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Lunes, 23 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 SEMANÁLISIS 

En el corazón de la polémica

 
HORACIO REIBA

El 4–4 sabatino es, sin duda, el partido de la era Chelís en el Cuauhtémoc. Lástima que el Puebla no haya podido conservar o aumentar la ventaja adquirida en el primer tiempo. Y que el árbitro (otra vez el tal Erim Ramírez) se convirtiera en discípulo aventajado del sueco Martin Hansson a la hora de ignorar una mano de Torrado al mejor estilo Henry, o al apreciar inexistente falta en el balón que Borgetti despeja anticipándose a Lozano, un penal inventado que dio nueva vida al Cruz Azul. Pero esa joya de partido merece tratamiento aparte, que prometemos para mañana martes en estas mismas páginas. Por lo demás, el tema del presente “Semanálisis” es precisamente al arbitraje..

MANOSEO. ¿Deben convalidarse robos como el perpetrado el sábado en el Cuauhtémoc, o el miércoles pasado en Saint Denis? Para la FIFA, por supuesto que sí. Allá se entiendan otros deportes con la tecnología, que el futbol nació silvestre y silvestre debe permanecer. Con este criterio se alinean numerosas vacas sagradas, de Platini a Valdano, invocantes del humano derecho del árbitro a equivocarse, y del obedecer y callar de víctimas y beneficiarios como ejemplo de deportivismo, más allá de la pasajera eventualidad de un resultado. Suena conmovedor, un argumento atendible si las cosas fueran así de simples. No lo son, o lo son cada vez menos. Esta misma semana vio destaparse la caja de Pandora de nuevos casos de corrupción en el futbol europeo. Partidos arreglados, desde divisiones inferiores hasta la Champions, por mafias organizadas que han hecho de las apuestas trucadas su modus vivendi. Imagine el buen imaginador la de arreglos que no podrán surgir del eficaz matrimonio de ambas circunstancias: la fatal falibilidad de los árbitros y el activismo de los mafiosos, hablándoles discretamente al oído. O, si nos ubicamos fuera de toda sospecha de complicidad –algo verdaderamente difícil–, la de intereses que daña y al mismo tiempo favorece una mala resolución arbitral. Eso que ahora mismo pueda estar representando para Francia y Eire –como ganador espurio y perdedor atracado– la decisión del sueco Hansson, dando por bueno el gol de Gallas que Henry preparó con la mano. Y no en términos de honor nacional o dignidad deportiva, sino en el terreno bastante más tangible de los millones de euros en juego que implica una calificación a Sudáfrica 2010.

OTRO ARGUMENTO FALSO. Además de reverenciar la tradición, los defensores de que todo siga como está invocan con vehemencia el valor de la polémica como un ingrediente típicamente futbolero. Y aunque no lo confiesen, no hay duda que están pensando también en lo mucho que el polemizar vende y produce (véase si no el tiempo y espacio que ocupa en diarios, revistas y noticiarios, por no hablar del que invierten en bizantinas discusiones los propios aficionados). Pero tampoco por ese lado hay nada que temer. El futbol, por la fuerza de su simbología, interés y universal difusión, es en tal sentido autosuficiente. Y apasionante con sus avatares depende menos de los errores arbitrales que de los aciertos y desaciertos de sus verdaderos protagonistas. El futbol y sus innumerables creyentes merecen mayores seguridades jurídicas y temas más relacionados con el juego mismo, por encima de inútiles guerras verbales –que a veces se han tornado reales–– en torno a partidos y torneos falseados por yerros de los jueces.

CUESTIÓN DE IDEOLOGÍA. Optar, a estas alturas, por la ceguera tecnológica mediante un discurso aparentemente romántico, equivale a continuar favoreciendo al fuerte en detrimento de la justicia. En el ancho mundo del futbol, ¿no son acaso las pifias arbitrales mayoritariamente favorables al equipo política y económicamente mejor situado? Continuar por ese camino sólo puede asegurar la continuidad de la manipulación por parte de los poderosos. Con algunas excepciones menores para taparle el ojo al macho (evidentemente, en el crucial partido del miércoles en París, ningún árbitro se habría equivocado en favor de la República de Irlanda… ni en contra del Cruz Azul en Puebla).

LUEGO ENTONCES. Por eso, “Semanálisis” mantiene intacta su idea de hace años, sobre la conveniencia de introducir tecnología de punta en el terreno de juego, como ya hace, por ejemplo, el tenis profesional. El árbitro seguiría siendo la máxima autoridad, pero en caso de duda razonable, la responsabilidad última se transferiría a una mesa de expertos, con capacidad para resolver de inmediato, previo análisis con instrumental electrónico de vanguardia. Sus decisiones serían, por supuesto, inapelables, y los temores expresados por algunos en relación con interrupciones frecuentes y pérdida de tiempo se demostrarían infundados, toda vez que tales intervenciones serían mínimas y muy breves –habría muchos encuentros sin una sola de ellas––, en aplicación de una reglamentación inteligente, basada en criterios claros y expeditos. Para que el árbitro pudiera concentrarse en lo suyo, dicha mesa tendría además a su cargo el control de tiempo, cambios, amonestaciones y demás minucias que complican el trabajo, arduo de por sí, del hombre del silbato.

DE NIGRIS Y ENKE. Más trascendente que cualquier discusión técnica, la muerte –que no descansa– se ha llevado a dos jugadores de carácter e historial muy diverso. Al internacional alemán Robert Enke lo envolvió primero en una profunda depresión, originada en el miedo a fallar –según declaró su padre, psicoterapeuta de profesión para mayor ironía–y finalmente lo entregó al paso de un convoy ferroviario en un acto suicida, que su colega de profesión Félix Fernández ha visto como desquite de quien, como todo portero, está sujeto a que sus mínimos errores se magnifiquen bajo la permanente amenaza de convertirlo en reo. “Tal vez quiso que su último fallo no tuviera la consecuencia ulterior de la culpa”, comentó el exatlantista. Toño de Nigris fue un trotamundos compulsivo –algo excepcional en el endogámico futbol mexicano––, que recorrió a toda prisa medio mundo (España, Colombia, Brasil, Arabia, Turquía, Grecia), encandilando con goles cazados al vuelo –frentazos, voleas, contrarremates… que luego dejaba sin confirmación, pues en casi todos sus equipos tuvo explosivos arranques, seguidos de misteriosos desinfles y el subsecuente cambio de camiseta. En México defendió las de Monterrey –debutó aporreando al Puebla en el Tecnológico con dos rotundas arremetidas aéreas––, Pumas y Puebla, donde no dejó huella. Parece hasta lógico que, para tenerlo a tiro, la muerte esperara a sorprenderlo mientras dormía. Ya descansan, Enke de su atroz monomanía, y el Tano de su tráfago incesante. Pero dejan sobrevolando muchas dudas sobre un deporte que paga tan bien a un costo tan alto.

 
 
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