Mañana los regidores del ayuntamiento de Puebla eliminarán una serie de restricciones que existen para la instalación de gasolineras y abastecedoras de gas licuado. De esa manera se eliminan las reglas que prohibían la apertura de dos negocios de este tipo a una distancia menor de un kilómetro o que estuvieran cerca de escuelas y hospitales, además de áreas habitacionales.
La justificación que han esgrimido los regidores de que en algunas partes de la ciudad de Puebla existe escasez de estos negocios y que su apertura se debe regular bajo las leyes del mercado es una actitud insensata e irresponsable, ya que se está sacrificando la seguridad de la ciudadanía a favor de los intereses económicos.
Es verdad que los expendios de gasolina y de venta de gas ahora cuentan con equipos que ofrecen importantes medidas de seguridad; sin embargo, eso no impide que se pueda provocar un desastre con estos negocios. Sobre todo cuando en la ciudad no existe una adecuada planeación urbana, no siempre hay la suficiente capacitación del personal que labora en esas estaciones y las regulaciones no son cumplidas por la corrupción que priva entre autoridades.
Aun cuando funcione la capacitación, las regulaciones y la tecnología, siempre debe haber medidas de prevención de desastres, pero tal parece que los regidores del gobierno local no tienen noción de esas condiciones.
Si se sigue permitiendo que los servicios públicos se regulen por el mercado, la ciudadanía del municipio de Puebla estará cada vez más expuesta a abusos y riesgos, mientras que la autoridad dejará de ser garante de la legalidad y la seguridad.