una fábrica, eran grandes ciudades amuralladas, como Metepec, donde habían casas para los obreros, escuelas para sus hijos, cine, teatro, iglesias... era la gran modernidad de la época
El Comité Mexicano para la Conservación del Patrimonio Industrial fue fundado en 1997. Desde entonces, ha venido trabajando en el inventario de las fábricas en Puebla. Actualmente, han documentado 41 fábricas en la Angelópolis, 10 en Atlixco, cinco en San Martín Texmelucan y cuatro en Cholula.
Conformados por más de 20 especialistas, que dedican su tiempo libre a la investigación, trabajan coordinadamente con el INAH, con la realización de expedientes, recomendaciones y dictámenes.
Generalmente sesionan cada dos meses y visitan continuamente las fábricas, para levantar el registro gráfico y ver las condiciones físicas en que están. Actualmente, el organismo es presidido por la arqueóloga Elsa Hernández Ponce.