Un nuevo capítulo parece abrirse en las relaciones internacionales. En Latinoamérica se respira un poco mejor. A Hugo Chávez no le espera el destino de Salvador Allende y a Fidel Castro el de Sandino. Pero no es en nuestras tierras donde se juega el destino de la humanidad, sino tras las trincheras de los países industrializados.
Caída la URSS (1991) el peligro de enfrentamiento militar atómico pareció disiparse. Uno de los dos grandes contendientes tiraba la toalla. No fue así y este superpeligro agudo propio de la guerra fría pasó de agudo a crónico. Mientras dos estados o más, sean capitalistas, comunistas o teocráticos, puedan causar heridas mortales, el peligro se mantiene. Así, descontento con declaraciones de Bill Clinton, el entonces premier de Rusia, Boris Yeltsin, afirmó que su país “posee un arsenal completo de armas nucleares [y] no es conveniente que [Clinton] lo olvide ni por un minuto, ni por medio segundo” (09.12.99). Fue dicho durante una visita de Yeltsin a China, lo cual le prestó especial relevancia. “Vientos de guerra fría soplaron ayer por Pekín”, comentó el periódico español El País (10.12.99).
La idea es que los cambios políticos, por favorables que se muestren, no cancelan una situación de hecho. Así, Margaret Thatcher se refirió al proyecto de “librar por completo de armas nucleares al mundo. Eso me parecía [recordó que había dicho en 1984] un sueño inalcanzable; no se puede ‘desinventar’ el conocimiento que se requiere para la fabricación de tales armas” (Selecciones, 11.94). Margaret Thatcher, premier inglés, dando muestra de un pensamiento realpolitik que le valió el apodo de “dama de hierro” y tres periodos seguidos como huésped de Downing Street.
¿A eso nos lleva el nuevo capítulo en las relaciones internacionales a partir de la caída de la URSS, a saber: un mundo multipolar donde la hegemonía de EU permanece condicionada de distinta manera: mientras alguna o algunas naciones conserven la capacidad de respuesta nuclear. La llegada de un presidente negro, demócrata con tintes liberales, a la Casa Blanca, ha hecho renacer con fuerza los anhelos de una paz duradera exigiendo la destrucción de las armas nucleares. Junto a sus causas revolucionarias o reivindicativas, lo reclaman las multitudes en las calles y desde mil pronunciamientos. No puede ser de otra manera, es la supervivencia de la humanidad lo que está en juego. Por su parte, algo en EU se ha logrado: por disposición presidencial, ha quedado suspendido el proyecto bautizado como “Guerra de las galaxias”, basándose la trama tanto en el libro del escritor inglés H. G. Wells como en la película y la serie televisiva del mismo nombre. Se trata de blindar el espacio aéreo de Estados Unidos de modo que cualquier misil lanzado en su contra, rebote y pierda toda eficacia. ¿Cuál es el problema? El elevado costo y las dudas sobre sus resultados. Finalmente, Bush lo autorizó... y Obama acaba de congelarlo.
Y bien, todo esto tiene lugar con el telón de fondo del traspaso presidencial en EU, cuando la política internacional, decíamos, sufre una revisión al más alto nivel, y ni qué hablar, el capítulo dedicado a los aspectos militares. No sólo queda suspendido el costoso proyecto “Guerra de las galaxias” sino también las bases de cohetes dispuestas a pedido de EU en Polonia y la República checa. Es el paso de una política internacional de Bush a la de Obama, de una republicana a otra demócrata. Este impasse no durará mucho tiempo y acabará por definirse en uno u otro sentido, los caminos para la paz son múltiples pero no menos lo son los caminos para la guerra. Cuando el largo y sangriento conflicto armado de Vietnam de los años 60 y 70, se dio la misma confrontación entre quienes querían la guerra y quienes estaban por la paz. Acabaron imponiéndose éstos y un presidente de derecha como Richard Nixon, republicano, se vio obligado a dar luz verde a las iniciativas de paz. La esperanza es que un gobernante como Obama no lo sea menos, tanto en poner fin al conflicto de Irak como en crear los mecanismos necesarios para acabar con el peligro nuclear crónico. No se puede ‘desinventar’ el conocimiento de esa tremenda fuente de energía, como enfatizaba la “dama de hierro”, pero se pueden ‘inventar’ las maneras de utilizarlo para una nueva y más justa sociedad.