Desde que la vida surgió en la tierra, las partículas asociadas, los organismos microscópicos o macroscópicos con ciclo vital útil, establecieron a los de menor tamaño alrededor de los mayores; así, cuando el hombre apareció fue rodeado, al igual que los animales y vegetales existentes, por seres micro o macroscópicos que se establecieron en su piel y faneras o por dentro de sus huecos naturales, respiratorio, ocular, ótico, digestivo, urinario, sexual, a fin de conseguir nutrientes para vivir en el medio competitivo en el que todas las células se desenvuelven, consecuentes a la regla prima de la vida y de lo vivo: nace, crece, reprodúcete y muere. En esta ruta podemos entender que los agentes infecciosos que más enferman al humano son los capaces de resistir las inclemencias del medio ambiente que nos rodea, para acomodarse en la superficie o los introintos del cuerpo, usar los componentes ahí existentes como alimento o esperar nuestros desechos para comer de ellos, la respuesta a las infecciones está presente ahí, donde una serie de evidencias nos hicieron, sospechar primero y confirmar después, que hay microorganismos rodeándonos en asecho, que por no ser visibles a simple vista los dejamos pasar de largo.
El primero que vio agentes causales infra ópticos no fue médico; fue un curioso textilero o pañero, Antonie van Leeuwenhoeck, nacido en Delft, Holanda en 1632, hijo de un acomodado burgués que en 1648 lo hizo aprendiz de pañero en Amsterdan; el oficio imponía la necesidad de observar verificando el entrelazado de las fibras de los tejidos, lo que obligaba a los tejedores a visualizar de manera fina la trama de hilos; era una necesidad basada en habilidad personal, así Antonie desarrolló la destreza para pulir lentes, destreza–habilidad–necesidad le intuyó construir lentes cada vez mejores hasta obtener 270 aumentos arriba de una visión normal, casi microscópica, su disposición le despertó curiosidad por observar organismos pequeños que veía moverse en piel, agua, sudor, lágrimas, saliva, orina, leche, sangre, esperma, con el tiempo y la práctica mejoraba su visión lenticular que llegó a fabricar hasta 550 lentes, nunca superados hasta la construcción de los microscopios, hizo del ver a través de sus lentes un hábito, encontró seres pequeños a los que llamó “animálculos” que dibujó con destreza. En 1677 comunicó sus observaciones a Johan Ham, estudiante de medicina, sobre todo cuando vio y dibujó espermatozoides que Ham afirmó eran producto de descomposición. La novedad del observador lo llevó a buscar y ver los espermas en diferentes animales, así concluyó que estos eran componentes normales, contradijo la teoría de William Harvey de que el huevo es el origen de todo lo vivo, dicho en 1651, él afirmó que el origen de la vida no es el estático huevo (óvulo), sino los móviles espermatozoides. Describió las estrías de las células musculares, la estructura reticular del músculo cardíaco, la constitución fibrosa de la retina. Informó, ayudado por Ham, ya médico, sus observaciones con dibujos a la Royal Society, a la que regalo 26 de sus lentes, la medicina de la época ni comprendió ni utilizó sus reportes, pero en 1680 lo declaró miembro de ella. Fue hasta 1873, unos 200 años adelante, cuando Otto Hugo Franz Obermeier descubre una bacteria microscópica como la causa de la Fiebre Recurrente a la que llamó Borrelia recurrentis. En 1879, el noruego Armauer Hansen vio al microscopio otra bacteria causando la lepra, la llamo Mycobacterium leprae o bacilo de Hansen, que después confirmó en 1879 el bacteriólogo alemán Albert Neisser. Así se destapó la caja de Pandora de los agentes causales de enfermedad humana que permiten a Taitón Miller en 1890 publicar un libro titulado Los microorganismos de la cavidad bucal. Las enfermedades generales y locales provocadas por estos, una teoría sobre los agentes causales de caries.
En 1886 el cirujano berlinés Ernst von Bergmann esterilizó con vapor instrumentos de cirugía para evitar que entren bacterias al organismo que opera, se construyeron esterilizadores de vapor con el mismo objetivo, así se nace la asepsia o ausencia de bacterias del material quirúrgico y después la antisepsia, conjunto de acciones (hoy comunes) para prevenir o atacar a las bacterias de la piel, donde las bacterias conocidas como estafilococos proliferan en ella, en los orificios naturales del cuerpo como invitados a comer, bacterias que al proliferar dan origen a abscesos, producen pus en heridas, son causa desde un simple acné hasta enfermedades sistémicas cuando logran penetrar al interior del cuerpo, mostrando su gran resistencia o adaptación a cambios de temperatura, aire, antisépticos, desinfectantes, antibióticos, basados en su capacidad de producir enzimas y toxinas para su defensa. Hoy día se conocen al menos 30 especies de estafilococos, diferenciados por actividad bioquímica, de donde a los causantes de patología Staphylococcus aureus se les dice coagulasa positivos, a los que se consideró no patógenos Staphylococcus epidermidis, saprophyticus se dijo coagulasa negativos, actualmente señalados como peligrosos contaminantes de hospital, muy difíciles de tratar. Los Staphylococcus son las bacterias que más enferman al hombre y los animales, su infección no se adquiere de otros individuos, están en nuestra piel o pelo, al igual que en la de mamíferos o plumas de aves; en fin, son el espíritu santo de las infecciones, están en la tierra, en el cielo y en todo lugar.