Felipe Calderón, el 13 de enero de 2010, en Michoacán, señaló que “valió la pena mantener la disciplina fiscal... pese que fue muy difícil para todos”, y añadió que se tienen signos económicos alentadores para 2010, entre los cuales enumeró la disminución en más de 100 puntos el riesgo del país, superando a Brasil. Afirmó que en otras crisis las reservas internacionales se acabaron y eso llevó al país al colapso, y en cambio hoy ascienden a 90 mil millones de dólares. También señaló que la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) rompió record esa semana, y llegó al nivel más alto de la historia, y por último se congratuló porque el tipo de cambio está (en dicha semana) en 12.70 pesos por dólar, después de haber alcanzado niveles de 16 pesos por dólar.
El problema es que no se da cuenta, que mantener la disciplina fiscal, en el contexto de la caída de exportaciones, de remesas e inversión extranjera, viene a ahondar la contracción económica, debido a que restringe el mercado interno, y de ahí que nuestra economía ha caído más que el resto de los países de América Latina, que si han flexibilizado su política fiscal. La disciplina fiscal, más que ‘valer la pena y ser un signo económico alentador’, nos aleja de la recuperación, y contribuye a que la BMV muestre de nuevo un gran dinamismo, dado que dicha política le ofrece las condiciones de estabilidad monetaria–cambiaria que desea dicho capital, además que le amplía la esfera de inversión al gran capital, ya que éste pasa a invertir donde el gobierno deja de hacerlo. El auge bursátil es también resultado del hecho que la esfera productiva sigue sin ser opción de inversión rentable, por lo que los capitales fluyen a la Bolsa, lo que ahonda el diferencial de crecimiento entre la economía real y la financiera. Ello es insostenible, tal como se evidenció en el colapso de septiembre–octubre de 2008 a nivel mundial y nacional. El hecho que la Bolsa Mexicana de Valores esté rompiendo record, no implica un signo económico alentador, sino totalmente preocupante, ya que evidencia que otra crisis financiera y económica se presentará, pues el gobierno sigue repitiendo la misma historia de favorecer lo financiero a costa de marginar el crecimiento de la esfera productiva y el empleo, así como el ingreso de empresas e individuos, lo que recrudece los problemas de insolvencia que desestabilizarán al sector bancario.
El hecho de que México tenga menos riesgo–país con relación a Brasil no implica que México esté mejor que aquel país, sino simplemente que las calificadoras internacionales ven mejor a México que a Brasil, porque nosotros somos mejor cumplidores a favor del capital financiero que Brasil. Sin embargo, éste muestra un crecimiento de 1 por ciento en 2009, mientras México en los primeros 10 meses de 2009 en relación a 2008, trae una caída de 7.8 por ciento. Además, Brasil hoy en día es la novena economía más grande del mundo, y México esta en el lugar 14.
El hecho que México tenga 90 mil millones de dólares en las reservas internacionales, no significa un signo económico alentador, ya que no es resultado de que el país tenga superávit de comercio exterior, sino que parte de éstas son por lo que ingresa del narcotráfico, y gran parte es por el mayor endeudamiento externo al cual ha recurrido el banco central y el gobierno, como por el proceso de extranjerización de la economía que éste impulsa. El banco central informó que en un año canalizó alrededor de 30 mil millones de dólares de las reservas a satisfacer la demanda por dólares. Por la que la salida de capitales está presente, por lo que Felipe Calderón no puede cantar victoria de que no ha pasado lo que en otras crisis, donde se acabaron las reservas y llevaron al colapso a la economía. La misma historia se está repitiendo de saqueo de la economía y esas reservas más temprano que tarde se agotarán, y el colapso de la economía será mayor que las crisis que hemos vivido, pues no tenemos ninguna capacidad de pago, y tenemos menos esfera productiva y menos activos para hacer frente a una crisis de deuda.
A predominar la disciplina fiscal, las altas tasas de interés y la apreciación del tipo de cambio (dólar barato), continuará la contracción de la actividad económica, el desempleo, las presiones sobre el déficit de comercio exterior, así como los bajos ingresos de empresas e individuos, y la restricción de la captación tributaria, todo lo cual impide retomar el crecimiento de la inversión, el consumo y el gasto público, indispensable ello para salir de la problemática en que estamos.
Ante la drástica caída de la actividad económica, insistir en la disciplina fiscal y en el abaratamiento del dólar, implica seguir desatendiendo los objetivos de crecimiento, de empleo y de competitividad, y actuar a favor de los dueños del dinero, de ahí el crecimiento de la BMV y el acelerado proceso de privatización de la economía.
A fines de 2009, la economía nacional tiene los niveles de 2005. De darse la visión optimista del gobierno de que creceremos 3 por ciento en 2010, y si el mismo crecimiento se mantiene, sería hasta 2012 que se alcanzarían los niveles de 2005, reflejando ello un período perdido de siete años, lo cual recrudecerá los problemas económicos, políticos, sociales y de toda índole. Sin embargo, al seguir la misma política que generó la crisis, difícil es que crezcamos 3 por ciento anual en los siguientes años, por lo que los problemas serán mayores. Ello deberá hacer pensar al ejecutivo y al legislativo, en torno a la estrategia a instrumentar para salir lo más pronto de la crisis, y evitar la profundidad de la misma.