¿Entre todos los suspirantes, habrá alguien que realmente sea chingón?, pregunta el Tránsito de Atligüecha a los primos reunidos alrededor de un anafre en el que calientan un café y unos tamales para desayunar.
A mí se me hace que a muchos de los que suspiran por convertirse en los príncipes herederos ya se los chingaron, sólo que ellos no lo saben, suelta el Margarito Pérez de Zacatelco.
¿Tú crees que ya se los chingaron?
La Sábila parece confirmar esa apreciación por lo que comenta. Por los resultados de las encuestas todos están que se los lleva la chingada, porque consideran que es una chingadera eso que dicen que nadie llega a más del 3 por ciento en las preferencias electorales.
Los que ya ni chingan, afirma el Jicoténcal, son los revividos priistas, porque ahora que sienten que pueden regresar, quieren mandar a la chingada a todos los que no se mantuvieron en el partido, como si ellos hubieran hecho algo para no quedar en los últimos lugares. Ya ven como hasta los diputados locales del PRI andan chingue y chingue a su propio partido.
No quieren dar la cara los precandidatos
Es que algunos precandidatos creen que ya chingaron y manda a esas chingaderitas a que declaren, para que no tengan que dar la cara, porque como han de saber, esos que dijeron esas chingaderas son empleados ni más ni menos de una que se siente candidata, pero ya ni la chinga, que salga a decir que la quiere de a deberás, reclama el Tránsito.
Es que casi todo los precandidatos son unos chingaqueditos, señala el Margarito, quien agrega que como saben que se los puede llevar la chingada, optan por andar chingando a sus adversarios, pero sin que les signifique abrirles cancha para que se los chinguen.
La Sábila dice que en el PAN los tres jinetes del Apocalipsis creen que ya se chingaron a la amiga del presidente y por eso andan en chinga para que todo mundo crea que aquel que se mete con ellos se los llevará la chingada, pero se me hace que se los van a chingar.
Dicen que el que es un chingaquedito es el diputado, señala el Tránsito, porque donde puede se presenta como un chingón, que lo único que se hizo en el estado lo hizo él, que es el más cercano al gobernador, que ya se chingó a todos y hasta a los panistas ha convencido de que el único chingón es él.
La que realmente se ha chingado a todos es la senadora, afirma la Sábila. La Yuri estuvo en la primera alianza y como el Poncho le salió con la chingadera de mandar a su mujer como senadora que lo manda a la chingada, luego se apuntó en la segunda alianza y ahí sí chingó porque le dieron la senaduría y ya dijo que a la alianza se lo cargó la chingada, por lo que es difícil que vaya con el PAN, así que ella si es bien chingona.
El Tránsito dice que escuchó al marido de una senadora decir que su mujer es la más chingona, que todas las demás que aspiran son unas chingaderitas porque ella sí que ha crecido en todos los espacios y que sería una chingadera que no fuera ella la candidata al gobierno del estado, aunque fuera sola con su partido, porque de seguro que los demás van a salir con la chingadera de que quieren a un hombre como candidato a Palacio de Gobierno de Tlaxcala.
Una señora se para frente a la familia mestiza y les vacía una cubeta de agua. ¡Es agua bendita!, les dice, porque no puede ser posible que estén hablando de la gente con esas palabrotas, está bien que están en el mercado, pero se van a condenar por utilizar palabras diabólicas, palabras que queman la boca de quien lo dice.
Sin enojo, la Sábila se acerca a la señora y le pregunta: ¿Sabe usted leer? La señora la ve con angustia y le dice: ¡No! ¡Soy diputada! La prima le dice: ¡No hay cuidado! Le pide que se siente y le dice que le va a leer una parte de un librito que escribió un señor que ganó el premio Nobel de literatura. El libro es El laberinto de la soledad de Octavio Paz (FCE, México, 2004, pp7297) y el capítulo se llama: “Los hijos de La Malinche”.
¿No será de uno de esos escritores que nos prohibió leer monseñor Abascal?, pregunta la señora diputada.
La Sábila no contesta y lee en voz alta: “Es una voz mágica. Basta un cambio de tono, una inflexión apenas, para que el sentido varíe. Hay tantos matices como entonaciones: tantos significados, como sentimientos. Se puede ser un chingón, un Gran Chingón (en los negocios, en la política, en el crimen, con las mujeres), un chingaquedito (silencioso, disimulado, urdiendo tramas en la sombra, avanzando cauto para dar el mazazo), un chingoncito... Lo chingado es lo pasivo, lo inerte y abierto, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado. El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad pura, inerme ante el exterior... La palabra chingar, con todas estas múltiples significaciones, define gran parte de nuestra vida y califica nuestras relaciones con el resto de nuestros amigos v compatriotas. Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa. Esta concepción de la vida social como combate engendra fatalmente la división de la sociedad en fuertes y débiles. Los fuertes –los chingones sin escrúpulos, duros e inexorables– se rodean de fidelidades ardientes e interesadas. El servilismo ante los poderosos –especialmente entre la casta de los “políticos”, esto es, de los profesionales de los negocios públicos– es una de las deplorables consecuencias de esta situación. Otra, no menos degradante, es la adhesión a las personas y no a los principios. Con frecuencia nuestros políticos confunden los negocios públicos con los privados. No importa. Su riqueza o su influencia en la administración les permiten sostener una mesnada que el pueblo llama, muy atinadamente “lambiscones” (de lamer).
No ha terminado de leer la prima, cuando la diputada expresa: Por permitir que la gente ande escribiendo esas cosas es que corren a los directores del ITC, en cambio ahora en lo único que se permitirá escribir es en las paredes de las cantinas y ya déjenme de estar chingando que tengo que ir a sesión.
Se hacen de la boca chiquita
El Tránsito le contesta: ¡No cabe duda que las cosas están de la chingada!
La Sábila muy propia dice: Miren hijos de la chingada no se hagan de la boca chiquita porque entre ustedes siempre se están chingando y antes de que yo los mande a chingar a su madre, mejor veamos quienes de los que aspiran a ser candidatos al gobierno del estado, realmente lo quiere hacer para servir al pueblo y no sólo para chingarlo.
Ahí si nos chingaste, le contesta el Jicoténcal, porque esta difícil encontrar a uno o una de los suspirantes que no quiera chingar, primero tienen que chingarse a los contrincantes de su partido, luego a los candidatos de los otros partidos, pero sobre todo a los ciudadanos y esas son chingaderas.
Es una chinga, acota el Tránsito, porque para ser incluido en la lista de suspirante primero tienen que andar de lambiscones con el que tiene el poder y la fuerza para encaramarlo o para chingarlo, y en una de esas se los lleva la chingada, por eso ya ves que los que aspiran ni siquiera respiran, por el miedo a bronco aspirar.
Los propios suspirantes dicen que para lograr la candidatura hay que ser verdaderamente unos hijos de la chingada, porque en política si no chingas, te chingan, asegura el Margarito.
La Sábila pregunta: de todos los mencionados como aspirantes al gobierno del estado, ¿habrá realmente uno o una muy chingón (a)?, o todos serán unos lambiscones.
¡Sepa la chingada!, dice el Jicoténcal.