Su larga y desgarbada figura no podía ser contenida por silla o podio algunos. Más que escritor, Xavier Velazco se paseaba por el escenario del Teatro de la Ciudad como un rock star o un anfitrión de talk show contando al público sus andanzas por el mundo de la publicidad, parada intermedia y agobiante que tocó antes de convertirse en ciudadano permanente de la esquizofrénica tierra de la literatura.
Ante un público que no dejó de reír y reaccionar ante el calculado nerviosismo del autor de Diablo Guardián (Premio Alfaguara 2003), los seis demonios que lo acompañan en todo proceso creativo fueron tomando forma sobre el escenario en lo que parecía un monólogo cómico, el cual, a petición de la eufórica audiencia, incluyó la interpretación del Rap de Diablo Guardián, gorra al revés y pantalones holgados not included.
Con un micrófono de diadema para proyectar su voz hasta el fondo del teatro repleto, el escritor de Luna llena en las rocas y El materialismo histérico se confesó ególatra, exhibicionista, extra en la película de Luis Miguel Ya nunca más, y por periodos misántropo. “Llevaba varios meses encerrado, terminando mi nueva novela”, comenzó diciendo. “Y bueno, uno puede estar terminando una novela por años y nunca terminarla…”
El motivo de este último periodo de enfermedad de escribano, de este nuevo proceso de masoquismo donde disfruta del horror causado por narrar, lleva por título Puedo explicarlo todo, el cual, explicaba –valga la rebuznancia– no se trata de una muestra más de egolatría sino de la frase que usa toda persona atrapada infraganti cometiendo un crimen o asaltada por un lapsus de completa ignorancia o torpeza.
En esta nueva aventura, en la que lleva embarcado tres años –y la cual fue interrumpida por su novela autobiográfica Éste que ves–, el protagonista es Joaquín, un autor de libros de autoayuda que, como la mayoría de los miembros de este gremio, da consejos a otros sobre la manera de conducirse en la vida, aunque la suya es un caos, dijo.
Sobre la posibilidad de llevar al cine la historia de Diablo Guardián, su creador dijo que no habría nada más molesto que eso, aunque tampoco pudo negar que una jugosa suma de dinero pudiera materializar la historia de Violeta y Pig en celuloide.