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Jueves, 24 de diciembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

La Malinche, el personaje ausente siempre presente

 
MARJORIE BLANC*

México es un país de misterio, un país obscuro, de volcanes y desiertos, de selva y océanos. Es, como lo decía el subcomandante Marcos, “un país cuya figura parece haber recibido un gran mordisco por el oriente y que, por occidente, clava en el océano Pacífico un brazo para que los huracanes no lo alejen mucho de su historia”. Un país entre monstruosa modernidad y miserable precariedad, un país que mira hacia su futuro aferrándose a su pasado.

Sus temores, sus dudas, pero, sobre todo, lo que le da vergüenza parece residir en una sola persona: la Malinche, esa indígena entregada a los españoles, intérprete y amante de Cortés. Obviamente, imputar toda la responsabilidad del malestar mexicano a una sola mujer parece exagerado, pero es evidente que esta simple y única mujer se vio acusada de todos los males de su pueblo, de sus hijos.

De la Malinche no se sabe casi nada, pero se piensa mucho. Es un personaje que nunca habló en su nombre, pero de la que se habla mucho. A veces Cortés no es más que el guerrero, y ella, la emprendedora de la conquista. Ella no era más que la sombra del ejército del rey, una herramienta y, sin embargo, no existe ni una pintura, ni una película, ni una obra sobre la conquista sin que la Malinche ocupe un lugar importante.

Rechazada, se convierte hoy en ícono, en la encarnación del orgullo de ser indígena ante todo, mexicano pese a todo. Su relación con Cortés retoma su forma original de violación. Y si ciertos etnólogos lamentan que se novelice el pasado indígena, el renovado interés por la Malinche sólo puede promover el interés de todo México por un origen juzgado por demasiado tiempo como vergonzoso.

 

Su origen

En su vida hay muchísimas cosas extrañas, digna de una leyenda. En primer lugar su nombre es enigmático. Sin tener realmente la certeza de que la historia sobre éste sea real o inventada años después de su muerte para acentuar su mito; es preciso analizar la información disponible.

Puede ser que a su nacimiento haya sido llamada Malinalli. En maya, Malinalli es el nombre de una hierba capaz de perforar la lengua, que servía como castigo. Era, por asimilación, un símbolo astral de maldición. Los que así se llamaban eran rebeldes, traidores y sin suerte. Tenían que perder todos sus hijos...

En la leyenda azteca existe una diosa llamada Malinalxóchitl. Era la hermana enemiga del dios preferido de los aztecas, Huitzilopochtli. Los dos crearon una ciudad y se hicieron la guerra durante años. Huitzilopochtli logró matar a los hijos de Malinalxóchitl, quien juró vengarse un día sobre los hijos de su hermano, los aztecas...

Más que todas esas suposiciones sobre su nombre, lo importante es la omnipresencia de éste durante la conquista. Al ser la Malinche la voz de Cortés, sus palabras, y sus ideas, los aztecas terminaron por confundir totalmente al conquistador, guerrero, matador y jefe de expedición con su concubina y esclava, la indígena Malina. Muchos códices, incluso, solamente mencionan a la Malinche como única operadora de la conquista. Este hecho permitiría su satanización.

 

La satanización

Más o menos trescientos años después de su muerte, la Malinche empezó a ser satanizada, coincidiendo con el nacimiento del nacionalismo mexicano. Es generalmente durante los momentos de fervor nacional que se forjan los héroes y los villanos de las naciones.

El escritor, poeta e ideólogo liberal Ignacio Ramírez Calzada “el Nigromante”, durante un discurso conmemorando la declaración de Independencia, expresaría: “es uno de los misterios del destino que todas las naciones deben su decadencia a una mujer”; comparando a la Malinche con Eva o Helena de Troya.

La sociedad patriarcal machista de la Nueva España necesitaba construirse un pasado común, y poco importaba que se cambiara la historia indígena para oponerla a la historia española, si esto servía para crear una historia mexicana.

Haciendo de la Malinche la famosa chingada de Octavio Paz, la historia olvidó la complejidad del país prehispánico. Era menester unificar todo un pueblo tras un enemigo común. ¿Quién mejor que una mujer vendida a los españoles para encarnar esa perdición?

Finalmente, poner énfasis en una mujer indígena culpable permitió a los españoles descargarse del peso de la masacre de los pueblos mesoamericanos.

 

¿Por qué Pocahontas

no fue satanizada?

El paralelismo entre Malinche y Pocahontas es evidente: dos personajes ambiguos, víctimas (seducidas y abandonadas) y culpables (responsables de la pérdida de los suyos), vínculo entre dos mundos, pero también instrumento de la perdición.

Pero si la Malinche encarna el mal personificado, Pocahontas es homenajeada en un dibujo animado de Walt Disney y de muchas otras películas simpáticas, dentro de las cuales siempre es bella, inteligente y cándida. ¿Por qué tal diferencia?

Según el geógrafo Alain Musset, “en un país en mayor parte mestizo, la elección de esconder la vida y los deseos de la Malinche, símbolo de la unión entre Europa y el mundo indígena, no es fortuita. La leyenda de Pocahontas exalta el mestizaje en un país que conoció poco esa unión, y dentro del cual el porcentaje de mestizos indio/blanco es casi nulo”.

Presentar un mito fundador de Estados Unidos tras el personaje cándido, bello, de una mujer pura, es presentar un pueblo cándido, bello y puro. La relación con el indígena en la nación de las barras y estrellas es diferente.

Los mexicanos son los hijos de una violación, los estadounidenses son responsables de una violación. Los mexicanos tienen una visión rabiosa de la conquista, los estadounidenses una visión culpable.

*Maestra en Sociedad y Cultura de América Latina por el

Instituto Pluridisciplinario de

América Latina (IPEALT) de la Universidad de Toulouse, Francia.

 
 
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