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Jueves, 19 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 ESTÉTICA Y SALUD  

La meditación y las enfermedades del corazón

 
RAFAEL H. PAGÁN SANTINI

La meditación al reducir la actividad eléctrica de la corteza cerebral frontal permite eliminar el estado de conciencia en primera persona. Los que practican este tipo de ejercicio reportan estados mentales que son acordes con la reducción de las funciones frontales del cerebro tales como: sensación de atemporalidad, negación del ser, poco contenido emocional, reducción del pensamiento abstracto, sobre todo produce una sensación de unidad.

De acuerdo con la BBC Mundo, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos presentado durante la conferencia anual de la asociación estadounidense del corazón que se realiza en Orlando, Florida, resultados interesantes sobre los benéficos que trae la meditación en personas con problemas cardiacos.

Las personas enfermas del corazón que practican meditación trascendental pueden reducir hasta en casi 50 por ciento su riesgo de infartos, derrames cerebrales y muerte. Para esto deben meditar 20 minutos dos veces cada día.

Después de nueve años de estudio, los investigadores del Colegio Médico de Wisconsin y la Universidad Maharishi en Iowa descubrieron que el grupo de meditación había logrado una reducción de 47 por ciento en el riesgo de infartos, derrames cerebrales y muerte, comparado con el resto de los participantes. Además de esa reducción, los científicos también encontraron en el grupo de meditación una disminución importante (5 mmHG) en la presión arterial y una reducción del estrés psicológico de algunos participantes.

Estamos viviendo en una sociedad donde los factores estresantes son amplificados.

 El desarrollo económico ha orillado al individuo a buscar salidas individuales sobre problemas sociales que afectan directamente a la salud. La reflexividad del cuerpo es fundamental en la prevención, no tan solo los problemas del corazón, sino de cualquier proceso psíquico o físico que atente contra la vida.

La destrucción del medio ambiente con sus variantes contaminantes y calentamiento global, la comida chatarra de la industria de la alimentación, los alimentos modificados genéticamente, la ausencia de espacio socio/laboral para la recreación y el ejercicio físico, son algunas de las reflexiones sociales que afectan directamente al cuerpo.

Cada día hay más evidencia sobre el efecto dañino que el estrés ejerce sobre el funcionamiento del corazón. Está documentado que el estrés emocional agudo puede producir disfunción en la contractibilidad del ventrículo izquierdo, isquemia en el miocardio o variaciones en el ritmo cardiaco. Además, existe evidencia de que el trabajo crónicamente tenso aumenta el riesgo de eventos cardiovasculares.

La doctora Corine Aboa–Éboulé y colaboradores, al estudiar 972 personas que regresaron a su trabajo después de haber padecido un infarto del miocardio, concluyeron que, el trabajo crónicamente tenso posterior a un infarto del miocardio estaba asociado con el aumento en riesgo de padecer otros infartos.

 La hipótesis que mejor explica la causa de estos acontecimientos señala al aumento en la actividad, tanto del sistema nervioso simpático como del sistema agiotensina–aldosterona, como los precursores directos de la acentuación de la inflamación en la pared arterial y subsecuentemente en la formación de trombos.

El trabajo crónicamente tenso combina una demanda psicológicamente alta con un rango, también alto, en la toma de decisiones. La demanda psicológica nos dice la cantidad de trabajo que se realiza, el requerimiento intelectual que se está llevando a cabo en un periodo de tiempo limitado. El rango de decisión se refiere a la posibilidad que la persona tiene de tomar decisiones, de ser creativa, y sobre todo, a la exigencia de utilizar y desarrollar sus propias habilidades.

No se conoce cuánto tiempo tarda el corazón en presentar alteraciones funcionales bajo este tipo de tensión, pero, si se sabe que aquellas personas que ya han tenido algún evento cardiovascular están en mayor riesgo de padecer otro accidente cardiovascular.

La prevención se mantiene como la medida inicial en el manejo de la enfermedad del corazón. La severidad del accidente cardiovascular o la pérdida de autonomía y la confianza en sí mismo, o ambas cosas, pueden producir estados depresivos que se convertirá en otro factor de riesgo para un nuevo evento isquémico coronario.

El tratamiento con medicamentos, la rehabilitación física, los cambios en hábitos y costumbres y la terapia antidepresiva y la meditación, deben ser vistos como un tratamiento integral a largo plazo.

En esta atención deberán participar un grupo diverso de profesionales de la salud.

 

 

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