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Martes, 24 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

Construye Carlos su futuro desde pequeño

 

Después de apoyar a su padre en los colados de techos, Carlos presume que todavía le quedan fuerzas para jugar fútbol con sus vecinos / Foto Alejandro Ancona
JUAN LUIS CRUZ PÉREZ

Con una carga de más de 12 kilos al hombro, Carlos Landero Huitzil participa en el proceso de edificación de lujosas residencias o bien de humildes hogares todos los fines de semana, con el propósito de ganarse unos pesos que le ayuden a continuar su instrucción escolar.

 A sus escasos 11 años de edad, Carlos sabe lo que cuesta ganarse el dinero, pues desde hace ocho meses ayuda a su familia como “botero” o cargador de mezcla para colar las lozas que cubren los techos de las casas.

Aunque su labor “es muy pesada”, el niño reconoce que en la vida “hay que trabajar y si mis hermanos ayudan, pues yo por qué no, además me gano mi dinero para comprarme lo que quiera y hasta me alcanza para darle unos pesos a mi jefa”.

Hijo de un hombre dedicado a la renta de maquinaria y herramientas especializadas en “colados”, Carlos refiere que desde que “me acuerdo” siempre ha acompañado a su papá y a dos de sus hermanos mayores a trabajar los fines de semana en esta actividad.

“Siempre he andado pegado a ellos. Aunque mi papá no me quería llevar, pues él siempre anda muy apurado en el trabajo, terminaba por aceptar y andaba en medio de la mezcla, la arena y el cemento, pero siempre jugando a que les ayudaba, pero como estaba muy chico sólo les estorbaba”, recuerda.

Sin embargo, hace algunos meses recibió el visto bueno de don Marcos, su padre, para que ya participe en el “negocio” como trabajador, por lo que desde entonces sus fines de semana de juego, como los son sábados y domingos para el resto de los niños de su edad, se han transformado en jornadas de trabajo.

Con unos pantalones viejos de mezclilla, unas botas que a juzgar por el tamaño le quedan muy holgadas, y una sudadera con gorro para cubrir el cuello de las raspaduras que le genera la fricción del bote con su piel, Carlos se alista para su trabajo.

“Los fines de semana es cuando hay más trabajo. A veces vamos a tres casas en un mismo día y aunque termino bien cansado, me va mejor de dinero, pues lo que gano me alcanza para que compre en el recreo casi todo lo que se me antoja y hasta me sobra para ahorrar”, refiere.

Estudiante del sexto grado de primaria, el originario de Teolocholco explica que “depende a qué hora vayamos a colar la primer casa y hasta donde esté, pero por lo general nos paramos muy temprano para preparar botes, la olla (máquina revolvedora de la mezcla), las escaleras para subir el material y los tambos para el agua, para subirlos a la camioneta e irnos a trabajar”.

Al llegar a la obra, refiere que ayuda a descargar la camioneta, aunque “sólo me dejan lo menos pesado como botes y maderas, pero una vez que está lista la mezcla cargo casi igual que todos. Mi bote es más pequeño que los del resto de los coladores, pero sí pesa como 10 o 12 kilos y a la larga se cansa uno”, comenta.

Tras esperar el llenado de su vetusto bote, otrora blanco, hoy de miles de matices producto del trabajo, Carlos carga en su hombro a su compañero de labor para subir por los improvisados peldaños de una escalera hechiza.

Sus delgadas piernas, que aún no han alcanzado su madurez, se apresuran a subir más de 2.50 metros de altura para vaciar entre las varillas y la madera su pesada carga de grava, arena, agua y cemento.

“Al principio no es pesado, pero ya después de 20 o 30 viajes el cuerpo se cansa y más si durante el día tenemos tres colados, terminas muy cansado. Al llegar a la casa mis hermanos y mi papá llegan a descansar, pero a mí me quedan fuerzas para echarme un partidito de fut con mis vecinos”, presume entre risas.

Carlos Landero Huitzil recibe un pago de 50 pesos por cada colado en el que participa, aunque la retribución a veces es mayor cuando la obra es más extensa. Generalmente logra obtener ingresos de entre 150 y 200 pesos a la semana.

Con el sueño de dejar los botes de mezcla, Carlos aspira a convertirse en arquitecto o ingeniero civil, pues tiene claro que su vida serán las construcciones, “me gustaría mucho hacer edificios grandotes y carreteras con puentes, pero como falta mucho para eso, quiero trabajar muy fuerte para juntarme dinero a fin de acudir a la universidad”, manifiesta.

La entrevista se interrumpe porque sus compañeros de trabajo le empiezan a silbar, pues entre bromas y chascarrillos le recriminan su tardanza, asumen que él alarga la plática con la intención de no trabajar. “No te hagas, ya te atrasaste tres viajes, los vas a tener que reponer”, le grita uno de sus colegas.

 
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