Algo ha quedado claro en los últimos días: no serán las encuestas, sino la negociación política u otros factores los que decidirán quién será el candidato del PRI a edil de la ciudad de Puebla, lo que anticipa que Mario Montero Serrano, el secretario de Gobernación, no tiene nada asegurado, pese a que se encuentra en el primer lugar de todos los sondeos.
En ese escenario tres nombres parecen repuntar en la posibilidad de obtener la postulación priista, ellos son: los legisladores locales Luis Alberto Arriaga y Pablo Fernández del Campo, junto con el secretario de Obras Públicas del gobierno del estado, Javier García Ramírez.
Mientras quien parece alejarse de la posibilidad de negociar la candidatura del PRI a la alcaldía es la actual edil Blanca Alcalá Ruiz, quien no tiene una figura que pueda colocar en ese especio. Sus dos posibles cartas, el ex legislador Jorge Estefan Chidiac y el secretario de Desarrollo Social del ayuntamiento, Víctor Manuel Giorgana Jiménez, son dos propuestas que irían al fracaso.
Mucho se ha dicho que Alcalá estaría en vías de negociar para ayudar a que Javier López Zavala sea el candidato a gobernador del PRI a cambio, entre otras cosas, de que Estefan Chidiac pueda ser el aspirante priista a alcalde de la capital. El problema de ese esquema es que el ex legislador tiene una nula presencia en la ciudad de Puebla y en las mediciones que se han hecho obtiene un marginal apoyo del electorado. Con él se estaría entregando la plaza al Partido Acción Nacional.
El caso de Víctor Manuel Giorgana es similar. Blanca Alcalá es la figura política en la capital y el estado que tiene la mejor imagen. Sus números son inigualables. Eso es resultado, en mucho, de su personalidad, inteligencia y la cautela con que se maneja. Sin embargo, si se le valorara por los resultados que ofrecen los integrantes de su gobierno, seguramente sería el edil con el peor posicionamiento de los últimos años.
Muchas personas –entre las que se incluye este columnista– no perciben resultados positivos en el actual ayuntamiento. Un área que falla es Desarrollo Social. Si esa secretaría, que es uno de los pilares de la administración municipal, tuviera resultados positivos, su titular, Víctor Manuel Giorgana, debería tener otras calificaciones. Su índice de popularidad es apenas del 2 por ciento, y eso lo elimina de entrada no solamente para ser candidato a edil, sino incluso para aspirar a una regiduría en el siguiente trienio. De sobra es conocido que este personaje construye poco e intriga mucho.
Regresando a los nombres de quienes están de nuevo en la puja por la candidatura, es necesario tener las siguientes consideraciones:
Las amplias posibilidades que tienen los legisladores Fernández y Arriaga es que no están ligados a un determinado grupo político y tienen una fuerte presencia en el electorado de la capital. Su imagen es fresca, de hombres jóvenes y no ligados al estereotipo del burócrata priista, mientras que Javier García Ramírez cuenta con el apoyo de muchos grupos de colonos con quienes convivió cuando, hace tres periodos de gobiernos municipales, se hizo cargo de más de mil obras públicas que se realizaron en el ayuntamiento presidido por Mario Marín Torres.
Es decir, tiene la base política que en su momento apoyó a Mario Marín en la capital.
Frente al muy probable escenario de que el secretario de Desarrollo Social, Javier López Zavala, sea el candidato del PRI a gobernador, las posibilidades de Mario Montero de ser el abanderado de la capital se esfumarían. Pero no solamente se debe a la mala relación que ambos han mantenido a lo largo del actual sexenio, sino a que el titular de la cartera de Gobernación tiene fama de ser un político que no interactúa con otras expresiones que sean ajenas a sus intereses.
Cuando fue presidente del PRI el actual secretario de Gobernación se caracterizó por cerrarle las puertas del partido a quienes no eran afines a sus proyectos políticos personales.
Con ese antecedente, mucho se ha dicho que si Montero, en la próxima campaña electoral, resultara ser el candidato a edil seguramente trabajaría únicamente para él y no para contribuir a un resultado que sea favorable de manera global para el PRI. Dicho de otra manera, no buscaría acrecentar los votos a favor de López Zavala y solamente se dedicaría a promover a su persona.
Eso es una grave dificultad, pues en el tricolor se ha planteado el esquema de que el candidato a gobernador necesariamente tiene que ir acompañado de un aspirante a presidente municipal de Puebla que goce de una imagen que le permita entrar en aquellos sectores de la población urbana cuyas simpatías son más cercanas al PAN o son del voto verde, es decir que no guardan lealtad a un partido y eligen al candidato que tenga un perfil más ciudadano.
En ese esquema se ha dicho mucho que Mario Montero podría “anclar” al PRI, ya que su fuerza radica en que es aceptado y querido entre la gente que se identifica con el tricolor, pero no necesariamente en el resto del electorado.
A eso se debe que embonen los nombres de Luis Alberto Arriaga y Pablo Fernández del Campo. El primero tiene una fuerte presencia en el electorado, no por su trabajo político que es mediocre, sino porque salía en un noticiero de la televisión local. Mientras que del segundo siempre se ha dicho que es el priista que parece más panista por el tipo de simpatías que genera en el electorado.
Sin embargo, desde el punto de vista de la crudeza de los números, Arriaga supera en mucho a Fernández del Campo.
Pero entonces surge la pregunta: ¿Solamente se debe medir el índice de popularidad o también la capacidad de gobernar?
Esta cuestión es fundamental y debería prender los “focos rojos” para descartar una posible nominación de Luis Alberto Arriaga, quien no tiene experiencia en la administración pública y en el Congreso local es una especie de “bufón” que cambia de parecer como cambia de calcetines y nunca mide los efectos de sus ocurrencias. Con el ex conductor de televisión tendríamos un gobierno similar o peor al del panista Luis Paredes Moctezuma.
Eso no pasa con Fernández del Campo, quien ha sido mesurado, calculador y ha mostrado aseo político en los cargos que ha ostentado, desde haber sido secretario particular del extinto alcalde de Puebla, Rafael Cañedo, hasta su paso por el cabildo de la capital y en la actual Legislatura local.