Tan sencillas, tan humildes que apenas y nos damos tiempo para mirarlas. Tantas historias que encierran sus memorias, tantas enseñanzas hilvanadas con experiencia, trabajo y respeto a su entorno, que si hace tiempo nos hubiéramos detenido a escuchar tal vez tuviéramos otra realidad. Las encontramos todos los días, muchas de ellas con un caminar lento, con una voz callada, con su cabello lleno de nubes, tal vez por tanto que han mirado al cielo con los ojos llenos de esperanza.
Nuestras mujeres campesinas, las más humildes de entre los humildes, las que siguen tan olvidadas a pesar de que acompañaron a una revolución que pretendía dar tierra y libertad a quienes la trabajaran. Quizá su resistencia nace de su cercanía a la naturaleza que las arropa como madre protectora que les alienta a no dejar de sembrar y cuidar el maíz, porque en el susurro del viento les recuerda aquella historia de que los hombres fuimos hechos del maíz blanco y del maíz amarillo .... (+)