El domingo pasado se llevó a ca-bo la entrega anual de los premios American Music Awards. Esta presea se le entrega a los músicos favoritos de los consumidores de discos en Estados Unidos. Es un premio, como bien dice su nombre, completamente gringo: una gran parte de la música premiada no tiene gran resonancia en nuestro país. La ganadora de la ma-yor cantidad de premios, por ejemplo, la joven Taylor Swift, aquí es poco conocida. En México más bien se le conoce por-que el rapero Kanye West le arrancó el micrófono cuando ella recibía un reconocimiento en los premios de MTV que por sus canciones de pop country. Sin embargo, Swift tuvo el disco más vendido de 2008 en Estados Unidos: más de 7 millones de copias. Aunque los premios AMA son muy específicos del mercado estadounidense, como acto televisivo, se trasmite a muchos países del mundo. La ceremonia del domingo pasado generó dos titulares en los periódicos y en las re-vistas de música y espectáculos: 1) Los máximos ganadores de la noche fueron Taylor Swift y Michael Jackson y 2) El American Idol Adam Lambert besó a su tecladista sobre el escenario. En la ma-yoría de los titulares apareció la imagen del cantante Lambert, abiertamente gay, dándole un beso escénico a su compañero y músico. En una entrevista posterior con MTV Lambert comentó que la crítica y los medios siguen demostrando ho-mofobia. Aunque, en general, la prensa fue discreta y políticamente correcta cuan-do difundió ese beso. El tabloide de chismes del espectáculo, Entertainment Wee-kly, opinó que este tipo de actos quieren provocar escándalos y sólo distraen al público del verdadero talento musical de Lambert. Otros medios mostraron la co-reografiada muestra de afecto entre Lam-bert y su tecladista con cierta cautela si bien ni la agencia noticiosa Reuters pudo evitar reparar en el suceso. Por otro lado, la estación televisora ABC sólo permitió ver unas fracciones de segundo del fa-moso beso antes de cortar a una toma abierta del gigantesco escenario. Ni la caída de nalgas de Jennifer López mereció tanta atención. Pareciera, sin embargo, que existe un doble rasero: Lady Ga-ga vestida pero simulando un desnudo y tocando un piano en llamas no despierta el morbo y la atención que logró un jo-ven gay que se parece a Elvis Presley (y menea las caderas como el rey del rock) al darle un beso en la boca a su tecladista. Ese beso que parecía tan poca cosa provocó mucha controversia. La cadena ABC prefirió no arriesgarse a otro “incidente” y al joven cantante le cancelaron su presentación en el programa Good morning America planeada para este miércoles.
Al rock le gusta escandalizar; le gusta provocar reacciones fuertes en su público. Un beso entre homosexuales sigue siendo una fórmula efectiva para generar controversia. Y la controversia es el mo-tor en este género musical. Existe una larga tradición entre poperos y rockeros de recurrir al beso homosexual como provocación. En el año 2003, durante la entrega de premios de MTV, Madonna le dio un besó a Britney Spears y a Chris-tina Aguilera; ese beso pasó a la historia de la televisión y se repite y reproduce desde entonces sin cesar. El video que acompañó a la canción Warped de 1995 de los Red Hot Chili Peppers de Los Án-geles mostraba una breve escena en don-de el cantante Anthony Kiedis y el guitarrista Dave Navarro se daban un beso. El trabajo es visualmente muy interesante, pero muchas televisoras en ese entonces se negaron a trasmitir el video. Gra-cias a esa censura instantáneamente convirtieron ese vídeo en uno de los audiovisuales más emblemáticos del rock. Du-rante los AMA nadie comentó sobre Janet Jackson sobándose la entrepierna mientras realizaba pasos de bailes que hizo famoso su hermano, pero un beso coreografiado entre dos hombres todavía mereció la atención de todos.