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Jueves, 26 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

¿Cuál es el mérito de Luna para estar junto a Picasso?, el tema a debatir en el CCU

 

Pintura de Carlos Luna
YADIRA LLAVEN

¿Cuál es el mérito de Carlos Luna para estar junto a Picasso?, fue el tema a debatir, ayer, en el Complejo Cultural Universitario, entre reconocidos críticos de arte, escritores y artistas plásticos, quienes analizaron la obra del cubista español y del pintor cubano, quien estuvo avecindado en Puebla por varios años.

La mesa estuvo compartida por Santiago Espinosa, a quien originalmente anunciaron como ex director del Instituto Nacional de Bellas Artes; sin embargo, el mismo aclaró que sólo fue coordinador de las exposiciones del organismo. “No tuve el honor, pero ya será en mi otra vida. En esta prefiero trabajar”. También estuvo el escritor Pedro Ángel Palou García, el poeta veracruzano, Premio Aguascalientes y Villaurrutia, Francisco Hernández; el artista plástico, Gerardo Ramos Brito; el crítico Ramón Almela; y el rector Enrique Agüera.

El acto fue una actividad paralela a la exposición Pablo Picasso, cerámica / Carlos Luna, pintura, que se exhibe desde el 18 de agosto, en la Galería de Arte del CCU de la UAP, y que ha sido visitada por 27 mil personas.

Tras la espera de casi una hora del rector, comenzaron las lecturas, con únicamente siete minutos para cada uno de los participantes. Agüera fue el primer en tomar la palabra y asegurar que el CCU “es un espacio vivo y un recinto natural de la cultura”.

Recordó que hace algunos meses fue inaugurada dicha muestra, como un hecho histórico, al reunir a dos artistas tan disímiles tanto en estilos como generacionalmente, en una muestra de gran calidad que se expone de manera gratuita al público en general.

No obstante, después se supo que la muestra que costó 5 millones de pesos, al Estado y a la universidad, fue promovida por la empresa de Carlos Luna, desde Miami, Florida, quien pidió, como requisito, además del pago, que su obra se exhibiera junto a la del autor de Las señoritas de Avignon.

En su oportunidad, Santiago Espinosa se preguntó si seríamos capaces de vivir sin la pintura de Miguel Ángel, sin los maravillosos vuelos de los surrealistas, esos creadores que se atreven a hablar de tú a tú al mundo, como es el caso de Picasso.

“Cuando un creador contemporáneo como Luna, pone su mirada en el trabajo de un monstruo como Picasso, lo hace desde la plataforma, de quien con conocimiento de causa mira la obra de un mayor”.

Y comparó: “cuando Picasso muere Luna tenía apenas cuatro años de edad. El primero nace en la Europa ruda, que superó todos los obstáculos de las guerras y crisis, y el segundo en la América tropical, en la isla ‘tesoro’, en la isla ‘motín’. Uno muere habiéndolo hecho todo, y el otro iniciaba su vida aprendiendo de qué color era el mar y observando cómo caminaban los guajiros”.

“Es importante tener clara esa distancia, porque cuando se confrontan las obras hay elementos diversos, pero también, sin la intención de emular la obra de Picasso, viajan en direcciones muy similares, llenos de energía, en temáticas parecidas como las raíces africanas, la sexualidad, las mujeres y los toros”.

En tanto, Palou García señaló que la obra pictórica de Carlos Luna intriga y asombra, a la vez que obliga al espectador a preguntarse el origen de su fuerza, reconociendo que su acercamiento a la plástica es la de un espectador común y corriente. Y desde ese tono, escribió algunas líneas sobre la exposición, destacando que ha visto una fuerza que proviene de una respuesta triple y compleja.

“Me asombra la reescritura plástica popular, que convierte la escena plasmada en parte de la historia universal. El segundo aspecto es el manejo de la bidimensionalidad, que a partir de la mira del espectador, la convierte en tridimensional. Y, finalmente, el arte de Luna está configurado en torno a una narración, volviendo a los orígenes de la plástica, que mezcla tradiciones y estilos, y es aquí donde se da el diálogo con la obra de Picasso”.

La mejor participación y la más aplaudida, vendría con el poeta Francisco Hernández, quien se centró en leer dos poemas y dos crónicas de viaje sobre su cercanía a la obra de Luna, pero sobre todo nos dejó entrever la vida personal del creador.

Por último, vendría la opinión más atinada, la del crítico de arte, Ramón Almela, quien aclarando previamente que por estas declaraciones, “no se perderá la amistad con Carlos, pues se conocen desde hace años, advirtiendo que no sería complaciente como sus antecesores.

Después de toda la parafernalia intelectual y, a manera de anécdota, para entrar de lleno en la discusión, contó que hace unos días escuchó a un artista local que decía: ¿cuál es el merito del cubanito para estar con Picasso? A partir de ahí, resumió: “no creo que te odien, pero la gente lo ve desde otro ángulo y recrea una tensión negativa”.

“Desde que llegaste de Cuba, tu altanería guajira chocó con la hipocresía y el teatro de la formalidad poblana, y a partir de ahí te fui rastreando, conociéndote y oyendo de ti, y hay que reconocerte que tienes una tenacidad meritoria, por saber llegar a los circuitos institucionales, a la estructura mercadológica, y que has sabido tirar sin perder tu vitalidad artística”.

“El hecho de que regreses nuevamente a Puebla, y acompañado de la obra de Picasso, habla bien de ti. Noto un rastro español dentro de Cuba, desde hace años, en 2001, cuando ya evidenciabas ese rastro geométrico no euclidiano”.

Y finalmente lo exhortó a no perder la calidad por el dinero.

 
 
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