Cualquier teoría que intente explicar el curso de la depresión utilizando una única vía estará condenada a enfrentar datos contradictorios. El mismo problema existe al in-tentar explicar el fenómeno de la relación de dos casos de depresión en mujer por una de hombre. Tampoco se puede dar una única explicación para explicar la tasa de aceleración de casos de depresión entre los adolescentes.
La mayoría de los especialistas en el te-ma parecen coincidir, en que existen múltiples cursos de desarrollo en la depresión entre adolescentes, especialmente entre niñas1. La disciplina que estudia las psicopatologías del desarrollo tiene un término que puede ser aplicado a esta situación, es el de la equifinalidad. Este concepto apli-ca a subgrupos de personas que teniendo el mismo desorden llegan a él por diferentes orígenes2. En el caso de la depresión po-demos señalar que diferentes jóvenes tienen un mismo padecimiento, depresión en-tre adolescentes, pero llegaron a esta condición a través de más de una vía durante el desarrollo. Precisamente, uno de los prin-cipales obstáculos para determinar cuál es el mejor curso a seguir en el tratamiento de la depresión o de cualquier otro desorden anímico, es la ausencia de un entendimiento integral de las causas orgánicas de la enfermedad.
El cuadro clínico de la depresión puede variar de un episodio a otro en cualquier persona que lo padece, ya que es una condición dimensional. La mayoría de los in-vestigadores sugieren que la depresión va-ría a lo largo de un continuo de severa afec-tividad. La depresión no es una condición que pueda ser categorizada en blanco y negro, quién o quién no está verdaderamente deprimido.
Esto nos hace suponer que tanto el síndrome como los síntomas predominantes de la depresión pueden diferir en función de la edad y el desarrollo de la persona da-dos los cambios cognitivos, sociales, emo-cionales y biológicos que cursan a través del tiempo desde la niñez a la adolescencia. En el caso de los jóvenes en pre–pu-bertad, los síntomas específicos que constituyen la depresión e influencian sus ma-nifestaciones clínicas pueden diferir fundamentalmente a la de los adultos debido a que: (1) los niño/as no hayan desarrollado las capacidades cognitivas, sociales, emo-cionales o biológicas requeridas para ex-perimentar ciertos síntomas típicos de la depresión de los adultos; (2) las causas y/o las consecuencias de la depresión pueden cambiar durante diferentes momentos del desarrollo3.
Al analizar la depresión entre adolescentes es importante hacer notar que las ele-vadas tasas de “humor depresivo” o síntomas no son meramente indicativo del tí-pico estado de “confusión o cambios de humor benignos del adolescente, más bien, representan un riesgo substancial para de-sordenes depresivos clínicamente significativos posteriores.
La mayoría de los individuos experimentan su primera depresión cerca de la adolescencia. La depresión en adultos es precedida de una depresión en la juventud.
Los datos epidemiológicos señalan que existe el doble de mujeres con depresión que hombres. Aproximadamente de 25–40 por ciento de niñas presentan altos niveles de estados depresivos comparados con el 20–35 por ciento de hombres adolescentes4. Estos estudios, además, señalan que más niñas que niños reportan estados de-presivos comenzando a la edad entre 12 y 13 años. Algunos investigadores han en-contrado que dentro de la escala de Tanner el estadio 3 es un mejor indicador que la edad. El estadio 3 en la escala de Tanner identifica al adolescente por los cambios en la textura y forma del vello púbico así como en la aparición de éste lateralmente. Además, de acuerdo a las investigaciones, las niñas que comienzan la pubertad más tempranamente que sus iguales parecen es-tar más propensas a desarrollar estados de-presivos. Debido a que la depresión es un desorden crónico y recurrente, los estados humorales depresivos en la juventud acarrean el riego de desarrollarse más tarde en la vida.
Para comprender mejor qué podría cau-sar estados depresivos en los jóvenes, uno de los mejores acercamientos es a través del marco de referencia de vulnerabilidad por estrés, en el cual un evento estresante dispara una predisposición subyacente5. Esto no quiere decir que un evento negativo es el agente causal de la depresión, más bien, se pude inferir un modelo donde diferentes factores interactúen alrededor de un evento estresante. Grand K.E. y colegas han definido al estrés como un evento ambiental o una condición crónica que objetivamente amenace la salud física y/o psicológica o el bienestar de un individuo de una edad particular y de una so-ciedad en particular6.
Casi todos los individuos con un desorden depresivo se han enfrentado a un even-to en su vida significativamente negativo por lo menos un mes antes de la aparición de la depresión.
Se ha reportado que en personas con depresión por causa de situaciones estresantes es muy común encontrar la presencia de alteraciones en los genes que codifican la proteína que participa en el trasporte de la serotonina. La serotonina es una sustancia química del sistema nervioso central con la cual se comunican las neuronas (neurotransmisor) y está relacionada con funciones como el apetito, la vigilia, la sexualidad y los estados ánimo. Aunque en la depresión hay también otros sistemas de neurotransmisores que presentan una mala regulación, la serotonina es la que más se vincula con la depresión.
El estrés estimula la corteza cerebral, y estas regiones envían impulsos estimulantes al hipotálamo, haciendo que libere la hormona liberadora de corticotropina (CRH). Esta hormona a su vez estimula la producción de otras hormonas obteniendo finalmente la secreción del cortisol en la corteza suprarrenal.
Los niveles elevados de cortisol, los cuales caracterizan al estado de depresión entre moderado y severo, pueden estar aso-ciados con la reducción del volumen del hi-pocampo, lo que parece ser proporcional a la duración de la depresión no tratada7.
El hecho de que los eventos estresantes–vulnerables presentan una trayectoria en aumento al final de la niñez y comienzo de la adolescencia provee una posible explicación de por qué los niveles de de-presión aumentan a través de este periodo en la vida.
El aumento en los estresores comienza alrededor de la pubertad, el cual es un pe-riodo transicional en el desarrollo del individuo, las transiciones, por si solas, están asociadas a un aumento en las fricciones emocionales así como con el estrés psicológico. Los cambios biológicos de este pe-riodo predisponen a la vulnerabilidad por estrés. La transformación del cuerpo en la niñas, una vez iniciada la pubertad, las expone al hostigamiento sexual entre igua-les. Las expectativas sociales en la forma del cuerpo de la niña se convierten casi en una norma social que presiona constantemente a la niña que comienza su adolescencia. La depresión está por colocarse entre las principales causas de enfermedad a nivel mundial.
La interacción de factores biológicos (llamados vulnerabilidad genética) hacen que una persona sea más proclive a deprimirse ante presiones externas e incluso sin ellas, esto posiciona a la depresión como un problema de salud pública.
1 Development and psychopathology, (1996), 8: 601–616
2 Development and psychopathology, (1996), 8: 597–600
3 Epilepsy and Behavior, (2006), 8: 102–114
4 AM. Psychol 1993; 48: 155–68
5 Hankin BL. Abela JRZ. Development of psychopathology: a vulnerability–stress perspective. Thousands Oak. Ca: Sage 2005
6 Psychol Bull 2003; 129: 447-66
7 N.Engl.J.Med. 353,17
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