La educación, el ejercicio, evitar ciertos factores de riesgo, así como la adopción de hábitos saludables son factores que aún adquiriéndose a mediana edad (55 años de edad) influyen enormemente en la supervivencia excepcional, esto es vivir más de 85 años de edad sin enfermedades crónicas ni incapacidades.1 No se conoce con precisión como la actividad física modula los indicadores del proceso inflamatorio y de las grasas, pero se piensa que el movimiento muscular suprime la inflamación, mejora el tejido de las arterias y mejora la síntesis de óxido nítrico que actúa en la dilatación de las arterias, lo que influye en una supervivencia excepcional.
La literatura médica ha documentado cómo el incremento en el peso corporal está asociado con los indicadores sanguíneos del metabolismo de las grasas y con los de los procesos inflamatorios. El tejido graso, particularmente el tejido graso visceral que se acumula en el abdomen, es metabólicamente activo. Este tejido promueve un estado inflamatorio que facilita la formación de trombos, así como, la producción de partículas grasosas que facilitan las placas arterioscleróticas.
Los estudios sobre el estilo de vida como factor de riesgo para la salud han cobrado una gran atención últimamente, aunque, realmente se sabe muy poco sobre el impacto potencial en una supervivencia saludable. En estos estudios, como era de esperarse, se señala el fumar como uno de los hábitos que más afectan la supervivencia, además del consumo excesivo de alcohol como un factor significativo para muerte y supervivencia saludable. El atributo socio–demográfico más poderoso en la supervivencia excepcional ha sido la educación. Este es un tema recurrente en los estudios de morbilidad, parece que a las personas altamente educadas les va mucho mejor en los problemas de salud que los menos educados.
La esperanza de vida media se ha incrementado constantemente, en especial en el último siglo. Los países desarrollados han tenido un salto de más de 30 años. Aunque hasta el momento no se ha descubierto cómo detener el proceso de envejecimiento, cada día se conoce más sobre las características (fenotipo) de las personas que sobreviven excepcionalmente, 85 años de edad o más y de manera saludable. El evitar ciertos factores de riesgo a mediana edad está asociado con la probabilidad de vivir una vida más larga y saludable en el hombre.
La poca actividad física y el sobrepeso están fuertemente e independientemente asociados con el desarrollo de partículas sanguíneas (biomarcadores), que reflejan la acción inflamatoria y el metabolismo de las grasas. El índice de masa corporal (BMI) alto se correlaciona con los compuestos sanguíneos (bio–marcadores) de inflamación y con el LDLcolesterol (el colesterol malo), así como con el HDL–colesterol (colesterol bueno) bajo. La actividad física atenúa el daño causado por la obesidad mejorando los biomarcadores. Las investigaciones médicas han revelado que entre la obesidad y la inactividad física, la obesidad presenta indicadores más fuerte de inflamación y de anormalidades metabólicas de las grasas.
La actividad física estimula el metabolismo de las grasas y reduce los niveles circulantes de grasa en la sangre (triglicéridos y colesterol). Cuando la actividad física se lleva regularmente ésta reduce la carga de trabajo del corazón. En la capacitación física como en el ejercicio de entrenamiento ocurren cambios en el músculo esquelético que incluyen la mejor utilización del oxígeno (aeróbico) y el aumento en el metabolismo de las grasas, esto le permite al corazón cumplir con las demandas del ejercicio con una frecuencia cardiaca menor. La reducción en la frecuencia significa una reducción en la utilización de oxígeno en el músculo cardiaco y un corazón más eficiente.
Actividades diarias como la de andar a paso veloz, subir escaleras, y actividades físicas espontáneas, todas ellas, influyen en la supervivencia saludable. Este tipo de actividades físicas hacen la diferencia entre personas de edad avanzada que van perdiendo su fuerza, capacidad aeróbica y masa muscular, y las que no. La mayoría de las investigaciones coinciden que el mantenimiento de la fuerza a través de la vida puede reducir la prevalecía de las limitaciones funcionales que aparecen con la edad.
Mantener una vida activa permite al cuerpo estar en forma y a prolongar la vida, también pueda ayudar a evitar o retrasar el desarrollo de enfermedades o incapacidades mientras uno va envejeciendo. El beneficio de actividades físicas se extiende durante toda la vida y ayuda a mejorar muchas condiciones de salud. El mantenerse activo disminuye el riesgo de caídas así como el de desarrollar enfermedades del corazón, diabetes y ayuda a mantener una vida independiente por largo tiempo.
El entrenamiento y las actividades físicas son seguros para la mayoría de las personas mayores, aun para aquellas con condiciones crónicas estables, tales como enfermedades del corazón, diabetes y artritis. Una buena evaluación médica antes de comenzar un programa de actividades físicas es todo lo que se requiere para iniciar la conquista de su cuerpo.
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