El martes por la noche el gobernador de Puebla, Mario Marín Torres, tuvo la oportunidad de estar frente a frente con el constructor Alberto Pereyra, dueño de la empresa Perencar, a quien le reclamó los atrasos y la falta de cumplimiento de las especificaciones de las obras de remodelación de la Vía Atlixcáyotl, a lo que el constructor sólo respondió con evasivas y no pudo justificar sus omisiones.
Ese hecho ha sido una especie de acto de descargo en contra de Javier García Ramírez, el secretario de Obras Públicas, a quien se le había responsabilizado de todos los defectos que ha tenido dicho proyecto, desde el excesivo costo –se dice que se invirtió en la obra más de 700 millones de pesos–, el atraso de los trabajos y que no se alcanza a justificar que se haya vuelto a remodelar una vía de comunicación que apenas se había arreglado durante el sexenio pasado.
Y es que ha trascendido que Alberto Pereyra obtuvo la obra de reconstrucción de la Atlixcáyotl por ser un empresario cercano al secretario de Gobernación.
Que Pereyra es uno de los empresarios más cercanos a Montero y de los que están impulsando al secretario de Gobernación para que sea candidato del PRI a presidente municipal; además, ha trascendido que García Ramírez se tuvo que disciplinar cuando le impusieron a la empresa Perencar, misma que fijó todas las características del proyecto, incluidos los elevados costos, así como aguantar que a los largo de varios meses se ha usado el tema de esa carretera, que ahora una parte ya es bulevar, para acusarlo de ineficiente y corrupto.
Al final, el tema de esta obra en lugar de volverse un punto vulnerable de García Ramírez se ha convertido en un punto débil de la campaña de Montero para convertirse en el candidato priista de la capital.
Porque además habrá que preguntarse: ¿cuál era el interés de Montero en esta obra?, ¿solamente lo movía que saliera beneficiado con el contrato un empresario cercano a él o atrás hay otros intereses económicos?
Se dice que la remodelación de la Vía Atlixcáyotl tiene como propósito ampliar la construcción de fraccionamientos de lujo en la zona de Angelópolis y ahí, se especula, estarían presentes los intereses de Mario Montero, quien es calificado como el notario público más rico y poderoso de Puebla.
Por cierto, el enojo de Marín contra Alberto Pereyra no fue algo menor: se dio en el marco de un recorrido de la obra en cuestión, el martes en la noche, ante la presencia de representantes de la Cámara de la Industria de la Construcción de Puebla y a nivel nacional.
Congreso local atenta
contra el Estado laico
La actual Legislatura local, dominada por priistas y panistas, pasará a la historia por ser en la época contemporánea la más mojigata, obscura, derechista y enemiga del Estado laico. En unos diputados esas características es resultado de su ideología conservadora, y en otros es producto de su ignorancia.
Lo anterior no solamente lo digo por la reforma anti–aborto que se promulgó hace unos meses, sino por la fotografía que muestra el descaro de un grupo de diputados –que se supone juraron respetar la Constitución que establece el Estado laico– que se pone a dictaminar cuentas públicas bajo un par de imágenes religiosas.
Alguien podría argumentar que esas imágenes son resultado de que la actual sede del OFS antes era un recinto religioso y como parte de la conservación del inmueble no se han movido dichas figuras. Ese argumento se puede entender. Lo que no se justifica es que los legisladores no cuiden las formas y decidan hacer su trabajo frente a iconos de la iglesia católica.
La forma es fondo, y el fondo de este comportamiento, es que el Partido Revolucionario Institucional se está derechizando. A ese ritmo a nadie debe extrañar que en breve los legisladores quieran iniciar las sesiones del Congreso rezando al estilo de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.