Búsquedas en el diario

Proporcionado por
       
 
Martes, 24 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN  

Veinte años después...

 
HORACIO REIBA

Lo que sucedió en el Cuauhtémoc la noche del sábado ya es historia grande. Pero, además, nos remite a otro partido mítico. Era el miércoles 16 de mayo de 1990 y se jugaba allí mismo una semifinal de liguilla entre el Puebla y los Pumas. La franja, con un trabuco irrepetible, había dominado sin esfuerzo la primera vuelta de la Liga, pero al concluir la jornada 38 del torneo 89–90 se encontró confinado a un incómodo 3er. puesto, dos puntos por debajo del superlíder América y uno detrás de la UNAM, que por esa razón jugó de visitante el partido de ida de aquella semifinal. Dos artillerías de lujo frente a frente. Por los capitalinos Aspe, Negrete, Luís García y ¡Jorge Campos! Por los camoteros, Aravena como media punta, el Chícharo Hernández y Edivaldo abiertos por las bandas y el Búfalo Poblete de 9.

Todavía los grandes equipos se esmeraban por contar con un 10 capaz de dirigir las ofensivas. El del Puebla era Chepo de la Torre y el chileno Juan Carlos Vera el de Pumas. Dos artistas del balón, con las espaldas magníficamente cubiertas por España y Marcelino Bernal, respectivamente. La danza del marcador no empezó tan rápido como el sábado, cuando antes del minuto de juego el Duende Olivera había batido por primera vez a Corona. Pero, según rezó alguna de las crónicas del día siguiente, tampoco hubo mayor margen para tanteos: a los 19, doble pared Vera–Negrete y gol de la UNAM; Puebla igualó a los 23 (cabezazo del Búfalo a córner lanzado por Edivaldo), se adelantó a los 35 con tiro libre de Aravena y, como ahora con Cruz Azul, se retiró a los vestidores ganando. Pero la ventaja la anuló pronto el chileno Vera con un toque bombeado magistral (51), y a los 70 Campos se destapó con este golazo: Negrete centró buscando el primer poste, y Jorge, estirando la pierna en el aire, la tocó encima de Larios, en jugada de un enorme grado de dificultad. Para no ser menos, Aravena medió al milímetro su media chilena del minuto 76 y puso en un trepidante 3–3 el marcador.

En la tribuna ya nadie permanecía en sus cabales. Volvimos a vibrar a los 81 cuando Cañas –recién ingresado– robó un balón por la derecha, se tiró a fondo y la puso al centro para que Poblete llegara a la red con todo y pelota. Y faltando 4 para los 90, la postrera embestida puma se tradujo en un córner, Vera lo sirvió con teodolito y el central Nava, arribando por sorpresa, la coló de seco frentazo hasta la red poblana. Por la entrega de los dos equipos, el talante abierto y ofensivo del partido y la impresionante calidad de la mayoría de las anotaciones, ha sido éste, para mí, el mejor partido que haya visto en el Cuauhtémoc. Y aunque nos pasamos tres larguísimos días escuchando cómo la prensa y la televisión capitalinas celebraban por anticipado a los Pumas como inevitables finalistas, la tarde del sábado 19 el Puebla fue a su terreno para darles un repaso memorable, y con goles de Poblete y el Chícharo, que los marcaron a pares, resolvieron 2–4 la eliminatoria; además de los goleadores sobresalieron Larios, Aravena y Edivaldo en un partido que el Puebla jugó por nota.

Cumplida quedó, pues, la promesa formulada en el “Semanálisis” de ayer de referirnos hoy al otro 4–4 histórico que figura en la memoria del Puebla y los poblanos. No está de más recordar que en aquel 1989–90 la franja sería campeonísima, tras ganarle los dos partidos de la final a la U. de G. (2–1 y 4–3) y la Copa México a Tigres (0–2 y 4–1), con Manolo Lapuente al frente de este equipo inolvidable: Larios; Arturo Álvarez, Edgardo Fuentes, Ruiz Esparza, Mango Orozco; Bernal, Chepo, Aravena; Javier Hernández, Poblete y Edivaldo, y suplentes de la talla de Ricardo Martínez, Torres, Cosío, Cañas, Morales, Almaguer... 

 
 
Copyright 1999-2009 Sierra Nevada Comunicaciones - All rights reserved
Bajo licencia de Demos Desarrollo de Medios SA de CV