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Miércoles, 20 de enero de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Puebla amaneció el día de ayer sin el edificio de la ex fábrica textil El Triunfo

 

Hace apenas un par de años El Triunfo fue un centro de las artes destinado a la realización de actividades culturales, abierto a las diferentes manifestaciones locales y nacionales  n  Foto Abraham Paredes
YADIRA LLAVEN

Puebla amaneció el día de hoy sin el edificio de la ex fábrica textil El Triunfo, considerado patrimonio industrial de México. La demolición del inmueble histórico, ubicado en la 21 Sur 711 esquina con la calle 9 Poniente, “es una muestra más del profundo desprecio que tanto algunas autoridades gubernamentales como sectores minoritarios de la sociedad civil manifiestan por la preservación de la cultura industrial mexicana”.

Así se pronunció el Comité Mexicano para la Conservación del Patrimonio Industrial A.C., organismo coadyuvante del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), integrado por investigadores de diversos organismos, quienes, preocupados por la conservación y preservación de los inmuebles históricos, hicieron un llamado a las autoridades responsables para que se frene la destrucción de la arquitectura poblana, reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Lamentablemente, El Triunfo era un edificio en comodato de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), “que tanto ha pregonado su ‘interés’ por la defensa del patrimonio edificado y hasta cuenta con una maestría en el tema”, comentó a La Jornada de Oriente la arquitecta Sonia Espinosa.

Se sabe, según informes de los propios albañiles que trabajan entre los escombros y las ruinas del otrora espacio cultural, que la extinta fábrica pasará a ser un flamante estacionamiento de la casa de estudios.

Hace apenas un par de años El Triunfo fue un centro de las artes destinado a la realización de actividades culturales, abierto a las diferentes manifestaciones locales y nacionales.

En entrevista, con este medio, el antropólogo Jorge Ramón Gómez, integrante del comité, expuso que dichas labores de demolición se iniciaron, como en el caso de otros monumentos de gran valor histórico y cultural, durante las vacaciones decembrinas, cuando la atención de la población disminuye tanto como su capacidad de respuesta ante acciones arbitrarias y antisociales como esta.

“Como es bien sabido, el estado de Puebla posee una importante tradición textilera, acumulada desde la época prehispánica, la instalación de obrajes en el siglo XVI,  el fuerte resurgimiento que por el desarrollo de la gran industria se generó a finales del siglo XIX y el periodo posrevolucionario, cuando se construyó gran cantidad de nuevas fábricas textiles. Hasta la actualidad la industria textil forma parte importante de la economía poblana”.

Aunque el tiempo se los comió, como coloquialmente decimos, el Comité Mexicano para la Conservación del Patrimonio Industrial se encuentra preparando un documento dirigido al gobernador del estado, Mario Marín Torres; al secretario de Cultura, Alejandro Montiel Bonilla, y al propio INAH, “para explicarles la importancia de la preservación de nuestro patrimonio, porque en ocasiones creemos que los funcionarios desconocen ello”.

El especialista sabe que los medios de comunicación son una herramienta importante en la difusión para detener este tipo de atropellos a nuestro patrimonio; sin embargo, también es consciente de la necesidad de sensibilizar a las autoridades para que no permitan la destrucción masiva de los edificios históricos de Puebla.

“Con tristeza cada día vemos que van desapareciendo edificios emblemáticos de nuestra arquitectura. Como el edificio de la Villaflora, que ahora también es un enorme estacionamiento para una plaza comercial”.

Otro ejemplo de lo que ha dado cuenta en repetidas ocasiones este medio es de la inminente destrucción de la ex fábrica textil La Constancia Mexicana. “Está a punto de venirse abajo por el abandono en que está sumida, por las autoridades estatales, desde hace ya varias décadas”.

Gómez reconoció que la defensa del patrimonio fabril no es fácil. “Hay dos tipos de protección, de acuerdo con la ley. El primero es el que ampara a los edificios construidos antes de 1900, como las estaciones ferrocarrileras o las iglesias, y el segundo que son ‘resguardados’ por la Ley de Zona de Monumentos Históricos del INAH, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) que, por cierto, es un organismo que no defiende a las edificaciones históricas del país porque fue creado para otros fines, y eso es un grave problema”.

 

“Existen 400 leyes

en defensa de la cultura,

pero no hay voluntad”

El antropólogo expuso que en México y Puebla existe un total de 400 leyes en defensa y promoción de la cultura, pero tristemente no hay voluntad de las autoridades ni de la sociedad civil.

“Muchos funcionarios desconocen de estas leyes, cuando hay ejemplos tan valiosos –como los países de Europa, entre ellos Italia– donde la gente y los gobiernos no destruyen nada. Al contrario, los promueven de manera turística, porque saben que generarán una derrama económica importante como centros de cultura”.

“Ni el gobierno ni la ciudadanía están cumpliendo con la tarea de preservar el patrimonio cultural que nos diferencia de otros estados y países”. Sin duda, agregó, hace falta un trabajo de concientización, porque existen casos latentes, como El Triunfo, que podrían cambiar drásticamente el rostro de la arquitectura poblana en menos de una década.

 

Puebla, sin proyecto

en defensa patrimonial

El Triunfo fue construido hacia la segunda década del siglo XIX. Formó parte de uno de los corredores industriales de la ciudad de Puebla de los siglos XIX y XX, y al igual que otras antiguas instalaciones fabriles, se caracterizó por su bello estilo arquitectónico,  recias columnas de fierro, altos muros y cubiertas que cubren grandes espacios.

Los inmuebles, conjuntos y sitios industriales, como lo fue esta fábrica, contienen valores culturales, resultado de nuestro singular proceso histórico; por ello, argumentó, “en lugar de destruirlos es necesario asegurar su permanencia física, planteando estrategias de rescate para su conservación, protección, restauración y reutilización con base en proyectos de adecuación que los dignifiquen y preserven por su carácter de patrimonio industrial de todos los mexicanos”.

Urgen programas, planes de rescate de nuestros edificios, con el respaldo de la Federación, el estado y el municipio, pero sobre todo de la sociedad, porque sólo así se podrá aminorar la destrucción de la ciudad.

 
 
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