Integrantes de la Compañía de teatro para niños Luciérnaga señalaron a los organizadores del Festival de Títeres, dentro de la onceava edición del Festival Internacional de Puebla, de “racistas y xenofóbicos”, pues el nombre del espectáculo que presentaron el pasado 14 de noviembre, fue cambiado por considerarlo “indígena” y “no apto para el público poblano”.
Armando Ramírez y Wendy Barberi informaron que inicialmente la propuesta de la compañía, procedente de Cuernavaca, Morelos, fue Juancito y María, versión libre del maestro Javier Villafañe, a escaso un día de presentarse y cotejar que fueran incluidos en la programación de mano que distribuyó la Secretaría de Cultura, se dieron cuenta que el título del espectáculo había cambiado.
Debido a ello, hicieron circular un documento dirigido a la Comunidad Titiritera y Teatral de México, a la Unión Internacional de la Marioneta (Unima), y al público en general, en el que detallaron todos los incidentes.
“El contacto para los trámites de contratación y envío de información del espectáculo a presentar fueron arduos por un par de semanas; y después se definió participar con la obra Juancito y María, pero al revisar la programación del festival de títeres me entero que el nombre no es el que tenemos en repertorio ni el que habíamos acordado. Ahora se llamaba Una Historia de Amor y Narigón Gargarita, por lo que me comuniqué con Susana López, quien nos invitó”.
“Lo que a continuación expongo fue derivado de la conversación telefónica que mantuve con la compañera Susana López, en la cual me expuso los argumentos del cambio de nombre de manera unilateral al espectáculo: ‘los poblanos somos medio mochos y creo que el título no es apto para nuestro público’, y ‘la gente va a relacionar este la obra con asuntos indígenas y no van a asistir al espectáculo’”.
“Ante este panorama, preguntamos: ¿Qué pensaría el galardonado Maestro argentino Javier Villafañe si le expusieran estos argumentos?, ¿Cuáles son los criterios de inclusión para participar en este festival? ¿Quién los avala?”
Me indigna, entristece y ofende no sólo a la agrupación que represento, sino también a los trabajadores titiriteros, y considero este asunto como un acto racista, retrógrado, de mal gusto, que atenta contra la libre expresión de cualquier grupo humano”.
Finalmente, los fundadores de la Luciérnaga, Armando Ramírez y Wendy Barberi, solicitaron al Consejo Directivo, así como a la Comisión de Honor y Justicia de Unima México, que tome cartas en el asunto por considerarlo un acto que ofende y violenta las relaciones entre agremiados y estatutos de la organización.